Los demócratas le quitaron a Trump el control del Congreso. En la Casa Rosada saben que esa elección también se votaba acá.
Por Redacción Extra Digital
Hay elecciones que se pierden sin figurar en la boleta. Donald Trump lo dijo a su manera en la madrugada de este miércoles cuando escribió que él no aparecía en las listas y que, si hubiera aparecido, la victoria habría sido aplastante. Javier Milei podría haber escrito lo mismo, con una diferencia. Él tampoco estaba en la boleta, pero había hecho de ese resultado una parte de su programa económico.
Los números de la noche son de los que obligan a reescribir manuales. Los demócratas recuperaron la Cámara de Representantes con una mayoría holgada, y Hakeem Jeffries reemplazará a Mike Johnson en la presidencia del cuerpo. Según los cómputos disponibles al cierre de esta edición, también se quedaron con el Senado. Carolina del Norte eligió a su primer senador demócrata en veinte años. En Texas, la demócrata Gina Hinojosa derrotó a Greg Abbott, que gobernaba desde 2015. Florida resistió por poco más de un punto. El dato que más inquieta en Washington es el humor de la Casa Blanca, que un alto funcionario describió como «desafiante».
Para entender por qué esto se mira desde Buenos Aires con el ceño fruncido hay que volver a la arquitectura que armó el Gobierno. La estabilidad del programa de Luis Caputo descansa en buena medida sobre un swap de 20.000 millones de dólares con el Tesoro norteamericano, una herramienta que depende de la voluntad de Scott Bessent y, en última instancia, de la de Trump. Mientras el presidente norteamericano controlaba las dos cámaras, esa voluntad no tenía quien la auditara. Desde enero la va a tener.
Conviene no exagerar. El Tesoro conserva las facultades para sostener el swap y Trump puede seguir operando por decreto. Lo que cambia es el clima. Un Congreso opositor tiene comisiones, citaciones y presupuesto, y en los pasillos del Capitolio ya circulan borradores para limitar los salvatajes financieros a la Argentina. Algunos pedidos de informes sobre el swap llevaban incluso la firma de republicanos. En el Gobierno responden que la asistencia del Tesoro no depende del Congreso, y en eso tienen razón. La ayuda puede seguir, pero cada dólar empezará a costar una explicación. El problema se extiende más allá de las finanzas. El acuerdo comercial bilateral necesita ratificación parlamentaria, y hasta que llegue la industria argentina sigue pagando un arancel mínimo del 10%. En el Palacio de Hacienda ya dudaban de que se aprobara antes de fin de año, y ahora esas dudas tienen nombre y apellido.
En una ciudad como Nueve de Julio, que vive del campo y de lo que el campo mueve, esa discusión lejana se traduce en algo muy concreto. Cada punto de riesgo país encarece el crédito del productor, y cada mes sin acuerdo es un mes más de arancel para quien quiere vender afuera. El mercado hizo su propia lectura antes que nadie. El martes, mientras se votaba, el riesgo país superó los 800 puntos, subió el dólar y cayeron bonos y acciones. Es la medida exacta de una apuesta que se hizo demasiado personal. Milei construyó con Trump algo más parecido a una afinidad electiva que a una relación de Estado, y las afinidades electivas tienen un defecto conocido, que dependen de que el otro siga ganando.
La historia argentina tiene antecedentes de alineamientos que se pagaron caros cuando cambió el viento en Washington. Carlos Menem cultivó las relaciones carnales con Bush padre y las mantuvo con Clinton, porque entendió que el vínculo con Estados Unidos se sostiene con el Departamento de Estado, el Tesoro y el Congreso a la vez. Esa lección parece haberse perdido en algún lugar entre Mar-a-Lago y la Casa Rosada. A partir de enero, Washington tendrá dos centros de poder, y la Casa Rosada tiene trato fluido con uno solo. La agenda argentina en Estados Unidos va a necesitar interlocutores demócratas que hoy no tiene.Trump todavía tiene dos años de mandato y dijo estar dispuesto a aceptar los resultados y llegar «a algún acuerdo». Es probable que la cooperación con la Argentina sobreviva a esta noche. Lo que cambió es su naturaleza. Hasta ayer, Milei tenía un aliado con las manos libres. Desde hoy tiene un aliado que va a tener que negociar cada decisión, y en esa negociación la Argentina no será prioridad para nadie salvo para la Argentina.
Queda una pregunta que el Gobierno preferiría no escuchar. Si el plan económico necesitaba que Trump ganara en Texas, el plan tenía un punto débil que no figuraba en ninguna planilla. Ahora figura.





