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viernes, 15 enero, 2021

La sandía del valle de Cuña Piru es motivo de fiesta provincial

(Por Mónica Gómez)

Cada uno con su destino construye su camino, cada piedra o cada tropiezo se pueden convertir en dificultades o, de lo contrario, en plataforma para observar lo que vendrá desde un punto más alto. Puede ser un detenimiento o puede ser lo que nos impulse al salto que necesitamos. Nuestra fortuna está ahí,  la forma en que lo recorremos es lo que lo hace distinto. Saber discernir en cómo actuar es lo que marca el futuro.

Donde la ruta 7 hace una bifurcación, es ahí, en el paraje San Juan donde se divisan sandías escalonadas por grupos que responden al  tamaño con el que fueron cosechadas. El puesto de madera que hace de sombra, las frutas en el suelo como guías para disminuir la velocidad, así tal vez, volver a encauzar ruta con una de ellas como suvenir. ¿Pero de quién son las manos que la producen? familias enteras mantienen  la tradición de trabajo en torno a esta fruta hace ya más de 25 años, la sandía caprichosa a su andar es solo un producto de estación, así que eso la convierte en un manjar de poco tiempo. Para esas familias este tiempo es oro, para todos los que viven de la producción es vital. De esa fruta depende si se va a hacer el más mínimo gasto. En la cosecha  el azar pone a prueba el trabajo de toda una temporada y el sustento de los próximos meses. En ese momento se mide el alimento que cada productor va a llevar a  la mesa.

Hilda  Do Santos es productora de sandías y mandioca, pertenece a una familia preponderante de la localidad del  Valle de Cuña Piru en la provincia de Misiones,  producen hace más de  20 años esta fruta. La localidad es la anfitriona de la fiesta provincial de la sandía. El valle cuanta con la mayor cantidad de productores,  se pueden divisar a lo largo de la ruta provincial N° 7, ofreciendo su cosecha al viajero que es tentado tanto por el tamaño como por el aspecto inigualable de cada una.  La sandía es el icono del valle, y es por ello que es considerada la zona de abastecimiento no solo provincial, sino que estas sandías recorren caminos hasta llegar a las verdulerías en  Buenos Aires y otros puntos del país. Hilda es una de los tantos productores que ofrecen su mercadería en los puestos, es hija de la propulsora de la fiesta provincial, ya que su mamá Elva Reys  fue la generadora de la  idea, en un acto escolar. Año a año la celebración tiene  más impulso y hoy este producto es motivo de festejo. Ella comparte sus saberes, comparte sus experiencias de este proceso de producción de una fruta que es de estación. Lo que implica depender de las inclemencias del clima para saber qué pasará con su cosecha e ineludiblemente con la economía de la familia. Cuenta que el clima es todo.  Recibe ayuda de su hija Jimena quien, con 17 años, está a la par de los padres con las actividades en la chacra.

Hilda tiene 39 años, desde muy joven aprendió el valor por el trabajo, el sacrifico, y se define como una mujer realista que mantiene los pies sobre la tierra. Hoy, ella y su esposo pueden brindarle las oportunidades de estudiar  a sus 3 hijas, todo gracias a la sandía. Comenta que hasta el cubierto que tienen en la mesa es producto de su cosecha, inconfundible forma de decir que todo es por el sudor de su trabajo. Es una mujer de campo, trabajó en la ciudad y luego volvió a sus orígenes, eso la convirtió en lo que hoy trasmite en su hogar a sus hijas como único legado; el trabajo, mantener la pisada sobre la tierra y aprender a sobrellevar las adversidades.

La sandía es muy versátil para muchas preparaciones pero la indicada para estas fechas de fin de año es

CASCARITAS DE SANDÍAS ABRILLANTADAS

Ingredientes:

  • Cáscara de sandía (parte blanca no verde)
  • De azúcar
  • Agua cantidad necesaria para cubrir las cáscaras.

Procedimiento:

Sacar la cáscara verde finita de la sandía y utilizar la parte blanca, cortar en cubos pequeños dejar reposar durante una hora en agua con alcohol (¼ litro de agua, 1 tapita de alcohol) cubriendo las cáscaras. Pasado este tiempo escurrir. Colocar en una olla las cáscaras con la misma cantidad de azúcar cubrirlas con agua. Cocinar durante una hora aproximadamente hasta que las cáscaras queden transparentes. Sacar de la hoja y poner a escurrir espolvorear con azúcar.

Mónica Gómez

 

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