La reciente incorporación de Oscar Ahumada, ex-capitán de River Plate, a las filas de La Libertad Avanza en el municipio de Zárate, reabre el debate sobre la efectividad y los motivos detrás de estas transiciones que, a menudo, buscan capitalizar la popularidad del estadio en las urnas.
Ahumada, nacido en River, con dos periodos con la banda roja y pasos por Europa y México, un 5 de marca férrea y recordado por una controvertida frase sobre el «silencio atroz» en el Monumental, se había mantenido alejado de la exposición pública desde su retiro en 2014.
Tras consolidarse como empresario en el sector de la construcción y el mantenimiento industrial en el norte bonaerense, su salto a la política de la mano del partido liderado por Javier Milei no es casual. Dirigentes locales lo proyectan como una figura con potencial electoral para las próximas elecciones municipales, confiando en que su perfil de «hombre de acción» y su éxito en el sector privado sintonicen con el electorado libertario.
La llegada de Ahumada a la política bonaerense subraya una estrategia que los partidos modernos parecen haber perfeccionado: el uso de «outsiders» con alta visibilidad para penetrar en territorios donde la política tradicional genera rechazo.
En sus redes sociales, el ex futbolista se ha expresado publicamente a favor del Javier Milei, incluso con polémicos posteos en referencia al kirchnerismo con temas como la condena a CFK y el sindicalismo.
En Zárate, un distrito clave de la segunda sección electoral, la apuesta libertaria por el exfutbolista sugiere que, en tiempos de desencanto institucional, la disciplina deportiva y el éxito empresarial se presentan como las nuevas credenciales de idoneidad para el servicio público. El tiempo dirá si el antiguo mediocampista central logra, en el tablero político, la misma distribución de juego que alguna vez mostró sobre el césped.





