Según los últimos reportes del sector panadero, el desplome del poder adquisitivo provocó que el despacho de pan caiga un 45% en el primer trimestre de 2026 en comparación con el mismo periodo del año anterior. La situación es todavía más dramática en productos de mayor valor agregado, como la repostería y la sandwichería, donde el derrumbe de las ventas alcanza niveles cercanos al 70%.
Este escenario crítico no responde únicamente a la falta de clientes en los mostradores, sino a una «tormenta perfecta» de costos operativos. Los comerciantes denuncian que la rentabilidad se ha visto mermada por incrementos constantes en las tarifas de servicios públicos, combustibles y materias primas esenciales. A pesar de este aumento en la estructura de gastos, muchos locales han optado por contener los precios finales en un intento desesperado por no perder a sus últimos compradores habituales.
Estimaciones de las cámaras del sector indican que aproximadamente 2.000 panaderías han cerrado sus puertas en todo el territorio nacional desde el inicio de la gestión del presidente Javier Milei, lo que representa una pérdida estimada de 12.000 puestos de trabajo directos. Los referentes del rubro subrayan que el ritmo de cierres está batiendo récords históricos, dejando a miles de familias sin sustento en uno de los sectores más tradicionales de la economía barrial.
Ante la gravedad del panorama, los panaderos han elevado sus reclamos a la Secretaría de Comercio del Ministerio de Economía. El sector demanda medidas urgentes de alivio tras la eliminación de los programas de administración de precios y subsidios que fueron desmantelados a finales de 2023. Sin una intervención estatal o un cambio en la tendencia del consumo masivo, advierten que la supervivencia de la panadería artesanal argentina se encuentra en un punto de no retorno.





