11 Abr 2026
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Artemis II: de vuelta en casa


Tras diez días y un recorrido de más de 1,1 millones de kilómetros, la misión Artemis II concluyó este viernes a las 21:07 (hora argentina) con un descenso que la propia NASA no ha dudado en calificar como «de manual». La cápsula Orion se posó sobre las aguas del océano Pacífico, frente a las costas de San Diego, tras haber superado las fases más críticas de un viaje que la llevó a rodear la Luna. El equipo de rescate, que aguardaba en la zona, confirmó rápidamente que los astronautas se encontraban en excelente estado físico. Los estadounidenses Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y el canadiense Jeremy Hansen hicieron historia al haber llegado más lejos en el espacio que cualquier otro ser humano.
El descenso final de la misión Artemis II ha sido descrito por los ingenieros de la misión como una «coreografía de fuego y precisión». Al entrar en contacto con las capas superiores de la atmósfera, la cápsula enfrentó condiciones extremas, viajando a casi 40.000 kilómetros por hora. Durante este proceso, la fricción elevó la temperatura del escudo térmico a unos 2.800 grados centígrados, un desafío diseñado para probar los límites de los materiales que protegerán a las futuras tripulaciones espaciales.

La fase definitiva del regreso comenzó horas antes del contacto con el agua. A las 15:53, la nave realizó un encendido de propulsores de apenas ocho segundos, una maniobra de precisión quirúrgica necesaria para ajustar la trayectoria de entrada. Poco después de las 20:30, el módulo de tripulación se separó del módulo de servicio, dejando al escudo térmico como la única barrera entre los astronautas y el vacío hostil antes de chocar contra la atmósfera terrestre. El corresponsal de Ciencia de la BBC, Pallab Ghosh, destacó que el módulo de servicio fue el verdadero «caballo de batalla» de estos últimos diez días. Fue este componente cilíndrico el que generó la energía vital para la tripulación y ejecutó las maniobras de propulsión a través de las 230.000 millas de espacio que separan la órbita lunar de nuestro hogar.Sin embargo, su labor terminó justo antes del reingreso, dejando a la cápsula Orion sola frente a las leyes de la física.

A las 20:53, la misión entró en su etapa más peligrosa. Al precipitarse a través de la atmósfera, la fricción generó una capa de plasma que alcanzó los 1.650 °C, mientras que el escudo térmico de la nave soportó temperaturas cercanas a los 2.700 °C, lo que equivale a la mitad de la temperatura de la superficie del Sol. Esta barrera de fuego provocó un apagón de comunicaciones de seis minutos, un periodo de tensión absoluta en el centro de control de la misión hasta que la señal de radio fue restablecida. El sistema automático de paracaídas entró en funcionamiento a las 21:03, frenando drásticamente el descenso hasta que la cápsula tocó el agua a una velocidad de unos 32 kilómetros por hora. Tras el impacto, un equipo médico especializado ingresó a la nave para verificar la salud de los viajeros. «Están en verde», informó un oficial, utilizando el código técnico para indicar que se sienten muy bien, una broma que Megan Cruz, portavoz de la NASA a bordo del USS John P. Murtha, aclaró rápidamente para evitar confusiones cromáticas con la piel de los astronautas.
Los tripulantes fueron trasladados en helicóptero desde el lugar del amerizaje hasta el buque anfibio para recibir chequeos médicos profundos. Aunque la vida en el espacio es físicamente agotadora para el cuerpo humano, la agencia espacial confirmó que todos están sanos y con un ánimo inmejorable. Tras la recuperación de la cápsula, el próximo paso será el reencuentro de los astronautas con sus familias, cerrando así un capítulo que deja a la humanidad a un solo paso de volver a caminar sobre el polvo lunar.
El significado de estos diez días en el espacio va mucho más allá de una simple prueba de vuelo. Durante la misión, los sistemas de soporte vital, los controles de navegación y las comunicaciones de largo alcance fueron sometidos a niveles de estrés que no pueden replicarse en la órbita terrestre. La recolección de datos sobre la exposición a la radiación en el Cinturón de Van Allen será fundamental para garantizar la salud de los astronautas en estancias prolongadas.
Con la cápsula Orion ya a salvo en las instalaciones de la NASA, la atención se centra ahora en el análisis minucioso de cada componente. Los resultados determinarán la viabilidad del siguiente gran paso: Artemis III, la misión que busca llevar a los humanos a pisar nuevamente la superficie lunar. Por ahora, el programa espacial internacional celebra que el vehículo más avanzado de la humanidad ha demostrado ser capaz de ir y volver del abismo lunar con absoluta seguridad.

 

 

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