El complejo sojero, columna vertebral del ingreso de divisas del país, atraviesa una década de estancamiento que empieza a mostrar consecuencias concretas en el tablero global. Mientras la producción local se mantiene sin crecimiento significativo, Brasil acelera su expansión agrícola e industrial y amenaza con desplazar a la Argentina como principal exportador mundial de harina de soja.
El ex subsecretario de Mercados Agropecuarios, Javier Preciado Patiño, volvió a poner el foco sobre una advertencia que ya no suena lejana sino inminente: la pérdida del liderazgo argentino en el segmento más estratégico del complejo, la harina de soja.
Una década perdida en producción
El punto de inflexión fue la campaña 2015-2016, cuando la Argentina alcanzó una cosecha de 61 millones de toneladas. Desde entonces, lejos de consolidar ese volumen, el país transita una meseta productiva con tendencia descendente. Diez años después, el saldo es claro: no hubo expansión estructural.
El contraste con Brasil es contundente. El vecino país no sólo sostuvo el crecimiento, sino que lo profundizó hasta alcanzar los 182 millones de toneladas, triplicando prácticamente la producción argentina. Con China absorbiendo alrededor de 112 millones de toneladas anuales, el mercado asiático se convirtió en el gran motor de esa expansión.
Pero el desafío no se limita al poroto. La clave está en la industrialización. El agronegocio brasileño comenzó a replantear su dependencia del mercado chino como comprador casi exclusivo de grano sin procesar. La estrategia es clara: agregar valor y exportar más subproductos. Los últimos datos del Departamento de Agricultura de Estados Unidos muestran que Brasil ya exporta 25,5 millones de toneladas de harina de soja, frente a 29 millones de toneladas de la Argentina. La brecha es de apenas 3,5 millones de toneladas. La proyección es inquietante: si el ritmo de expansión productiva e industrial brasileña se mantiene, en dos o tres campañas el liderazgo argentino podría quedar definitivamente relegado.
Un liderazgo en discusión
La Argentina construyó su posición dominante sobre la base de un poderoso entramado industrial aceitero, con alta capacidad de molienda y eficiencia logística. Sin embargo, sin crecimiento en materia prima, la ventaja comparativa comienza a erosionarse. El debate excede la coyuntura climática. Se trata de una cuestión estructural: competitividad, reglas de juego, inversión y estrategia de largo plazo. El complejo sojero no sólo explica exportaciones. Explica reservas, estabilidad cambiaria y financiamiento fiscal.
El riesgo ya no es hipotético. El liderazgo histórico está en disputa y Brasil avanza con planificación y escala. La pregunta es si la Argentina reaccionará a tiempo o asistirá, por inercia, al desplazamiento de su principal activo exportador.







