El pelotazo en contra de la UEFA a Infantino

         Aleksander Ceferin (Pte. UEFA) – Enrique Cerezo (Pte. Atlético de Madrid) – Gianni Infantino (Pte. FIFA)

Las UEFA (Unión Europea de Fútbol Asociado) anunció un boicot sin precedentes a todas las competiciones organizadas por la FIFA. La decisión responde a la propuesta impulsada por el presidente del organismo rector del fútbol global, Gianni Infantino, de vender participaciones de la Copa del Mundo y otros torneos clave a inversores de capital privado.
La semilla de la discordia, revelada inicialmente por medios internacionales como The Times y el Financial Times, se centra en la creación de una nueva entidad comercial denominada FIFA Forward Enterprise (FFE). Esta filial, según el proyecto de Infantino, concentraría y gestionaría las operaciones comerciales de los torneos más lucrativos del planeta, incluyendo la Copa del Mundo masculina, el Mundial de Clubes y el Mundial Femenino. La operación financiera cuenta con el respaldo y la asesoría de la entidad bancaria estadounidense JP Morgan y contempla la venta de entre un 20% y un 30% de participaciones minoritarias a inversores privados. Se estima que la valoración inicial de esta nueva estructura alcanzaría los 20.000 millones de dólares, con el objetivo de recaudar hasta 4.200 millones a finales de este mismo año. Entre los principales inversores señalados por la prensa destaca Thrive Eternal, una firma neoyorquina creada por Joshua Kushner, estrechamente vinculado al entorno del presidente estadounidense Donald Trump. Recordemos que durante la pasada Copa del Mundo ya había causado ruido, y el mismo Aleksander Ceferin, Presidente de la UEFA, había expresado su desacuerdo, el contacto entre el llamdo de Trump a Infantino que derivó en la anulación de la suspensión por una tarjeta roja al delantero de la selección dirigida por Mauricio Pochettino.

Para convencer a las 211 federaciones miembro de aprobar el plan de manera inminente, la FIFA ha puesto sobre la mesa un incentivo económico sin precedentes. Cada asociación nacional recibiría 20 millones de dólares de forma inmediata para proyectos especiales, además de incrementos sustanciales en los fondos de desarrollo para los próximos ciclos mundialistas que abarcan hasta 2038. Infantino ha defendido la medida argumentando que representa una verdadera «democratización del fútbol a nivel mundial», permitiendo que todas las asociaciones, independientemente de su tamaño, obtengan una parte justa de los inmensos recursos que genera el deporte.

La Postura innegociable de Europa

La respuesta desde la sede europea no dejó margen para la diplomacia ni la negociación. Tras una reunión de urgencia, la confederación presidida por Aleksander Ceferin ha sido categórica al declarar que ninguna selección nacional del continente participará en torneos de la FIFA mientras el plan de venta de acciones siga vigente. Esta amenaza pone en jaque inmediato a competiciones próximas en el calendario internacional. En un duro comunicado que refleja el nivel de tensión actual, la UEFA calificó el método de la administración de Infantino como «un gobierno basado en la intimidación» y un acto de coerción indigno de una institución global. La premisa de Europa es clara: el alma y la gobernanza del deporte no son activos con los que se pueda comerciar.



Ceferin y las federaciones del viejo continente sostienen que el Mundial pertenece a las generaciones pasadas y futuras, y que en el momento en que el capital privado adquiera participaciones, el fútbol cambiará para siempre.
Europa advierte que la rentabilidad comercial se convertirá en una obligación permanente, dictando cada decisión sobre calendarios y formatos por encima del beneficio deportivo, los jugadores y los aficionados.

El cisma ha generado un eco inmediato y profundo en las principales cabeceras del mundo deportivo y financiero. Mientras Infantino intenta aplacar las críticas asegurando que el fútbol es «más grande que el odio» propagado por sus detractores, los analistas internacionales advierten sobre una fractura inminente de consecuencias incalculables. El ultimátum de la UEFA coloca a las federaciones del resto del mundo en una compleja encrucijada. Por un lado, se enfrentan a la tentación de aceptar una inyección de capital histórica que podría transformar las infraestructuras de países en vías de desarrollo. Por el otro, deben sopesar el riesgo de alienar a la principal potencia deportiva y económica del globo en defensa del modelo tradicional de gestión.
Si ninguna de las partes cede en las próximas semanas, el mapa del fútbol global podría redefinirse de manera definitiva, escenificando una batalla donde el control corporativo, las finanzas de alto nivel y la tradición deportiva chocarán de manera frontal.

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