La mitad del país vive con menos de medio millón

Por Javier Pappalardo

El INDEC publicó cómo se repartió el ingreso en el segundo trimestre. Los ingresos crecieron menos que los precios, la desigualdad subió unas milésimas y el empleo informal sigue partiendo el mapa laboral en dos.

El jueves, mientras la agenda pública discutía otras cosas, el INDEC publicó uno de esos informes que no hacen ruido y que dicen más que muchos discursos. Se llama «Evolución de la distribución del ingreso» y muestra cuánto ganan, y cómo se reparte lo que ganan, los habitantes de los 31 aglomerados urbanos que releva la Encuesta Permanente de Hogares. Corresponde al segundo trimestre de 2026 y conviene leerlo despacio, porque detrás de cada cuadro hay una mesa familiar.
Empecemos por la cifra que mejor resume el informe. La mediana del ingreso per cápita familiar fue de $500.000. Dicho en criollo, la mitad de la población urbana vive en hogares donde, si se divide todo lo que entra por la cantidad de integrantes, a cada uno le tocan menos de quinientos mil pesos por mes. El promedio da más alto, $688.496, y esa distancia entre promedio y mediana ya es un dato en sí mismo, porque los ingresos de arriba empujan el promedio hacia arriba sin mover la vida de la mayoría.

Crecer en pesos, perder en precios

La suma de todos los ingresos de la población relevada llegó a $20,7 billones, un 29,3% más que en igual trimestre de 2025. Parece mucho hasta que se lo pone al lado de la inflación interanual, que en junio cerró en 33,5%. Faltan cuatro puntos. En términos reales, la masa de ingresos se achicó alrededor de un 3% en un año. El detalle por tipo de trabajo es más elocuente. Los asalariados con descuento jubilatorio cobraron en promedio $1.433.794, un 26,5% más que un año atrás. Los asalariados en negro cobraron $706.204, apenas un 24,9% más. Los dos grupos quedaron detrás de los precios, y los más desprotegidos quedaron más lejos.
El coeficiente de Gini, que mide la desigualdad entre 0 (todos ganan lo mismo) y 1 (uno solo se lleva todo), marcó 0,428, frente a 0,424 en el mismo trimestre de 2025. El primer trimestre de este año había dado 0,442, aunque ese número está inflado por el aguinaldo, de modo que la comparación honesta es la interanual. El movimiento es chico, pero va en la dirección equivocada.
Otra forma de verlo. El 10% más rico de la población concentra el 32,3% del ingreso total; el 10% más pobre, el 1,8%. La mediana del decil más alto es de $1.800.000 y la del más bajo, de $134.000. Trece veces más. Si se usan promedios en lugar de medianas, la distancia trepa a 18 veces. Ambas brechas están exactamente igual que hace un año.
Hay un matiz que corresponde consignar. La proporción de personas que viven por debajo de la mitad de la mediana, es decir con menos de $250.000 per cápita, bajó levemente, de 17,6% a 17,3%. La foto, entonces, muestra una desigualdad quieta, instalada en un nivel alto, que ni se dispara ni se corrige.

Dos países laborales

De los 13,6 millones de ocupados que abarca la encuesta, el 45,2% trabaja en la informalidad. El ingreso medio de un trabajador formal fue de $1.504.943; el de uno informal, $661.214. Menos de la mitad. Entre los asalariados, casi cuatro de cada diez no tienen aportes jubilatorios. Y la mediana del ingreso de la ocupación principal fue de $900.000, lo que significa que la mitad de los argentinos que trabajan cobra eso o menos por su empleo principal. El dato más inquietante del informe está en el fondo de la pirámide. En el 10% de hogares de menores ingresos, el 67,3% de lo que entra no proviene del trabajo; son jubilaciones, pensiones, asignaciones, cuotas alimentarias o ayudas. En el decil más alto, esa proporción es del 13,4%. Si se ordena a los hogares por ingreso per cápita, en el decil más pobre hay 307 personas sin ocupación por cada 100 ocupados. Hace un año eran 273. Son hogares de 4,2 integrantes en promedio, contra 1,8 en el decil más rico. En otras palabras, en las casas más humildes hay cada vez menos gente trabajando para sostener a cada vez más. Hay una buena noticia relativa. La brecha de ingresos laborales entre varones y mujeres bajó a 26,3%, desde 27,2% un año atrás y 29,3% en el trimestre anterior. Aun así, ellas cobraron en promedio $943.439 por su ocupación principal y ellos $1.280.538. Y un dato que habla solo: las mujeres son algo más de la mitad de quienes perciben algún ingreso, pero reciben el 43% del total.

¿Y por casa?

Nueve de Julio no figura en estas estadísticas. La EPH mide los grandes aglomerados urbanos, y en la provincia los más cercanos a nuestra realidad son Gran La Plata, Mar del Plata o Bahía Blanca. Las ciudades medianas del interior bonaerense quedan fuera de la muestra, y eso obliga a leer estos números por analogía, con prudencia. También deja planteada una deuda pendiente, porque un distrito que no se mide a sí mismo discute su economía a ciegas.

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