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Nueve de Julio
viernes, 25 septiembre, 2020

LOS SUEÑOS NO SE CUMPLEN

(Por AGUSTIN PONISSI) ENTRENADOR NACIONAL DE BASQUET – @agus.ponissi

                                                              

 

                A todos de chicos nos preguntaron: Y vos cuando seas grande, ¿Que Querés ser?

Siempre me cayeron mal este tipo de preguntas, pero aún peor me caían aquellos que respondía lo obvio: Doctor, Astronauta, Policía.

                Desde que tengo uso de razón ya tenía elegido mi sueño. Desde chico sabía cuáles eran mis metas por cumplir. Me acostaba de noche soñando el último tiro del partido más importante de mi vida, me imaginaba levantando el trofeo del campeonato, firmando autógrafos y viviendo la vida que todo pequeño deportista elige. Poco tiempo tardé en darme cuenta de que eso iba a ser imposible, por lo menos como me lo había imaginado en mis sueños, pero yo sabía que siempre iba a estar junto a “la naranja”.  A los 14 descubrí mi verdadera pasión, inicié mi carrera como entrenador. El proceso fue como se debe, bien desde abajo, dando mis primeros pasos aprendiendo de entrenadores con más experiencia. Estudiaba y entrenaba mientras formaba parte del staff de entrenadores del club Obras Sanitarias. Era un chico normal que ya trabajaba y manejaba grupos  pequeños de jugadores que se iniciaban en el básquet del club.

                El básquet no solo manejaba mi vida sino también ocupaba todos mis espacios. Los fines de semana cuando mis amigos se juntaban a matear o salían de noche a bailar yo siempre tenía entrenamientos, partidos o viajes con el club. Como mi hermano (mi primer mentor) también jugaba y dirigía, mis padres nos acompañaron en todo momento: mi viejo dejaba sus tardes libres de sábado para ver los partidos, mi vieja me hacía la cena y cuando yo llegaba de noche muy tarde se sentaba a hacerme compañía.

Ya de pibe aprendí  la primera lección importante de mi vida: “un chico debe ser chico y vivir como tal”. Vivía como un adulto a los 16 años, con trabajo, presiones, compromisos y responsabilidades. Algunos años después de haber empezado mi carrera me saturé y largué todo, quería vivir una vida normal, salir con amigos, tener novia, dormir mas de 6 horas por noche, no tener horarios y tareas que cumplir.

                Pasaron varios años donde realmente nunca fuí feliz, hice de todo, estudié, trabajé, emprendí, fracasé, salí con amigos, viví una vida normal. Tenía un trabajo de oficina de 8 horas con un sueldo que me daba la vida que quería. Pero no era feliz.

Una noche, por medio de un amigo, se presentó la oportunidad de volver al ruedo. Ingresé a un club de muchos años como asistente del entrenador principal. Mientras trabajaba elegí darle un lugar a mi pasión nuevamente, pero esta vez un poco más como hobby.

Por suerte o por trabajo y dedicación, en un periodo de tres años volví a dedicarme a lo que me gustaba, me volví  Entrenador Nacional matriculado, cambié de club dos veces, tomé mayores responsabilidades y dirigí mis primeros equipos como entrenador principal.

                En febrero de 2017 la pregunta que me hacían de chico volvió a aparecer. Había perdido mi trabajo en la oficina, tenía que salir a buscar un laburo nuevo o algo que me dé la tranquilidad económica que antes tenía. Esta vez elegí no volver a equivocarme, no dejar de lado la pasión que me hacía feliz. Entre miedos e incertidumbres, con mucho apoyo familiar y de amigos, tomé la decisión de aceptar un trabajo que me habían ofrecido en una ciudad a 300 kilómetros de mi casa.

                Agarré mi bolso, mis libros, mis cuadernos y emprendí un viaje que me trajo a 9 de julio. Mi novia, mis amigos, mi familia se pusieron detrás mío y me empujaron para que no lo pensara más. Para que esta vez buscara perseguir mi sueño.

Hoy vivo solo, lejos de las personas que amo. Mis amigos se juntan para ir a la cancha y yo no puedo ir. Mi familia festeja los cumpleaños o las fechas importantes y yo ceno solo mirando algún partido. Y aunque cueste, y cuesta mucho, yo sé que mi sueño se está logrando.

                Por eso para mí los sueños no se cumplen, los sueños se trabajan, se estudian. Los sueños vienen por el sacrificio, por el amor y la pasión, son logros realizados que nunca se producen por uno solo. Uno estando solo nunca puede lograr su sueño. Se cumplen por el apoyo de la familia, por los brazos que te levantan cuando te caés o por los oídos que te escuchan cuando te sentís solo. Yo sé que hoy estoy en el lugar que quiero gracias a las personas que todos los días me cuidan, me dan cariño y fuerza, me ayudan a mantenerme calmo y con los pies en la tierra.

                En esta columna voy a buscar contarles temas que resulten interesantes sobre las personas, sobre los grupos de trabajo, sobre los equipos. Voy a intentar transmitir un poco de mi sueño, para que todos puedan elegir el suyo.

 

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