Murió el «Indio» Solari, nació la leyenda

Por Redacción Extra Digital

Se fue «El Indio». Su DNI decía que se llamaba Carlos Alberto, pero para todos simplemente fue el «Indio» Solari, el enigmático líder de la icónica banda de rock Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, el mismo que  murió ayer a los 77 años en su residencia de Parque Leloir, en las primeras horas de la mañana, provocando una profunda conmoción en gran parte de la sociedad. El Indio fue, a través de su música, una de esas personas con un magnetismo y una llegada inexplicacable a miles de seguidores, incluso de generaciones diversas.
Había sido galardonado recientemente con el Doctorado Honoris Causa por la Universidad de Buenos Aires, y desde hace años vivía alejado de las apariciones públicas masivas debido a un progresivo deterioro de su salud, convivía con «Mr. Parkinson» tal como el mismo refería a la enfermedad que lo aquejaba, la cual enfrentaba con una filosofía particular que solía compartir en las pocas entrevistas que concedía.

El informe preliminar de la autopsia determinó que la causa del deceso fue un accidente cerebrovascular (ACV) no traumático. El hallazgo de su cuerpo se produjo alrededor de las ocho de la mañana en el sector de la pileta cubierta de su casa, donde realizaba sus ejercicios terapéuticos cotidianos.
Aunque el entorno del cantante y los primeros trascendidos generaron dudas sobre un posible ahogamiento tras descompensarse, los peritos forenses descartaron por completo esa hipótesis al no hallar agua en sus pulmones. El artista arrastraba una batalla de una década contra el Parkinson y que en 2017 lo forzó a retirarse definitivamente de las presentaciones en vivo.

Conmoción y repercusiones

La noticia del fallecimiento del cantante desató una ola inmediata congoja y tristeza que inundó las plataformas digitales, las radio y los espacios públicos. Figuras de la política, colegas del ámbito musical, escritores y, por encima de todo, generaciones de fanáticos expresaron su dolor ante la pérdida de una voz que funcionó como el hilo conductor de las tensiones, los dolores y las pasiones de la sociedad argentina durante varias décadas.


A pesar del hermetismo histórico que caracterizó la vida privada del intérprete y el deseo de su familia de realizar una despedida íntima, miles de seguidores comenzaron a congregarse de manera espontánea en distintos puntos, con la Plaza de Mayo como epicentro para instalar altares improvisados con flores, cartas y banderas, algo que se repitió en distintos puntos del país, rememorando el espíritu de hermandad que caracterizaba a sus encuentros musicales.

El legado del «Indio»

El impacto de Solari en la cultura popular es comparable al de muy pocos artistas en el mundo. Al frente de «Los Redondos» entre 1976 y 2001, y posteriormente con su proyecto solista «Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado», transformó los conciertos de rock en rituales colectivos conocidos popularmente como «misas ricoteras», eventos que llegaron a congregar a más de 300.000 personas en pequeñas localidades del interior, desafiando cualquier lógica de la industria del entretenimiento.


Su legado se sostiene sobre una poesía hermética, cargada de metáforas políticas, marginalidad y existencialismo, combinada con una férrea política de independencia artística que rechazaba los canales tradicionales de difusión y patrocinio corporativo. Con su partida, desaparece el último gran mito aglutinador de la contracultura argentina, dejando un cancionero inmortal y una huella imborrable en la identidad social del país. Se fue el «Indio», pero su música lo hace inmortal.

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