El mercado emocional

(por Mónica Gómez) Vivimos llenos de deseos y aspiraciones, las cuales nos llevan a estar en constante movimiento en busca del éxito. Abandonamos nuestros lugares intentando hacer patria en cada rincón inhóspito del mundo, donde creemos que salvaguardaremos nuestra existencia con lo que ahí vendrá. Emigramos a esa famosa tierra prometida con ansias de crecer, sin mirar atrás nos desprendemos de un suelo, de una tradición, de un lugar que fue nuestro desde el inicio. Cruzamos el charco y nos aventuramos a todo aquello que se nos pase. Aun así nunca dejamos de ser hijo de nuestro lugar.
Toda aquello que nos trae felicidad en el nuevo destino, nos trae nostalgia por lo que dejamos atrás. Creíamos que con solo exiliarnos nos olvidaríamos las costumbres que nos hace pertenecientes a un lugar. El mayor deseo de un desterrado es encontrar un poquito de todo lo que dejamos atrás. Y es en esa situación en donde la comida juega un rol importante. Acercarte a tus raíces es volver a vivir las experiencias que añorabas de la vida cotidiana. Los sabores de tu infancia, el aroma de la casa de los abuelos, la música de tu lugar. Hasta la sirena del tren te suele transportar a todo aquello que se extraña.
El mercado se hace eco de la necesidad de todos los que viven fuera de su lugar de origen. Situación en la cual se encuentran cada vez más personas. Esas oportunidades de venta están inundando de los productos de origen autóctonos o de índole familiar. Los ingredientes son de fácil acceso cuando las comunidades de habitantes extranjeros se masifican y logran una cofradía. Se mantienen en contactos, se juntan a comer las comidas típicas y forman una unión que el desarraigo entrelaza.
Muchos habitantes que se establecieron en diferentes comunidades formaron negocios de comida o productos y han llegado a ser grandes empresas. Teniendo el respaldo del consumidor nostálgico y de los que poco a poco se interesan por sabores nuevos. Productos c0omo el dulce de leche, la carne argentina o la yerba tienen una demanda en exportación directa destinadas a aquellos que están en el éxodo. Innumerables restaurantes se sitúan en las localidades de otros países, llevando nuestra cocina a los nuevos comensales y a todos los que extrañan a las empanadas o el flan de dulce de leche.
Muchas son las preparaciones que asociamos con la Argentina, pero sin lugar a duda, La Pastafrola es un icono de las abuelas. Hoy mi receta con nostalgia es:
PASTAFROLA DE BATATA.
Necesitamos
Harina 320gr
Fécula 80gr.
Maneca 200gr
Azúcar 150gr
Huevos 2
Ralladura de limón 1 und.
Polvo de hornear 12gr.
Sal
Dulce de batata 450gr ( o membrillo o cualquier dulce consistente)
Jugo de naranja ½
Procedimiento: en un bowl agregamos todos los secos, junto con la manteca fría. Con los dedos formamos un arenado e incorporamos de a uno los huevos y por último la ralladura de limón. Formamos la masa y la llevamos a la heladera por 30 minutos. La estiramos y forramos el molde de tarta. Con el sobrante de masa estiramos y cortamos tiras para realizar el enrejado final. En una ollita disponemos del dulce y el jugo de la naranja y llevamos a fundir y una vez fluido pero frio lo colocamos sobre la masa. Terminamos con las típicas tiras entrelazadas en el superior de la tarta y cocinamos en horno moderado a 180° por 40 minutos.