No hay herencia más valiosa que aquella que se va trasmitiendo desde varias generaciones atrás. Las que ya son tradiciones, sinónimo de usos y costumbres que se remonta de los antepasados, seudo culturas que son cuentos de nuestra historia sanguínea, ceremonias que nos definen como un cúmulo años de construcción familiar. Nuestros ancestros están presenten en esas costumbres que hasta el presente son de tradición, para eso no necesitamos de ninguna liturgia, ni testamento, ni un libro de historias familiares, para eso están las madres, las abuelas, las tías, las mujeres del clan, todas ellas, portavoces de una memoria que nos representa, relatoras de las crónicas de nuestra ascendencia, procuradoras de la palabra, como un tesoro ancestral, fortaleciendo nuestra identidad por sobre el tiempo.
Mireya Gutiérrez es una joven defensora de esas tradiciones heredadas, como toda mujer de campo, hija de una mujer rural sabe acompañar y representar su historia familiar en la actualidad. Ella es correntina de una zona rural del departamento de Lavalle, muy cerca de la ciudad de Goya y junto a su madre Emilce son el motor de una chacra en producción que crece día a día gracias al trabajo de una familia. El interés por la historia de Mireya sobrepasó su fuerza y su labor como mujer rural, lo rico deviene en el espíritu ancestral que es legado de su madre. Al comunicarme con ella, lo primero que me dijo fue “esta historia es de mi mamá, ella te la tiene que contar” y no se equivocó, le cedió el teléfono a Emilce y desde ahí todo los condimentos que yo esperaba se presentaron como relatos de cuentos.
La charla con Emilce Romero empieza con la frase “años atrás era muy difícil la vida de campo”. La curiosidad despierta y sus ganas desde pequeña de escuchar, aprender y conocer sobre su raíces, hicieron que desde “guainita” este prendida a su abuela materna. “Era una niña muy despierta” me comenta y todas las historias familiares, donde en ese campo que hoy es su hogar, transcurrieron y acontecieron para llegar a ser hoy lo que son como familia.
Esas tierras tienen identidad, me cuenta que desde 1901 pertenece a la familia, donde viven sin interrupciones y hasta hoy luchan por mantenerlas como descendencia. No solo es una cuestión de herencia, el escuchar de su abuela, de su madre y de su tía, hizo de ella una mujer con fuerza de voluntad para conquistar cada logro que se propuso.
Es una mujer creyente, animada y con una vitalidad que contagia, hija única de una mujer que provenía de una pequeña familia optó por una familia numerosa, rompiendo con este modelo, ella tuvo 7 hijos, cuatro mujeres y tres varones que hoy son su contención y su pilar. Se siente bien con una mesa grande, con sus hijos comiendo a su alrededor, verlos crecidos formados y con valores. Hace 3 años que perdió a su esposo, al hombre de toda la vida, a su compañero, aun así se mantiene fuerte, reconoce que tiene que estarlo por los hijos, por su tía y por su madre, mujeres que hasta hoy la acompañan.
La mujer de campo vive por esté, cría a sus hijos en este medio, les enseña a producir en la tierra, a mirar el cielo para saber cuando plantar, a tener paciencia y a cuidar su tierra como un estandarte de su identidad. Cuenta historias, deja saberes y hereda creencias que son la semilla de cada fruto que se produce allí. Emilce es una formadora de la lucha por su chacra, donde junto a su familia produce morrones y verduras de estación. Es de carácter firme, “no me gusta que me minimicen” me dice, comenta que “no por tiene la edad que tiene, tolera los desplantes de la sociedad”, orgullosa de todo lo que logró, sigue haciendo historia con su comunidad.
Estas mujeres, que trabajan, anidan sabiduría que dejan presente en cada rincón del país, siguen con su lucha, son conscientes de cada paso que se da y van en busca de ellos, son profundas porque como dijo Mireya, ellas están en el “interior del interior” y ahí es donde las desigualdades se combaten con acciones. Ellas son mujeres que campo adentro, rompen tranqueras, llevan tradición y sueñan a futuro para todas, son esas las que hacen la diferencia.







