Según los últimos datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), la actividad industrial registró un desplome del 8,7% durante el mes de febrero en comparación con el mismo periodo del año anterior. Esta cifra no solo confirma la tendencia negativa con la que inició el 2026, sino que profundiza la preocupación entre los empresarios y sindicatos del sector, especialmente en la provincia de Buenos Aires, el principal motor productivo del país.
El informe oficial revela un panorama de debilidad casi generalizada: 14 de las 16 ramas industriales relevadas mostraron números en rojo. El impacto ha sido particularmente severo en sectores sensibles al consumo interno y a la inversión. La industria textil lideró las pérdidas con un retroceso superior al 33%, seguida de cerca por la fabricación de maquinaria y equipo, que cayó casi un 30%. Incluso el sector automotriz, históricamente uno de los pilares de la economía local, sufrió una contracción del 24,6%, reflejando tanto la caída en las ventas internas como una menor demanda desde mercados externos clave como Brasil.
Los analistas vinculan este escenario a una combinación de factores que han asfixiado la producción nacional. Por un lado, la persistente pérdida de poder adquisitivo de los hogares ha frenado el consumo de bienes no esenciales, como indumentaria y electrodomésticos, estos últimos con caídas que rondan el 38%. Por otro lado, el sector se enfrenta a un aumento en los costos operativos y, en algunos segmentos específicos, a una competencia creciente de productos importados en un contexto de apertura comercial y ajuste fiscal.
A pesar del desalentador panorama general, el informe técnico permite divisar algunos «brotes verdes» aislados en sectores estratégicos. La refinación de petróleo y la producción de químicos mostraron variaciones positivas, impulsadas principalmente por la actividad en yacimientos no convencionales y la demanda de insumos para el agro. Sin embargo, estos avances resultan insuficientes para compensar el derrumbe de las industrias de uso intensivo de mano de obra, lo que plantea serios desafíos para la estabilidad del empleo industrial en el primer semestre del año.






