8 Feb 2026
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Nueve de Julio

Basural en el cielo: lo que no se gestiona abajo, se respira arriba

                                                                                      Imagen IG Pedreschi (aportada por vecino)
Por Juan M. Jara

Las imágenes que despertaron con este domingo son contundentes: no muestran niebla ni una postal climática. Lo que se observa es una pluma de humo de baja altura, típica de la quema (voluntaria o involuntaria) sostenida de residuos en basurales a cielo abierto. Cuando no hay viento y se da una atmósfera estable, el humo no asciende ni se dispersa, queda atrapado a nivel respirable. En términos simples, lo que se ve, se respira.
La quema de residuos sólidos urbanos genera una combinación de contaminantes con impacto directo en la salud. Entre ellos, material particulado fino (PM10 y, especialmente, PM2.5), monóxido de carbono, compuestos orgánicos volátiles y, cuando se queman plásticos, gomas o residuos electrónicos, dioxinas y furanos, éstas últimas son sustancias persistentes, bioacumulables y con efectos comprobados sobre el sistema inmunológico, endocrino y reproductivo.


El material particulado fino es uno de los contaminantes más peligrosos. La Organización Mundial de la Salud advierte que no existe un nivel seguro de exposición prolongada a PM2.5. Estas partículas penetran profundamente en los pulmones y pueden pasar al torrente sanguíneo, aumentando el riesgo de enfermedades respiratorias, cardiovasculares y eventos agudos, especialmente en niños, adultos mayores y personas con patologías previas. Cabe imaginar el riesgo al que estan expuestos bomberos, trabajadores y vecinos de la zona del basural.
Desde el punto de vista de lo normativo, la situación no admite ambigüedades. La Ley Nacional Nº 25.916 de Gestión Integral de Residuos Sólidos Urbanos establece que los residuos deben ser tratados de manera que se minimicen los impactos ambientales y sanitarios. La quema a cielo abierto va en sentido contrario a ese principio. A su vez, la Ley General del Ambiente Nº 25.675 incorpora el principio precautorio: cuando existe riesgo para la salud o el ambiente, la falta de información completa no puede ser utilizada como excusa para no actuar.
El humo del basural no es un fenómeno natural ni un episodio aislado. Es una señal concreta de falla en la gestión, en la prevención o en el control. El manejo de residuos, la vigilancia de basurales y la prevención de incendios son responsabilidades públicas indelegables. Cuando un basural humea, el problema ya dejó de estar en el suelo, pasó al aire de todos los nuevejulienses.
Lo que no se gestiona correctamente abajo no desaparece. Se transforma. Y cuando se transforma en humo, se vuelve respirable, compartido y silencioso. El aire no distingue responsabilidades ni jurisdicciones. Lo respiramos todos. Hasta cuándo?

 

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