De la tierra al plato

(por Mónica Gómez)

Una de las grandes experiencias como cocinera es acercarme a las quintas a conocer la producción de los diversos alimentos que nos brindan la naturaleza. Conversar con aquellos que trabajan con la tierra y descubrir la relación que tiene cada productor con su huerto. Es apasionante ese mundo, vivenciar lo que ellos sienten y todo su saber es sumamente enriquecedor. Es aún más lindo cuando lo comparten.

Todas las personas tenemos algo que enseñar y a su vez, algo que aprender. Acercarse, escuchar y nutrirse del otro son las funciones más motivadoras para impulsar un cambio. La alimentación está en el camino de ese cambio. Nuestra forma de consumo tal vez no tiene la reglamentación necesaria pero si tienen un impulso colectivo que se manifiesta, en cada productor que apuesta a producir sin agroquímicos. En cada cocinero que se involucra en todos los procesos de las materia prima, en los consumidores que se informan, que se interesan y que intentan acercarse a las ferias para acceder a productos sanos. Este es un engranaje del cual somos participes, realizarlo en conjunto es función de todos.

Muchos son los que fomentan este cambio, y en el caso de Esteban Soulier, un productor de la ciudad de Pigüe que está dando comienzos a una huerta con el fin comunitario. Desde su lugar y con la facultad de profesor de huerta en el Centro de Formación Profesional comenzó con el cultivo a baja escala para sustento y venta de vegetales en estación. Con la idea fundacional de que sea un espacio de producción para otras personas. Contagiar la idea, que ellos aprendan, se nutran y lo repliquen en sus espacios. Animar a las personas a producir, que se sientan parte de una red de producción y aprovechar esos alimentos como un modelo económico enmarca la idea por la que trabaja día a día Esteban.

Según él no lo vive con sacrificio, su pasión puesta al servicio de otros lo transforman a esto en un labor participativo y es eso lo que lo motiva. En cada rincón de la quinta se percibe la producción manual, la intervención de él y su compañero los cuales llevan adelante las distintas etapas de siembra cosecha y floración para la obtención de futuras semillas. Siempre pensando en la integración de colaboradores que sientan las mismas ganas de dedicarse a la siembra.

Cada nuevo paso es un acercamiento a lo que vendrá, con el empuje y la convicción de recrear algo social está desmantelando el lugar que antes había sido un baile de salón de gran congregación de la ciudad. Tirando abajo cada espacio y preservando los necesarios en función de la futura producción Esteban se abre camino en este espacio tan característico.

Bajo la disciplina didáctica que lo caracteriza me explicó en detalle el valor de cada parte del suelo y la necesidad de implementar plantaciones que limitan el paso del viento, una de las tantas dificultades de la zona. Él se anima y apuesta a sumar manos, a la producción en estación y a la agroecológica. Esto simboliza el respeto y gratitud por la diversidad.

De la quinta me traje unos rabanitos con los que voy a preparar una rica ensalada.

Pollo al limón con ensalada de rábanos y pepinos.

Necesitamos:

  • Pechuga de pollo
  • Rábanos
  • Pepino
  • Limón
  • Vino blanco
  • Sal y pimienta
  • Mayonesa
  • Hojas verdes
  • Tomates cherry

Procedimiento:

Dorar la pechuga de pollo en una sartén con aceite de oliva, agregarle el vino, dejar que se evapore, incorporar el jugo de 1 limón, sal y pimienta y tapar. Cocinar a fuego bajo hasta que este cocida por completo. Realizar una ensalada con los rábanos, pepinos, cherry y las hojas verdes. Aderezar con mayonesa reducida con jugo de limón.