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Nueve de Julio
jueves, 9 abril, 2020

Ojos de Galgo

Silvana Gassman dedica su tiempo a rescatar y reubicar galgos descartados y abandonados. Con su refugio “Amor de galgo” creó una red que en 9 de Julio también tiene sus adeptos. Una nota para descubrir lo que transmite la mirada de un galgo.

(Por Juan Manuel Jara)

Desde épocas remotas, los galgos, dóciles y rápidos por naturaleza, se usaron para la caza. Ya en tiempos de los romanos se los utilizaba para la cacería de liebres en Hispania, según cuentan algunos escritos históricos. Los orígenes de la raza se remontan al antiguo Egipto. Incluso hay monedas romanas con imágenes de estos perros. Siglos después llegaron las carreras, en 1876 aparecieron las primeras en Inglaterra. Y ahí comenzó otro capítulo.
“Las carreras son a beneficio único del propietario, estamos hablando de un beneficio económico a través de las apuestas, que son suculentas. Y están aquellos que hacen su negocio criando galgos para estas tareas. El criador gana también”, explica el veterinario Eduardo Cubino, columnista del programa Un Plan Perfecto (Forty 106.9).
Pero con estas prácticas, como es sabido, vienen aspectos negativos: animal que no sirve se abandona. Si bien en nuestro país hay una legislación de avanzada en estos aspectos gracias a que, en 2016, con apoyo del entonces presidente Macri, con la ley 17.330, se prohibieron las carreras de galgos a nivel nacional. Esa prohibición de las carreras en territorio argentino (por supuesto que siempre hay alguna clandestina) implicó el descarte de muchos de estos perros. La Asociación Protectora de Animales de Junín cuenta con 200 caniles, de los cuales 150 están ocupados con galgos rescatados del descarte de las carreras. Descarte significa también no alimentarlo más. “Esos llévatelos, ya no me sirven”, se escucha decir en el mejor de los casos, a modo de oferta piadosa.
Cubino agrega que “en España se llegó a ahogar a los galgos que ya no servían, para ahorrar balas. Una salvajada lindante con el sadismo, a raíz de un rédito económico tan exacerbado. El galgo es útil mientras dé beneficio, y lo que no da beneficio se tira. Y además lleva a un maltrato que es algo indignante. Por supuesto, para aquellos que los utilizan no es nada, pero ya el solo hecho de llevarlos a cazar dentro del baúl, es indignante, una salvajada”.
Las carreras en sí no estarían mal. Lo malo es el descarte. El mundo se dirige a evitar el maltrato animal en todos los órdenes. Estas prácticas, que están dentro de la cotidianeidad, hoy tienden a evitarse. Están atadas a una cuestión económica lo cual conlleva a una práctica no deseada y a excesos. A los caballos de carrera no se los mata cuando no pueden correr más. Los galgos que han padecido durante una parte de su vida pueden tener otra mejor. La gente que los rescata hace un trabajo impresionante. Los buscan, los curan y les buscan un hogar. Con ellos se redime un poco la raza humana.

“Yo no tenía idea de la realidad de estos animales en este país. Hoy en día me dedico por completo a poder salvarlos”. Esto lo dice Silvana Gassman, joven docente, que se puso al frente de una cruzada por rescatar y reubicar a cuanto galgo pueda a través de su refugio “Amor de Galgo”.
Cuenta que aprendió a ver con ojos de galgo, porque “con su mirada transmite el horror de lo que ha padecido y cautiva el corazón, cuando conocés su historia, su mirada transmite todo”.
Vive en el conurbano, en una zona céntrica, pero se dio cuenta que a 20 cuadras de su casa hay galgueros, que están en todas partes, y entonces ella dice que empezó a mirar con ojos de galgo porque “donde voy trato de ver si hay alguno al que pueda ayudar”.

SEMANARIO EXTRA: ¿Cómo empezaste con esto?
SILVANA GASSMAN: Mi marido hace mountain bike y yo lo acompañaba a competir por los distintos pueblos de Buenos Aires. En uno de esos viajes ví a una persona en una moto y llevando de una correa a un perro que para mí era un monstruo, porque estaba deformado, como si fuese un fisicoculturista. Nos llamó la atención y empecé a investigar. Me informé sobre las carreras, y la caza con galgos. Así me pongo en contacto con una proteccionista, Alba Araujo, en General Villegas. Ella me cuenta sus vivencias y así adopté mi primer galgo. Lo habían arrojado sobre el alambrado del refugio del pueblo, con una pata quebrada. Ver tanta tristeza me impactó y ese fue el primero que adopté.
Cinco galgos tengo hoy pero en mi casa hay 30 que están en tránsito, van circulando. Después, adopté un segundo galgo. Y luego hice mi primer rescate. Íbamos por la ruta y vimos unos ojitos, estaba con un tiro, lo subimos y lo curamos. Desde entonces no paré nunca más.

Silvana tejió una red solidaria. “Empecé sola. Pero mucha gente se me fue sumando. Yo por esto dejo la vida. Hay mucha gente linda con ganas de ayudar”, cuenta con un dejo de orgullo.
Así conoció a Julia Cingolani y hoy trabajan en conjunto. “Le doy toda la ayuda que puedo.
Esa gente, por decirle de alguna manera amable, pero podría decir los malditos galgueros, no van a gastar su tiempo o dinero en castrar, en curar, en desparasitar. Entonces, si se les enferma el perro que usan para cazar un par de liebres, y bueno, dejalo ahí que se muera, total puedo conseguir otra perra que tenga cachorros. Ese es el pensamiento”.

“Trabajo de la mano de Sil Gassman”, cuenta Julia Cingolani, “ella rescató en el 2016 a León. Vi una publicación y la empiezo a ayudar a conseguir una medicación que ese galgo debía tomar y que por entonces costaba cerca de mil pesos. Y ahí empecé a rescatar galgos por mi cuenta”.
Ahí se le dio por descubrir qué es lo que hacía el galguero con sus galgos. Aun con la ley sancionada, las carreras siguieron haciéndose en 9 de Julio, Bolívar, Pehuajó. Hay canódromos en La Pampa, Río Negro, Neuquén. A partir de la ley se vio el descarte. Y empezaron a aparecer galgos sueltos, a la deriva.
Cingolani cuenta que “son contados con los dedos de la mano los galgueros que se quedan con un animal quebrado o lastimado. Y así lo descarta”.
Ella se encarga de rescatarlos, de los cuidados veterinarios, de buscarles un hogar de transito. Lleva en su haber 270 galgos rescatados, aproximadamente.
“Es una cadena solidaria de amor. Alguien avisa, lo busco, lo llevo a mi veterinario, Germán Marrafino, es con quien castro y opero si hace falta. Busco un hogar de transito hasta que viene un transporte solidario a buscarlos o los mando al hogar “Amor de Galgo”, explica Julia.
SE: ¿Viste a algún galguero que valga la pena en relación al cuidado hacia su perro?
JULIA CINGOLANI: Ninguno. A mí me pueden contar lo que quieran, pero no les creo nada. Bueno, alguno hay. Tuve un amigo que tenía galgos que en invierno dormían con calefacción y en verano con aire acondicionado, y cuando dejó de hacerlos correr se los quedó, no los tiró a la calle. Pero ese fue uno entre mil.
Cuenta que no tiene paz. Le llueven llamados o mensajes de donde hay un galgo a la deriva. Y cuando su trabajo se lo permite, sale al rescate.
SE: ¿Cuándo para esto?
JC: Nunca. Hay más galgos de los que nosotros creemos. Hoy yo necesitaría más manos acá, más gente que ayude. Yo dependo del que me dona. Lo que puedo lo pago de mi bolsillo. A mí me mata el conseguir el hogar de tránsito acá en 9 de Julio.

En la mirada del galgo rescatado se puede leer el agradecimiento. Ese trabajo que muchas veces es incómodo, otras veces peligroso porque no es novedad decir que las carreras de galgos mueven mucha plata y con ello aparecen los grupos pesados capaces de hacer lo que sea para mantener su negocio, finalmente con el tiempo genera una conciencia en la sociedad en la cual cualquiera puede ayudar con alguno de los pasos de esa cadena solidaria que va desde el recate hasta conseguirles un nuevo hogar.
Silvana Gassman estuvo tiempo atrás en 9 de Julio a hacer un rescate. “Al principio iba a cada rescate, pero ahora, que tengo más responsabilidades con todos los que tengo en mi casa, se me hace imposible. Por suerte la red de “Amor de galgo” es cada vez más extensa”, cuenta la rescatista.
El veterinario Cubino agrega que “el galgo es una maravilla de la biología. De parado, puede saltar un alambrado de metro ochenta de altura sin tomar carrera. Además, hay datos que son categóricos: Un caballo hace aproximadamente 200 metros en 12 segundos. El galgo hace 300 metros en 17 segundos. Alcanzan velocidades de hasta75 kilómetros por hora. Esa fisonomía es natural, viene de fábrica. El galgo inglés es el más ligero. En España han cruzado el galgo local con el inglés, que es un poco más alto. Pero el más puro es el español. De este derivó el británico y los otro lebreles”.

Son muy inteligentes, sanos y longevos. Pueden vivir hasta 15 años. Como animal de compañía es ideal por su docilidad, producto, quizás, de tantos años de obedecer y de ser sometido. La mirada de un galgo es algo inolvidable. Esa misma que conmueve a gente como Silvana Gassman, Julia Cingolani y tantas otras personas que las lleva a buscar para esta raza una vida digna.

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