Cierre de Tambos: Baja rentabilidad y concentración

Los datos más recientes publicados por el Observatorio de la Cadena Láctea (OCLA) confirman que la desaparición de establecimientos productivos no solo se mantiene de forma sostenida, sino que consolida un proceso de concentración en el que los pequeños productores llevan la peor parte.
Durante el último mes de junio, las estadísticas oficiales arrojaron que otros 33 tambos debieron cerrar sus puertas en comparación con el mes anterior. La perspectiva a largo plazo expone la gravedad de la situación con mayor crudeza: en el último año se han perdido 231 establecimientos en todo el territorio, lo que representa una caída interanual del 2,56%. Se trata de una tendencia que se viene repitiendo de manera casi matemática durante la última década, con una tasa de disminución anual constante del 2,5%. Esta contracción sostenida provocó que a comienzos de este año la cantidad de unidades productivas perforara la barrera psicológica de las 9.000 de forma definitiva. En la actualidad, el país cuenta con unos 8.870 establecimientos en funcionamiento. La cifra queda notablemente rezagada frente a los más de 10.000 tambos que operaban todavía en 2023, y traza una distancia sideral con las 30.000 explotaciones registradas a finales de la década de los ochenta, previo a otra de las grandes crisis del sector.

Los analistas explican que la reducción de unidades productivas no significa necesariamente un desplome equivalente en el volumen total de leche, sino una marcada aceleración en la concentración de la industria. Las grandes estructuras corporativas están absorbiendo el espacio que dejan los pequeños productores. Según el informe de OCLA, los tambos que cuentan con más de 500 vacas en producción representan apenas el 7,1% del total de los establecimientos, pero concentran el 29,7% de los animales y generan más de un tercio de la producción total del país.
En el extremo opuesto del espectro productivo, la vulnerabilidad del eslabón más débil es evidente. Los tambos pequeños, definidos como aquellos con menos de 100 vacas en producción, constituyen el 32,7% de los establecimientos a nivel nacional. Sin embargo, este tercio de productores apenas retiene el 8,1% del rodeo total y aporta menos del 10% de la leche que se industrializa, viéndose sumamente expuestos a la pérdida de rentabilidad y a los altos costos operativos. El fenómeno también repercute de manera directa en el stock bovino. La cantidad de vacas lecheras experimentó un retroceso del 1,91% respecto al mes anterior. Si bien la variación interanual es de una caída leve del 0,26%, la perspectiva histórica expone que el rodeo actual se ubica en 1.527.750 cabezas. Esto representa unas 62.000 vacas menos de las que se registraban hace dos años.
Como contrapartida lógica de la desaparición de los pequeños tambos y la consolidación de las grandes superficies, el promedio de animales por explotación comercial viva ha aumentado de manera drástica. Mientras que en 2023 la media se situaba en 150 vacas por establecimiento, hoy ese promedio escaló hasta las 174 cabezas por unidad. Este panorama plantea interrogantes complejos sobre el futuro del arraigo rural y la sustentabilidad social del negocio lácteo. Detrás de las frías estadísticas de concentración económica y optimización de escala, subyace el drama del desmantelamiento de los establecimientos familiares tradicionales, un engranaje clave en el tejido socioeconómico del interior del país que continúa perdiendo terreno mes a mes.

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