En llamas

Entrevista con el nuevejuliense Pedro Belloni, radicado en la zona caliente de Australia asolada por los incendios. Radiografía en primera persona de cómo se vive en medio del infierno.

(Por Juan Manuel Jara)

Está a doce mil kilómetros de distancia y catorce horas “en el futuro”, como nos cuenta Pedro Belloni ni bien comenzamos nuestra charla. Esa diferencia horaria separa Australia de su 9 de Julio. Hasta esas tierras de canguros, koalas, barrera de coral, tiburones y muchas otras cosas, lo llevó el destino.

Reside en una localidad llamada East Gippsland, en el sudeste del estado de Victoria, una de las zonas más complicadas por los incendios que están devastando Australia. El fuego ya arrasó con un millón de hectáreas sólo en esta área. “Dos de los Estados más complicados son este (Victoria) y Nueva Gales del Sur, por la población que está muy cerca de los incendios”, cuenta Pedro, “y ya se habla de más de 10 millones de hectáreas quemadas, casi 100 mil kilómetros cuadrados, el equivalente a Croacia y Dinamarca juntas, o Irlanda y Bélgica. Esto para graficar de alguna manera la gravedad de este asunto. La mano esta complicada”.

SEMANARIO EXTRA: ¿Es algo en progreso o va menguando en cuanto a la intensidad?

PEDRO BELLONI: Está definitivamente en progreso. Se estima que dure lo que resta del verano. Imagínense que cada ola de calor hace que crezcan las cifras. Ya son 28 los muertos, la mayoría bomberos o personas que estaban intentando ayudar. El último fue en una ciudad cercana de acá, a causa de un golpe por la caída de un árbol, y así se van sumando las cifras que no van a dejar de aumentar por lo que resta del verano. Las lluvias son una especulación, nada más. Este fin de semana hubo una que ayudó aliviar los casi 40 grados y de esa forma los focos de incendio no se extendieron tanto. En cambio, en el anterior fin de semana, las lluvias llegaron mucho después de haber alcanzado el pico de calor de los 40 grados. Para entonces ya era tarde. Incluso, en algunos lugares, ni siquiera ayudan porque imaginate que los caminos están mojados, los camiones de suministros o de emergencia no pueden ir a la velocidad que necesitan. Si el pasto está mojado no se puede generar un fuego controlado para retener un foco de incendio. Llovieron tan solo 20 milímetros y son necesarios unos 200 para terminar con la combustión del suelo, y eso no está pasando.

SE: ¿Cómo es el día a día en la ciudad donde estás vos con el humo, el calor, las cenizas?

PB: Bueno, ha sido muy complejo. Esto empezó en septiembre. El australiano es un ecosistema que está predispuesto a la sequía, a la humedad, a la falta de lluvias, a los incendios y al calor durante el verano, pero no desde septiembre. Hay personas que están lidiando con los incendios desde muy cerca y es por eso que algunas de las medidas que ha tomado el gobierno tienen que ver, justamente, con eso, con la ayuda social, y la ayuda para personas que no solo necesitan recursos sino también manejar una situación que ya les excede. Y esa es la sensación generalizada. La angustia, la incertidumbre, el stress, todo el mundo conoce a alguien que perdió la casa y eso es una lamentable realidad. Y ni hablar del impacto económico. Mirá, tengo la suerte de vivir con una chica australiana que tiene su negocio acá, un pequeño emprendimiento, y en cuanto al impacto económico ella está en la primera línea de afectados viendo incluso la posibilidad de cerrar su local por tiempo indeterminado. Imaginate la angustia que eso genera. Es un reflejo, una postal, también para aquellos que no han perdido algo.

Sorpresa y polémica fue la noticia conocida la semana pasada sobre la necesidad de matar con francotiradores casi diez mil camellos salvajes en Australia. Una medida dispuesta por el Departamento de Ambiente porque según un portavoz oficial “están poniendo en peligro a los lugareños que luchan por obtener suficiente agua durante una sequía masiva“. Los camellos fueron introducidos en Australia en el siglo XIX y desde entonces se han convertido en salvajes.

Pedro explica que allá la noticia “no impactó de igual forma”. Fue controversial para el resto del planeta, está claro, pero Belloni da vuelta la moneda y explica su otra cara: “lo cierto es que en regiones donde determinados recursos naturales básicos están cada vez mas acotados, sin reducir la población animal a números críticos, se consideran medidas como ésta de matar camellos, que es algo que conmueve al mundo pero no tanto al pueblo australiano”.

Mientras, como cada año, el tenis mundial abre la temporada en Australia (Copa ATP primero y Australian Open a continuación) el país entero y su dinámica diaria está atravesado por los incendios.

El gobierno lanzó avisos en ciudades como Sídney o Melbourne previniendo a la población que pueda verse afectada por el humo. “Claramente”, explica Belloni, “cuestiones como el Australian Open no tiene relevancia en las zonas rurales como la que estoy. Los incendios y las medidas que se van tomando acaparan la atención de los noticieros. No vemos la transmisión pública de partidos”.

El fuego incontrolable y extendido no solo arrasa con territorio, casas, flora y fauna. También amenaza al Primer Ministro Scott Morrison que, en este caso, solito se está prendiendo fuego. Sus vacaciones en Hawaii generaron más calor que los incendios y la lluvia de críticas que viene recibiendo de todos los flancos lejos están de extinguir las llamas de ira contra su persona. Hay un costo político que se empieza a ver en la medida que dejó atrás las declaraciones negacionistas.

Hoja de ruta

Lo que comenzó a fines del 2018 como un viaje sin itinerario fijo por Oriente, luego de haberse recibido de periodista, lo llevó a tierras australianas. La vida jugó sus cartas, y se encontró trabajando en la zona rural. Hoy, más allá de los incendios, el objetivo es lograr la extensión de la visa de trabajo que es por un año. “Aun no sé si podré hacerlo”, explica Pedro, “porque es política de Estado que los extranjeros trabajen en determinadas áreas que necesitan para la producción, como juntar arándanos, frutillas. Es un requisito para poder estar más tiempo en este país”.

Requerido por medios nacionales, el joven Belloni se ha transformado involuntariamente en un corresponsal por estar en el lugar y el momento justo: ”Es una contingencia, me tocó estar justo acá”.

Con relato claro y muy gráfico, también hace un análisis interesante de lo que él llama la paradoja australiana: ”Claramente, lo que pasa en Australia también puede vivirse en otros países. Podés tener las mejores rutas, la tecnología de punta, ser un país con perfil de potencia, pero ahí donde la mano humana no llega es, precisamente, donde se generan estas catástrofes. La mejor ruta no se puede transitar si el fuego las hace intransitables. Y con este tipo de eventos se va metiendo el cambio climático en la agenda mundial. Después se verán las repercusiones”.

SE: Fuera de esto ¿cómo es tú día a día?

PB: Hay mucho trabajo de estación. Ser mozo es una rutina, pero que no dura mucho. Hoy esas rutinas se ven afectadas por los incendios. Y eso toca a trabajos que hoy no se están realizando. Hay una incertidumbre sobre lo que vendrá luego de los incendios.

SE: ¿Cómo es la comunidad australiana con el extranjero que llega en busca de trabajo?

PB: Hay una muy buen recepción, siempre me sentí muy cómodo. Es una sociedad que se ve todo el tiempo con la necesidad de ayudar sobre todo a aquellos que vienen de afuera. Hay ciertas similitudes con la idiosincrasia argentina. Están predispuestos para hacer lo que haya que hacer.

La incertidumbre marca el día a día de Belloni en Australia. Los incendios dejarán sus secuelas y llegarán medidas. Por lo pronto el objetivo es estar pendiente y apoyarse en la comunidad de los varios sudamericanos que, como Pedro, hoy están viviendo y tratando de hacerse un camino de vida en la tierra de canguros, donde llegó sin saber por qué. El mañana se verá que depara y el plan puede cambiar cada segundo.