Claves del “reseteo” político en la provincia

Después del impacto del 11 de agosto, esta semana arrancó el “reseteo” de la política bonaerense rumbo a octubre. Mientras María Eugenia Vidal comenzó a perfilar su versión de post macrismo en una serie de reuniones que mezclaron la catarsis con el diseño de la transición, en el campamento del Frente de Todo circula una nueva meta, que Axel Kicillof llegue al 57% de los votos.

Cuentan que Vidal dijo mucho con sus silencios en las reuniones que armó para transmitir a su tropa las conclusiones que sacó sobre qué ocurrió en las PASO y cómo seguir adelante. “Hubo reproches a la Rosada, a Marcos Peña, por no desdoblar, por no abrirnos a otros sectores, por querer ahora esquivar la autocrítica; ella no se sumó pero tampoco los contradijo”, resumió alguien que estuvo allí.

Pero si esa actitud deja apenas traslucir la opinión que la Gobernadora tiene sobre el impacto de la estrategia nacional en su perfomance, el mensaje explícito que dejó a los intendentes y legisladores que la escucharon, y las primeras acciones de campaña que desplegó después, despeja cualquier duda: Vidal no romperá su frente político, pero comenzó a transitar el post macrismo.

Ese camino tuvo una primera parada el viernes en La Matanza. Fue una visita paradójica: Vidal fue al terreno sin cámaras ni trabajo previo de redes, pero después desde su equipo se filtró a algunos medios la movida. El objetivo fue dar una señal diferenciadora de la mirada política de Peña, que había pedido reforzar la tarea en WhatsApp para que cada votante de agosto convenza a 10 “contactos” en octubre.

El mensaje de la Gobernadora tuvo un destinatario privilegiado: la dirigencia de su espacio, ante la que busca conservar toda la iniciativa política que pueda, alejada de cualquier solución “mágica” de la crisis política que se abrió para ella el 11 de agosto. La habilitación al corte de boleta, que ya se había decidido, va en el mismo sentido: preservar toda la estructura que se pueda.

Vidal, dicen, atraviesa estas horas con otras dos obsesiones: evitar fugas (anticipadas o masivas, porque en las reuniones de la semana ya se notaron ausencias) que preanuncien la temida desestructuración de JpC en sus componentes originales PRO, CC y UCR tras las elecciones. También piensa en la gestión: “si es que se tiene que ir, quiere irse bien”, es la idea. Ahí, también, comienza la reconstrucción. 

 

Apuntes del reparto

En el otro campamento comparten el convencimiento de que la estructura de la oferta (peronismo reunificado) y el hecho de que en provincia no hay segunda vuelta transforman los 18 puntos de ventaja de Kicillof en una luz indescontable. El desafío, allí, no son los militantes con brazos caídos, sino la euforia anticipada, que buscan contener. Y el trabajo sobre dos planos: los nuevos votantes y los municipios.

El primer punto tiene que ver con el nivel de participación: fue del 78%, pero en 2015 y el 2017 pasó al 80% en las generales. Esos electores agregados se repartieron, las dos veces, 70-30 a favor de Cambiemos. La receta de JpC para neutralizar esa tendencia –además del agravamiento de la crisis post devaluación- está en el padrón de extranjeros y de chicos de entre 16 y 18 años, que no superó el 20% de concurrencia.

El segundo tópico, los municipios, acepta doble lectura. Se sabe que si se repitiesen los números de las PASO, el FdT sumaría 25 más, con lo que controlaría 87, lo que equivale a gobernar a nivel local al 76% del electorado. Pero, además, en ese nivel aparece cristalizarse una primera definición de balance político interno, porque La Cámpora pondrá allí su prioridad, lo que deja más libertad a Kicillof para conformar el Ejecutivo.

La agrupación de Máximo Kirchner tiene fundadas esperanzas de quedarse con Quilmes (Mendoza), La Plata (Saintout), Tres de Febrero (Debandi). Hay que sumar a Mar del Plata, donde un rumor interno induce los índice a esperar un comentario de la radical Vilma Baragiola que podría beneficiar a Fernanda Raverta contra Guillermo Montenegro. Y Bahía Blanca, donde Federico Susbielles recibirá apoyo que no tuvo antes de quedar a dos puntos de Héctor Gay, el intendente PRO.

Ese primer deslinde de campos de influencia, aún embrionario, está menos claro en la Legislatura, donde la unificación de bloques sería en un primer paso entre representantes de intendentes y kirchneristas, sin el massismo. En Senadores se espera que Verónica Magario inicie una carrera para presidir el PJ y se mira la estabilidad del bloque de JpC, que seguiría con mayoría, muy ajustada. En diputados, el objetivo es ir por la presidencia y vice. Y ya pica en punta un nombre: Juan De Jesús, impulsado por Martín Insaurralde. (DIB) AL