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domingo, 28 noviembre, 2021

Mujer rural, los sueños en virtud de un futuro ligado al campo

(Por Mónica Gómez)

Alguna vez escuché  “Solo hay que tener un sueño, aferrarse a él y dar cada paso camino a  concretarlo”. No es muy difícil el comienzo, ¿quién no anhela algo? Por pequeño o grande, materializarlo es lo interesante en la búsqueda de esta realización. El estandarte no es modificable, depende de  la solidez del deseo, lo que puede ser un tanto oscilante es el medio por el cual nuestro sueño sea  una meta a lograr.  Y cuanto más difícil se hace, es allí donde se juzga el andar. Pero realmente esa trunca finalidad está  determinada por la fuerza de nuestra perseverancia, o es el resultado de las ilusiones provenientes de un sector invisibilizado. Todos tenemos sueños, todos tenemos derecho a perseguirlos, lo que no todos tenemos es igualdad en la capacidad de trabajo para lograrlo. Será entonces ese el desafío a afrontar como sociedad,  el de la paridad en el viaje, permitiéndonos  concretar los deseos sin precisar la naturaleza de cada  individuo.

Las mujeres tienen en su esencia esa virtud de perseverancia y la historia así lo demuestra. De todos modos la lucha es siempre un poco desigual, lo único que nos beneficia es que en esta movida, nosotras estamos cada vez más juntas y más visibles. Así que en resumen la historia lo sigue aseverando. Las mujeres que viven la ruralidad no escapan a esta evidencia y su accionar en esta nueva lucha está fundamentado por la unión colectiva de sus pares. Con el mismo entusiasmo con el que la escucho  me lo cuenta Luciana Martínez, una mujer rural que trabaja arduamente para el fortalecimiento de otras como ella.  Creció en el seno de una familia de trabajadores de campo y  junto a su esposo se esfuerzan por cumplir el sueño del campo propio. Anhelo de  muchos, que trabajan la tierra de forma remunerada y  llevan en las venas  el amor de su ardua labor. Luciana asevera ser una mujer afortunada, pero no atenúa su dedicación a esta vida que sin duda no es la más fácil de sobrellevar,  acompañó y trabajó a la par de su esposo Gustavo en cada uno de los establecimientos donde se desempeñó como encargado rural, y gracias a los tantos años juntos y el amor que se tienen es que el mismo Gustavo  fomentó el trabajos, estudio y aprendizaje de Luciana, como una prioridad entre ellos. Así aprendió a ser autosuficiente y a buscar las herramientas para cambiar las realidades de muchas mujeres que no logran encontrar ese camino de igualdad.

Luciana no es solo la  compañera de un encargado, es una mujer que vive la ruralidad con sus labores y demandas,  muchas veces se percibe en soledad,  trabaja en el campo a la par de muchos hombres,  da batallas, se instruye y  acompaña  con acciones a otras que como ellas requieren de un aparato establecido para construirse una meta y caminar hacia ese deseo.

Desde el 2008 viven en Altamirano, localidad de Brandsen en la provincia de Buenos Aires. La casa está ubicada en  un establecimiento donde se practica la ganadería, pasión que comparten con su esposo. La localidad más próxima está a 20km y aunque la soledad invade por las tardes cuando el día se esconde, comenta que al ser tan inquieta su trabajo no para. Tener el apoyo de los que amamos y  plantarnos en un proyecto, fortalecerse  con raíces sólidas es una aptitud de muchas mujeres. La adaptación a los cambios  es una motivadora del trabajo, de estudiar, capacitarse y valorar la labor  donde la pasión se comparte.  Esta pareja recrea en el futuro un jubileo pasible y en la calidez del campo, aunque creo que reconociendo en ella una mujer activa, la veo más acompañando a muchas otras, incentivando a los cambios  en virtud de la  acción por la mujer rural.

La mayoría de las mujeres que son esposas o compañeras de  empleados rurales tienden a formar parte de las labores y no son remuneradas tampoco inscriptas o registradas como empleadas, este es un trabajo silenciado e invisibilizado de una gran fracción de la población rural que por fortuna, está sufriendo una transformación desde la unión de muchas que intentan el cambio de un paradigma arraigado y silenciado por  generaciones. Ellas son el motor para un cambio colectivo.

La receta de hoy es una que Luciana añora y realiza desde pequeña.

 

PASTELES FRITOS DE MEMBRILLOS

Necesitas:

  • 500 gr. harina común,
  • 1 taza harina Leudante
  • 2 cda grasa de vaca
  • Leche con sal cantidad necesaria
  • de Fécula de maíz
  • 300 gr. de manteca para el hojaldre

 

Procedimiento:

Unir los ingredientes hasta formar un bollo y dejar descansar.

Para el hojaldre: Estirar la masa y untarla con manteca o derretida. Espolvorear con Maicena, doblarla, dejar reposar en heladera por 20 minutos. Volver a plegar y llevar a frío una vez más. Estirar la masa y cortarla en cuadrados.  Rellenarla con dulce de membrillo, freírlas en abundante aceite o grasa y bañarlos en almíbar.

Mónica Gómez

 

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