Por Redacción Extra Digital
A falta de un año para las comicios presidenciales, la fauna política argentina presenta su estado natural, o sea, una combinación de hiperactividad prematura, dilemas existenciales en la oposición y especulaciones cruzadas entre los pasillos de Balcarce 50 y los despachos provinciales. Veamos.
En Casa Rosada, la estrategia del oficialismo apuesta todo a una única carta: la consolidación del plan económico. Para el presidente Javier Milei, el camino hacia la reelección depende casi de manera exclusiva de sostener los índices de inflación a raya y mantener bajo control la brecha cambiaria. Además de cerrar la boca, claro. Sin embargo, la calma dista de ser absoluta en el universo libertario: la realidad en la calle en los bolsillos del argentino promedio empieza a pesar, y las declaraciones vertidas desde el entorno parlamentario de La Libertad Avanza ratifican la negativa a abrir primarias internas, mientras que Patricia Bullrich continúa insinuando sus propias ambiciones, alimentando especulaciones sobre la solidez de las alianzas de cara al armado nacional.
Paralelamente, el peronismo afronta su propio dilema. Sin un lider definido o, por lo menos, oficializado, Axel Kicillof sigue siendo en los sondeos como el referente opositor con mayor peso en la provincia de Buenos Aires, abogando públicamente por la realización de primarias abiertas (PASO) para dirimir las candidaturas del espacio. El menú opositor no es austero: desde la reaparición del exgobernador sanjuanino Sergio Uñac hasta las intenciones manifestadas por dirigentes como el inoxidable Sergio Massa, Juan Grabois, algunos aun siguen subiendo al ring a CFK, con lo que la interna oscila entre la necesidad de unidad territorial y el debate sobre la conducción del movimiento.
En este retablo de incertidumbres, los integrantes de la caducada alianza Juntos por el Cambio navega una crisis de identidad que ni la más creativa consultora política parece saber nombrar. El PRO se debate en una delicada danza diplomática con la Casa Rosada, pero Mauricio Macri sigue poniendo reparos a una fusión directa con los libertarios y busca retener el sello republicano exigiendo una «alternativa racional». Ya se sabe que los libertarios demandan cruzar la vereda, besar el escudo y jurar la bandera violeta, cosa que ya han hecho, sin inmutarse, la misma Bullrich y el escurridizo Santilli (que ya tiene membresia full access del club «Defensores del Panqueque», el mismo que cuenta en su CD a la misma Pato, a Scioli, Pichetto y, por supuesto, siempre en la memoria al Doc Lorenzo Borocotó).
Por su parte, la Unión Cívica Radical (UCR) despliega su centenario ritual de fracturas con renovado entusiasmo. Enredada entre las tensiones del ala de Martín Lousteau y los jefes territoriales conducidos por Maximiliano Abad, la conducción radical hace giras por el interior productivo proclamando la urgente necesidad de una «candidatura presidencial propia». Con la promesa de llevar el «modelo republicano y federal» a cada municipio, el radicalismo rechaza tanto la hegemonía libertaria como el retorno peronista, aunque sus dirigentes aún debaten en ruidosas asambleas partidarias si competirán en solitario o si refundarán una enésima coalición de centro. Solos no están ni para 45 minutos.
A todo esto, las consultoras de opinión pública coinciden en retratar un escenario fragmentado donde el descontento social y la demanda de cambio se mantienen elevados, aunque sin traducirse aún en una alternativa fuerte fuera de la grieta principal. Es en este lote de indecisos donde asoman los denominados outsiders. Figuras ajenas a la estructura partidaria tradicional —entre ellas el banquero Jorge Brito, el empresario de medios Daniel Hadad y el pastor evangélico Dante Gebel— miden cautelosamente su grado de conocimiento público y evalúan el terreno. Si bien sus mediciones iniciales se ubican en márgenes modestos, su sola presencia evidencia la permanente búsqueda de terceras vías en el electorado. Aunque no son outsiders, en este grupo habría que incluir a los Passaglia que, ni lerdos ni perezosos, en la semana anunciaron que iba a competir por la presidencia y ayer sábado ya lanzaron su espacio Hechos a nivel nacional, propuesta includidas. El desafío eque tiene es grande ya que las diversas opciones intentadas en la denominada «Tercera Via» nunca, hasta ahora tuvieron mucha suerte.
Y, en la medida que se acerque la contienda, aparecerán nuevas o nuevas/viejas caras sumandose a la carrera por las elecciones generales.
Falta una año, cierto, pero ya arrancó.






