
Por Dr. José Giuliodoro (MP 111.283)
La brecha entre las promesas políticas de salud y su implementación real es uno de los mayores problemas actuales del sistema sanitario.
Esta saturación de anuncios de programas que terminan en papel mojado genera consecuencias profundas tanto en los ciudadanos como en el propio personal de salud. Con asombro vemos como estos programas que se anuncian con el tiempo no se implementan adecuadamente, finalizando en otra nueva frustración de la salud publica comunitaria.
Este fenómeno teñido de marketing, busca del impacto político. Se prioriza el titular inmediato y el impacto en redes sociales antes de asegurar la viabilidad presupuestaria o logística del proyecto.¿Cómo es el Impactó en la población y el sistema de la salud? Simplemente,
desgaste y desconfianza. La comunidad acumula frustración al ver que las anunciadas nunca se materializan en su hospital local o en su
sistema de salud. La sobrecarga del personal, otras de las consecuencias. Los profesionales de la salud se enfrentan a la presión de implementar nuevas normativas o programas sin recibir el presupuesto, el tiempo, ni los recursos humanos necesarios. El esfuerzo económico y de gestión invertido en diseñar campañas de marketing para estos programas fallidos se resta de lo que
realmente importa: la atención directa al paciente.
Para que el sistema de salud recupere credibilidad, la gestión sanitaria debe pasar de la propaganda de intenciones a una planificación basada en auditorías reales, presupuestos blindados y un consenso a largo plazo que no dependa del ciclo electoral de turno. Las comunidades van perdiendo a pasos agigantados la relación médico- paciente, y las soluciones a sus problemas de salud en general.
El marketing humilla y empobrece la salud en una forma tan escalonada que, en el fervor de anunciar programas, no nos damos cuenta que vamos desintegrando la salud al no llegar a cumplir estos mismos anuncios, es solo por un instante, por una foto que nos parece omprometernos con los sistemas de salud. Una de las razones es la carencia en los recursos humanos formados y capacitados y el
seguimiento y auditorias reales del funcionamiento de dichos programas.
Vender un futuro enfermo a infancias y adolescencias, es un marketing que hace demasiado daño. Es una frustración muy común y comprensible. La brecha entre lo que se promete en los anuncios políticos y lo que finalmente se percibe en la vida cotidiana se debe a una combinación de factores estructurales, económicos y de comunicación política.
A nuestro entender, las principales razones por las cuales ocurre este fenómeno son
1. Comunicación política y de gestión/Impacto inmediato: Los anuncios de programas gubernamentales suelen buscar un efecto político inmediato, como mejorar la imagen pública, calmar una crisis o captar votos. El anuncio como logro: En la política moderna, a menudo se trata el lanzamiento de un plan como si fuera el problema ya resuelto, aunque la ejecución ni siquiera haya comenzado.
2. Fallas en la implementación y burocracia, falta de capacidad técnica: Muchas veces los programas se diseñan desde escritorios políticos sin considerar si el Estado tiene la estructura, el personal o la tecnología para llevarlos a cabo. Trabas burocráticas: El camino entre la firma de un decreto y el beneficio real para el ciudadano suele estar lleno de regulaciones lentas, ineficiencias y desvíos de fondos.
3. Falta de presupuesto real (Restricciones económicas) Anuncios sin financiamiento: Es frecuente que se anuncie un programa ambicioso cuyo presupuesto depende de recaudaciones futuras que no se cumplen, de préstamos que no llegan o de la emisión de dinero (lo que a su vez genera inflación).Partidas reasignadas: Ante una crisis urgente, el dinero inicialmente destinado a un programa a largo plazo suele desviarse para cubrir gastos inmediatos.
4. Falta de continuidad (El síndrome de la hoja en blanco) Cortoplacismo: Los gobiernos suelen durar entre 4 y 6 años. Muchas políticas (como educación, infraestructura o reformas económicas estructurales) necesitan décadas para dar resultados. Destrucción de lo anterior: Cuando cambia un gobierno o un ministro, es común que se cancelen los programas del antecesor para lanzar unos nuevos con otro nombre, lo que genera un gasto constante sin que ningún plan llegue a madurar.
5. Problemas estructurales: Si la economía sufre de problemas graves de fondo (como inflación alta, falta de inversión, desempleo estructural o deuda), los programas gubernamentales terminan siendo solo parches. Por más que un subsidio o programa social aumente, si la inflación o la devaluación van más rápido, la sensación de la población siempre será la de estar peor.
Finalmente, un error cada vez más común es diseñar programas sociales pensando más en la reputación que en el impacto. Cuando la lógica de comunicación y posicionamiento domina la estrategia, se corre el riesgo de implementar acciones superficiales que no transforman las condiciones de fondo, reforzando la idea de por qué los programas sociales fracasan.
Lo que se requiere es un cambio de enfoque: poner el impacto social al centro y utilizar la comunicación como una herramienta para rendir cuentas y compartir resultados reales. La credibilidad y la legitimidad de los programas dependen, en última instancia, de su capacidad para generar cambios tangibles en la vida de las personas.
Hace casi 20 años escribíamos un artículo donde nos referíamos a la “teoría retrograda” en cuanto a los programas de salud anunciados, y decíamos que todos se programaban desde una oficina de los grandes centros de salud gubernamentales, desconociendo la idiosincrasia de cada Distrito, y que los mismos debían nacer desde el corazón de cada barrio, desde el verdadero terreno de los problemas y lo planteábamos como un nuevo paradigma: Los sistema de salud integral comunitarios.
Tenemos un elemento primordial para reflejar realidades y diseña soluciones, la epidemiologia, una herramienta de muchos años en el sistema de salud, simple para saber la realidad de cada distrito. Por eso vemos como un gran error estratégico el anuncio permanente de
programas que en realidad nunca llegan a concretarte en el territorio, y nunca sabemos minuciosamente la auditorias de los mismos.
El Padre del sanitarismo argentino, el Dr. Ramón Carrillo, en su obra nos enseña que debemos empezar por las formas más simples, cotidianos y las demandas diarias solucionables, si en la actualidad no tenemos en el terreno un antitérmico para darle a un niño, difícilmente debamos seguir anunciando programas que, ante la situación actual del País, no complacerán nunca a la comunidad.
Para finaliza,decimos: “Una cuadra de asfalto puede esperar, un anuncio de un programa puede esperar, una sonrisa en una foto puede esperar, una necesidad de anunciar algo puede esperar, lo que nunca debe esperar es el remedio para un
niño enfermo, para un abuelo desnutrido”.




