Por más de 100

(Por Agustín Ponissi / Entrenador nacional de básquet / @agus.ponissi)

El último fin de semana se dio una situación bastante alarmante y vergonzosa en el básquet de nuestra ciudad. Un equipo de una localidad cercana ganó un partido por 109 a 1, si … tal y como lo leyó, un poco más de cien puntos obtuvo un equipo y el otro logró solo uno. El dato hasta ahora no pasa de ser algo curioso, algunos se preguntarán que tan malos habrán sido los del equipo que perdió por tanta diferencia. Aquí les marco lo que hace al hecho algo lamentable y triste: ambos equipos eran de jugadores u12, por lo tanto, la edad de los chicos rondaba entre los 9 y los 12 años.

¿Hasta qué punto llega la necesidad de los adultos por ganar o por demostrar su poderío a la hora de poner un equipo de niños en la cancha? Lo primero que pensás cuando te enterás de lo sucedido es que no hay mucha ética en los entrenadores que manejaron esa situación. El máximo responsable de que el marcador sea abultado (terriblemente) es el entrenador del equipo vencedor.

Los entrenadores que trabajamos en etapa de formación (categorías de no competencia o mini básquet como se lo llama en nuestro deporte) tenemos que tomar con precisión el tema de los resultados. Hay una regla implícita donde debemos velar los entrenadores por el bueno juego, el desarrollo limpio de las acciones (pocas faltas duras) y porque ambos equipos disfruten del partido. De nada sirve que un equipo superior arrolle al otro por la simple idea de ganar sin importarle que en frente hay nenes que no pueden pasar mitad de cancha. Los entrenadores contamos con herramientas para que todos, tanto ellos como nosotros, podamos disfrutar del juego.

El problema está en que no todos los entrenadores tienen la misma línea de pensamiento la cual expreso en este medio, aquel que en esta oportunidad le tocó perder por 108 puntos de diferencia, semanas antes le tocó jugar contra nosotros y tuvo la misma actitud dominante y agresiva. Nuestro equipo femenino (mayoría u13) jugaba un amistoso con un equipo de masculino (mayoría u15), durante todo el partido presionaron la pelota e iban al choque de igual manera sin tomar en medida que en frente había nenas que también intentaban jugar al básquet. Por eso lo que sucedió es el cuento de nunca acabar, es la historia sin fin. Porque hoy me lo hacen a mí, yo lo hago mañana o se la devuelvo en la próxima. Esas reglas son las que no permiten crecer en plano general a largo plazo, esos modos de actuar son los que nos diferencian de otras ciudades con un nivel deportivo superior. El fuerte cada vez más fuerte, el débil cada vez más débil y dejándoselo claro para que lo sepa, aunque se trate de un niño de 10 años.

¿Está bien la competencia en chicos de esa edad? Yo soy un convencido que, si nosotros tenemos como objetivo a largo plazo elevar el nivel de competencia o mejorar en cuanto al nivel deportivo del equipo, la competencia debe existir desde el comienzo de cada jugador. Los chicos aprenden y mejoran por el instinto de compararse con el de al lado, de medirse, de competir. Ahora, la competencia desmedida sin normas creo que genera brechas poco convenientes y los grises tampoco suman, tener equipos que jueguen a matarte y otros que cumplan con ciertas normas éticas o códigos que te ayuden a disfrutar del juego con solo 10 años. La competencia se tiene que dar, nosotros la tuvimos de chicos y hemos aprendido a perder, a ganar, y a querer mejorar para lograr un resultado. Debe tener ciertas reglas compartidas por todos, como limitar las diferencias de los marcadores, no poder realizar maniobras defensivas agresivas de presión al balón y lo importante es que todos los chicos jueguen un mínimo y un máximo de tiempo. Todas reglas que no atentan con la enseñanza del deporte y que logran un equilibrio de competencia para todos, los mejores, los más nuevos, los buenos y los no tan buenos.

Mientras voy escribiendo esto me pongo a pensar, como habrán sido las siguientes horas de los pibes que ganaron o perdieron. Seguramente los que perdieron algunos se pusieron mal, pero al darse cuenta de que están con sus amigos, al poco rato ya se encontraban jugando con ellos pensando en otra cosa. Los que ganaron seguro se les infló un poco más el pecho, se lo contaron a sus papás, pero tampoco le debe haber durado mucho la felicidad ya que al próximo partido, tarde o temprano, saben que se cruzan con algún equipo que les va a hacer pasar lo mismo a ellos.

Igual más intriga me genera saber cómo fueron los días del profe que ganó, seguro salió del partido y llamó a los papás para contarles: “Le gané por 100 a los nenes de 10 del otro equipo” o cuando llegó a la casa, la mujer le preparó la comida que le gusta porque él es “el mejor entrenador” porque ganó un partido por más de cien.