La política argentina tiene una vieja costumbre. Se discute en Buenos Aires y se padece en los pueblos. Días atrás, este medio publicó un análisis sobre la paradoja que atraviesa al principal espacio opositor del país. El peronismo debate en privado lo que debería debatir en público, su programa, y ventila en público lo que debería tramitar en privado, su conducción. Las diferencias entre sus principales figuras ocupan el centro de la escena mientras el votante ignora qué haría esa fuerza con la pobreza, la moneda o la inserción internacional si volviera al gobierno en 2027.
No hizo falta esperar mucho para que esa descripción encontrara su versión local. Esta semana, en diálogo con Supernova 97.9, la concejal de Fuerza Patria Nancy Grizutti admitió con una franqueza poco frecuente que hay conflictos internos en el peronismo de Nueve de Julio y falta de diálogo entre sectores, lo que dificulta consensuar. En la misma conversación se identificó con el movimiento Derecho al Futuro y respaldó la candidatura presidencial de Axel Kicillof. Es decir, la interna nacional ya bajó al distrito con sus mismas etiquetas, sus mismas veredas y sus mismos silencios programáticos. Pero lo más revelador de esa conversación fue una frase que condensa, mejor que cualquier análisis, el estado de situación: «Los votos son de todos los peronistas».
La frase trasciende a su autora. Vale por lo que deja ver. Nadie sale a aclarar que los votos son de todos a menos que alguien esté insinuando, en alguna mesa, que son propios. Las frases defensivas tienen esa propiedad involuntaria. Confirman la existencia de aquello de lo que se defienden. Detrás de esa aclaración hay dirigentes contando votos ajenos como capital personal, y hay otros que ya se cansaron de que los cuenten. Ese inventario silencioso, y no ningún congreso programático, es hoy la actividad principal del justicialismo nuevejuliense.
Sería injusto, sin embargo, cargar la advertencia sobre un solo espacio. El oficialismo que conduce el distrito lleva una década en el poder, acumula gestión, obras y continuidad, y sin embargo tampoco ha puesto por escrito hacia dónde quiere llevar a Nueve de Julio en los próximos diez años. Su proyecto hay que deducirlo de los hechos, porque enunciado no está, y después de tanto tiempo administrando esa deuda pesa doble. Quien gobierna se legitima gestionando; quien aspira a gobernar solo puede legitimarse proponiendo. Pero a diez años de gestión se le puede exigir algo más que gestión. Y mientras tanto, los temas que le importan al vecino —los caminos rurales que la última sesión del Concejo volvió a poner sobre la mesa, la obra hidráulica, la educación técnica que acaba de mostrar su vitalidad en la Feria de Ciencias— avanzan sin que ninguna fuerza los inscriba en una visión de distrito de mediano plazo.
La historia reciente de la región dejó una enseñanza que este medio ya recordó y que conviene repetir. Los movimientos populares suelen caer por su propia incapacidad para ordenar la sucesión sin canibalizarse, mucho antes de que la oposición los alcance. Aunque para verificarlo el justicialismo nuevejuliense ni siquiera necesita mirar tan lejos. Le alcanza con repasar su propia historia electoral.
El peronismo no gobierna Nueve de Julio desde hace más de veinte años. En ese lapso el distrito atravesó cinco elecciones ejecutivas y el justicialismo las perdió todas. En la última ni siquiera alcanzó a pelear el segundo puesto, quedó tercero con la cuarta parte de los votos, detrás de una fuerza que competía por primera vez en el distrito. Dos décadas de internas ganadas y elecciones perdidas, de aparatos que se imponen puertas adentro y se achican puertas afuera, de dirigentes que administran con celo la propiedad de un capital que las urnas les niegan una vez tras otra. Cada ciclo electoral encontró al espacio discutiendo lo mismo que hoy, con los mismos métodos y parecidos apellidos, y cada ciclo electoral terminó igual. Si el orden de las prioridades sigue siendo este, el resultado también lo será.
Porque los votos, como bien se dijo, no tienen dueño. Y en este distrito, desde hace dos décadas, al peronismo tampoco lo tienen como destino.





