Las sociedades contemporáneas que se van deshilachando de valores y cosechando en abundancia de perjuicios, nos reflejan la realidad y se van adueñando de una normalidad tan invadida de individualismo mezquino, son las mismas que levantan fácil el dedo acusador, estigmatizando, sin importarles el mal que le están haciendo a esa persona que es acusada ante una sociedad enferma
pero a la vez deseosa de “acusar”, esto es debido a la cultura de la inmediatez, la polarización política y el efecto amplificador de las redes sociales, estas plataformas fomentan juicios instantáneos y validan la indignación publica sin necesidad de un debido proceso.
Un dedo que se levanta y señala, acusa, intimida, perturba, intranquiliza y coloca a la víctima en un fragmento de vulnerabilidad, indefensa y desprotección. ¿Qué ocurre cuando se desprende a un recién nacido de las garras de su madre y se la acusa directa o indirectamente que no puede criar a su hijo? ¿Está preparado el Estado para realmente proteger los derechos de los niños recién nacidos?
La separación de una madre y su recién nacido es una de las intervenciones más delicadas que existen en protección infantil. Desde nuestra perspectiva, es importante distinguir dos cuestiones:
1. El consumo de sustancias por sí solo no demuestra automáticamente la incapacidad parenteral.
Una persona puede tener un trastorno por consumo de sustancias, aun así, mantener capacidad de cuidado adecuadas en determinados momentos. Por eso las guías de protección infantil suelen recomendar una evaluación integral del riesgo y no decisiones basadas únicamente en un diagnostico o antecedentes.
2. El riesgo para el recién nacido debe ser concreto y actual.
La pregunta central seria: ¿Existe un peligro significativo para la seguridad o el bienestar de ese bebe si permanece con su madre ahora mismo? La respuesta requiere valorar múltiples factores clínicos, sociales y familiares.
También es cierto que una separación temprana en la relación recién nacido-Madre tiene costos potenciales:
*Interferencia en el establecimiento del vínculo temprano.
*Dificultades para la lactancia.
*Estrés para la Madre y el recién nacido.
*Posibles efectos sobre el apego, especialmente si la separación se prolonga.
También es cierto que cuando se percibe un riesgo elevado, el daño potencial de no intervenir podría ser mayor que el de una separación temporal.
No son datos menores antes de realizar una separación del vínculo:
*El patrón y la gravedad del consumo.
*El estado de la madre en el puerperio inmediato.
*La existencia o no de apoyo familiar.
*Antecedente del cuidado de otros hijos.
*Evaluaciones de trabajo social, salud mental y obstetricia.
*La posibilidad de medidas menos restrictivas que una separación completa.
Para concretar una medida tan invasiva debe estar basada en una evaluación individualizada del riesgo, no únicamente en el antecedente del consumo de sustancias. No basta con demostrar que existe un factor de riesgo, también debe valorarse el impacto de la separación y si existen alternativas menos restrictivas.
Desde la neonatología y pediatría actual, existe un amplio consenso en que, cuando es seguro hacerlo, el contacto precoz madre-hijo, el alojamiento conjunto y el fortalecimiento del vínculo son beneficiosos para el recién nacido. La separación
debe ser reservada para situaciones en las que se considera necesaria para protección del recién nacido. En términos generales, cuando puede hacerse de forma segura, suele preferirse mantener juntos a la madre y al recién nacido con el apoyo y
supervisión antes que separarlo.
Es razonable plantear una reflexión. ¿La intervención estuvo centrada únicamente en el riesgo o también contemplo necesidades de la madre y la preservación del vínculo? Algunos autores dentro de la Pediatría social y neonatología sostiene que
el interés superior del recién nacido no consiste solamente en protegerlo de riesgos, sino también en favorecer, siempre que sea posible y seguro el desarrollo de una relación estable y saludable con la madre.
El estigma hacia las personas con trastornos por consumo de sustancias es un problema reconocido en medicina, salud mental y trabajo social. De esta manera hacernos las siguientes preguntas nos podrá esclarecer aún más: Una madre que consume sustancias, por lo tanto no puede criar a su hija, conclusión basada en prejuicios.
Tras una evaluación integral encantamos riesgos concretos para el recién nacido, una conclusión basada en evidencia.
Las decisiones deben apoyarse en hechos observables y no en etiquetas. Si la respuesta fuese únicamente “consume sustancias”, entonces la preocupación sobre un posible sesgo o dedo acusador sería razonable desde el punto de vista
ético/profesional, Si, en cambio había negligencia para el cuidado, violencia o abandono, la valoración es diferente.
Una cuestión relevante es que una política centrada solo en separar puede terminar siendo insuficiente. Si una madre tiene problemas de adicciones, el sistema debería preguntarse:
*¿Cómo ayudamos a la madre a recuperarse?
*¿Cómo preservamos el vínculo si es posible?
*¿Cómo favorecemos una futura reunificación segura?
* ¿Cómo protegemos al bebe?
La adicción es un trastorno de salud eso no elimina la necesidad de proteger a los niños cuando existe riesgo, pero tampoco debería convertir automáticamente a una madre en alguien incapaz de ejercer su maternidad. Evaluar a una madre solo
por un diagnóstico de consumo y no por su identidad como persona y cuidadora es un grosero error.
Muchas veces desde una fotografía característica colocada en la redes sociales, nos da el derecho de opinar, de levantar el dedo acusador ¿Mira que cara tiene, como va a poder ser madre? ¿Y si esa foto característica tiene ese fin para que la sociedad opine? ¿Quiénes deciden desde el Estado colocar fotos en las redes sociales ante estos casos? ¿Y si se quiere dar ese aspecto mediante una fotografía desprolija?
Como sociedad no tenemos ningún derecho a levantar nuestro dedo acusador en un tema tan delicado como la separación de una madre con su recién nacido, más aun cuando diariamente se vulneran los derechos de los niños y seguimos mirando con indiferencia.
Dr. Giuliodoro José M.
MP 111283 MN 97540
Esp. Pediatria-Infectologia Infantil
Master en Salud Pública





