Las administraciones de Javier Milei y Donald Trump han formalizado este jueves un ambicioso Acuerdo de Comercio e Inversión Recíproco que promete reconfigurar el mapa económico del Cono Sur. La firma, sellada en Washington por el canciller argentino Pablo Quirno y el representante comercial estadounidense Jamieson Greer, representa el paso más concreto hasta la fecha en la alianza geopolítica entre ambos mandatarios.
El núcleo del acuerdo establece una rebaja arancelaria general del 10%, aunque el impacto más significativo se sentirá en sectores estratégicos. Estados Unidos ha otorgado una ampliación sin precedentes para el ingreso de carne vacuna argentina, elevando el cupo preferencial a 100.000 toneladas anuales, lo que podría suponer ingresos adicionales por 800 millones de dólares para el sector agropecuario. Asimismo, Washington eliminará aranceles para casi 1.700 productos argentinos, principalmente recursos naturales y componentes para la industria farmacéutica.
A cambio, Argentina ha aceptado una apertura sustancial de su mercado doméstico. El gobierno de Milei se ha comprometido a eliminar barreras no arancelarias, como licencias de importación y trámites consulares, además de reducir gradualmente el impuesto estadístico para bienes estadounidenses. Un punto clave es el alineamiento normativo: Argentina reconocerá las certificaciones de la FDA para medicamentos y dispositivos médicos, así como los estándares de seguridad estadounidenses para la importación de vehículos, eliminando la necesidad de revalidaciones locales.
El pacto también incluye cláusulas rigurosas sobre propiedad intelectual y normas laborales. Buenos Aires reforzará el control contra la piratería y adoptará prohibiciones sobre la importación de bienes producidos mediante trabajo forzoso. En el plano estratégico, ambos países acordaron coordinar acciones contra prácticas comerciales de terceros países que no se rijan por las reglas del mercado, una medida que los analistas interpretan como un mensaje directo hacia la influencia de China en la región.
A pesar del optimismo oficial, algunos sectores industriales mantienen la cautela. El acero y el aluminio argentinos seguirán sujetos a un arancel del 50% en suelo estadounidense, alineado con la política proteccionista de Trump, aunque Washington se ha comprometido a revisar estas medidas bajo criterios de seguridad nacional en el futuro cercano. El texto final del acuerdo será remitido ahora al Congreso argentino para su tratamiento legislativo, donde se espera un intenso debate sobre las implicancias de esta apertura para la industria nacional.





