El consumo masivo en la Argentina atraviesa un momento crítico. Según los últimos informes difundidos tanto por organismos oficiales como por consultoras privadas, las compras de alimentos, bebidas y artículos de higiene registran caídas significativas, mientras los salarios continúan rezagados frente a la inflación. Este fenómeno genera un círculo que amenaza la recuperación económica y afecta directamente al poder de compra de millones de familias.
Datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) muestran que el índice de ventas minoristas ajustado por inflación registra un retroceso interanual, incluso en sectores tradicionalmente resilientes, como alimentos y bebidas no alcohólicas. En paralelo, reportes del sector privado confirman que rubros como indumentaria, electrodomésticos y artículos de cuidado personal evidencian caídas de entre el 5% y el 10% en términos reales. Analistas consultados advierten que, pese a incrementos nominales en los salarios, la inflación acumulada supera la capacidad de recuperación de los ingresos, erosionando el consumo. “Estamos frente a un fenómeno de pérdida de poder adquisitivo persistente, donde los incrementos salariales quedan por detrás de la suba de precios”, señaló un economista de reconocida trayectoria.
El panorama no mejora al considerar los niveles de endeudamiento y las restricciones de crédito al consumo. Las tarjetas de crédito y préstamos personales, que habían impulsado la compra de bienes durables en los últimos años, muestran señales de saturación. Esto, sumado a la incertidumbre sobre la evolución de los precios, genera una prudencia creciente en los gastos de los hogares. Al analizar por rubros, se observa que alimentos y bebidas esenciales siguen siendo los más resistentes, aunque con márgenes de caída cada vez menores. Por otro lado, la indumentaria y los bienes durables —desde electrodomésticos hasta muebles— reflejan la retracción más fuerte, lo que impacta directamente en la actividad de la industria y el comercio minorista. Sin cambios estructurales en la dinámica de salarios y precios, el escenario proyecta un estancamiento prolongado en la demanda interna, con efectos directos sobre la inversión y el empleo.





