Mientras la agenda política nacional se ha visto recientemente sacudida por debates sobre la protección de los glaciares en las altas cumbres, en la provincia de Buenos Aires ha surgido una voz de alerta que busca desplazar el foco hacia problemas mucho más terrenales. El Movimiento de Integración y Desarrollo (MID) bonaerense, a través de sus principales referentes, Fernando Mascetti (Presidente) y Daniel Loyola (Vicepresidente), ha denunciado que la provincia padece una contradicción alarmante: aunque carece de masas de hielo, su territorio sufre niveles críticos de contaminación y recurrentes desastres por inundaciones.
La crítica central apunta a lo que los dirigentes definen como una «desidia estatal» que se extiende por décadas. Según el análisis del partido desarrollista, la falta de obras estratégicas en las principales cuencas, como el Riachuelo y el Río Salado, es la causa directa del padecimiento de miles de ciudadanos en el centro y oeste bonaerense. Localidades como Carlos Casares, Pehuajó, 9 de Julio, Bragado y Bolívar se encuentran en una posición de vulnerabilidad extrema, quedando a menudo bajo el agua debido a proyectos hídricos que nunca llegaron a completarse o que avanzan a un ritmo insuficiente para mitigar el impacto del cambio climático y la mala planificación.
La contaminación silenciosa de las napas
Más allá de las inundaciones visibles, el informe del MID advierte sobre una crisis más profunda y menos evidente que afecta la salud pública: el estado de los recursos hídricos subterráneos. Denuncian que la falta de saneamiento y de plantas de tratamiento de residuos adecuadas ha derivado en una contaminación generalizada de las napas freáticas. Este fenómeno pone en riesgo el suministro de agua potable para millones de habitantes y revela, según los autores de la crítica, un fracaso en la administración de los impuestos destinados a servicios básicos, los cuales —sostienen— han sido desviados hacia fines que califican de populistas en lugar de fortalecer el desarrollo estructural.
Una postura política frente a la agenda ecologista
La declaración también sirve para explicar la posición de sus representantes en el Congreso Nacional, quienes optaron por la abstención en debates sobre leyes ambientales que consideran desconectadas de las necesidades urgentes del desarrollo productivo. Para el MID, la provincia se encuentra atrapada en un debate ideológico entre posturas ecologistas extremas y una gestión oficialista que no logra resolver los problemas de fondo. La exigencia es clara: un retorno a una política basada en la inversión en infraestructura y la eficiencia administrativa, entendiendo que el verdadero desafío ambiental de Buenos Aires no está en los hielos distantes, sino en el agua que inunda sus campos y contamina sus hogares.El texto completo del comunicado, firmado por Mascetti y Loyola es el siguiente:
En la Provincia de Buenos Aires no tenemos glaciares y sin embargo sobra contaminación de napas, ríos y cuencas sumergidas por desidia y falta de obras del gobierno provincial. Días pasados se votó en el Congreso Nacional la nueva Ley de Glaciares, en un marco de cálidos debates entre las distintas fuerzas políticas y mucha desinformación en la ciudadanía. Posiciones extremas de los ecologistas antidesarrollo, por una parte, y la aprobación 100% casi a ciegas del oficialismo, por otro lado “nos dejaron un sabor agridulce”, tal como expresara nuestro Diputado Nacional del MID Lic. Eduardo Falcone. Y en consecuencia, desde la conducción del MID PBA adherimos a la postura de abstención adoptada por los legisladores desarrollistas Zago y Falcone.
Mientras tanto, llevamos décadas de desidia, proyectos estancados y falta de decisiones políticas estratégicas por parte de los sucesivos gobiernos bonaerenses. ONGs, decenas de entidades de la sociedad civil y el MID, entre algunos otros partidos políticos, reclaman sin suerte por obras estratégicas para el desarrollo sustentable en el Riachuelo, en la Cuenca del Río Salado y en otras zonas de la provincia más rica y extensa de Argentina.
Si en los 8 años del gobierno de Scioli o en los casi 7 años que lleva de mandato Kicillof hubieran puesto el foco en el desarrollo hoy no tendríamos que lamentar por las graves inundaciones que afectan a la zona centro oeste comprendida por los distritos de Carlos Casares, Pehuajó, 9 de Julio, Bragado y Bolivar, entre otras.
A modo de ejemplo, Junin es la ciudad con más altos niveles de arsénico en sus napas de agua para consumo humano y no es casual la inacción por parte de los gobernantes, al menos gestionar el desarrollo de plantas purificadoras de bajo costo para disminuir las graves consecuencias en la salud de la población.
Tampoco es casual que Pinamar, la ciudad emblemática de varaneo de los políticos más conocidos, tenga más del 75% de su territorio sin red cloacal. Todo eso tiene nombre y apellido y se llama SUBDESARROLLO, no poner las prioridades de gestión donde corresponde.
Desde la conducción del MID bonaerense insistimos en que el desarrollo armónico integral de los habitantes de esta gran y diversa geografía se logrará únicamente invirtiendo en obras estratégicas de largo plazo y a un ritmo adecuado. Es obligación del Estado y para eso contribuimos todos con nuestros impuestos, para que los administren como corresponde y no los gasten en populismo.






