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domingo, 23 enero, 2022

La hidroponía es el método que se va posicionando en la producción de las familias misioneras, Raquel, Rodolfo y sus hijas son la prueba de esto

(Por Mónica Gómez)

Mucho se habla de la reinvención o de las estrategias que surgieron a partir de la pandemia. Creo que estas formas de resurgimiento, no son más que, acciones que son causales de las circunstancias que nos rodean. No resurgimos, no nos reinventamos, lo que hacemos es, tomar el control y darle para adelante, como siempre, como es la vida. Quien  no se ha encontrado en situaciones donde tuvo que buscar una alternativa, pegar el volantazo o dar vuelta el timón. Es nuestra apelación a la supervivencia, a un criterio de resistencia, a que todo es cambiable en la medida que estamos dispuestos a hacerlo. Somos acción movimiento y todo aquel que trabaja la tierra es conocedor de los ciclos de la vida. Por ese motivo la Pandemia no llegó para enseñarnos nada, solo dio a relucir nuestra disciplina del ser y hacer, por la naturaleza misma de lo que somos capaces.

“Nosotros no nos  reinventamos en pandemia, buscamos una alternativa para seguir adelante” esas fueron las palabras más significativas en mi charla con Raquel Rodríguez. Su vida no dio un giro a partir de la pandemia, ella transitaba un camino, que de seguro era por la senda donde hoy está. Raquel junto a su esposo Rodolfo Vega y sus hijas son una familia de productores de verduras en hidroponia, tienen un invernadero en su chacra en una localidad Leandro N Alem de la provincia de Misiones.  La producción es bajo ese proceso convirtiéndose en un reto aún más significativo debido al manejo de insumos, herramientas y maquinarias que no son de la agricultura convencional. Producen distintas variedades de lechugas como la criolla tradicional, morada, mantecosa y criolla roble. También rúcula y otras hojas verdes que llegan a la mesa de sus vecinos con gran aceptación. Su  trabajo es a pulmón y este equipo desde el inicio  afronta distintas situaciones de prueba y error hasta entender el proceso de este tipo de cultivo y la dedicación que se le da, ya que la asistencia y cuidado deben ser permanentes.  Al principio  hacían unas 300 plantas pero no lograban una continuidad en la productividad y tampoco en la venta. El primer paso fue el invernadero y comenzar a plantar sistemáticamente logrando que en unas semanas también comenzarán  a cosechar sistemáticamente. Si bien, una de las ventajas de este tipo de producción es la durabilidad de la planta una vez cosechada, la venta y empaquetado no les fue nada fácil. La producción está destinada en la gran mayoría a la venta local y se distribuye entre ventas en bolsones, en verdulerías o a la venta al por menor.

Esta misionera ya pertenecía a una familia de campo, si bien se crió en el pueblo y  luego la vida la condujo a la ciudad, el amor por la naturaleza llega de la mano de sus abuelos materno. La casa de los mismos, en donde pasaba sus vacaciones y fines de semana, era el auspicio de una semilla latente que hoy está floreciendo.  Si bien hace referencia a que su relación con la tierra no era tan activa, contrario a lo de su esposo, un hombre con raíces de campo oriundo de Olavarría, este despertar de la vida de una productora era una faceta  dormida en su interior.

Su vida no fue en relación a la ruralidad hasta hace 5 años que decidieron por motivos familiares mudarse desde la ciudad de Posadas a una localidad a las afueras de Alem. Ella trabajó desde muy temprana edad en una productora donde creo a mi entender desarrolló una capacidad resolutiva y proactiva que refuerza constantemente. Es una mujer perseverante, inquieta y con una vocación de trabajo, que se ilustra con cada una de sus anécdotas y este nuevo proyecto compartido en familia es la consolidación de una búsqueda en equipo,  el conectar con la naturaleza y con sus seres amados.

Presiento que Raquel, su esposo Rodolfo y sus hijas son una familia realizada, son felices en torno a su emprendimiento, que lo hacen con la satisfacción de más allá de sus trabajos habituales, esta producción es una gran puesta en valor que los une. Raquel comenta con orgullo que sus pequeñas están conscientes de la producción, que conocen el funcionamiento de los regadores, conocen de plantines y que explican ese proceso a la perfección. Este es un trabajo en equipo y nada mejor para lograr un nuevo desafío que tener a tu lado a quienes son tu familia. Ellos son acción y juntos, es una  fuerza vital.

La receta de hoy es la de mermeladas de naranja, igual a la que elabora Rodolfo para la venta de los bolsones.

MERMELADA DE NARANJA

 Ingredientes:

  • 1 kg naranjas
  • 600 gr Azúcar
  • cáscara de 2 naranjas

Procedimiento:

Lavamos bajo el agua con una esponja nuestras naranjas. Utilizamos una esponja porque la piel de la naranja es muy porosa. Con un cuchillo cortamos solo la parte anaranjada de la cáscara de 2 naranjas sin la parte blanca porque es amarga. Cortamos las cáscaras en finas tiras, quitamos la cáscara a todas las naranjas y las pesamos. Cortamos la fruta en trozos pequeñitos y la ponemos en una olla a fuego medio. Cuando la fruta empieza a hervir bajamos el fuego y la dejamos cocinar durante 15 minutos. Añadimos 600 gr azúcar, las cáscaras cortadas finas y dejamos cocinar todo por 45 minutos. Durante este proceso vamos revolviendo de vez en cuando para estar seguros que no se queme. Después de 45 minutos tomamos  un poco de mermelada y la ponemos en un plato inclinado. Si se cae demasiado rápidamente significa que todavía tiene que cocinar un poco más. Sigue cocinándose hasta que se vuelva de la consistencia que te guste más. Una vez lista la ponemos en un frasco, cerramos bien y llevamos a esterilizar. Conservar en un lugar seco, una vez abierta directo a la heladera. 

Mónica Gómez

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