7 Feb 2026
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Nueve de Julio

El Editorial del Lobo

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Análisis de la Gestión Municipal: Una Realidad Preocupante

Haciendo un análisis global y armónico de la gestión municipal, podemos identificar cuatro temas alarmantes que requieren atención urgente:
1. La presencia de arsénico en el agua de Ciudad Nueva.
2. La emergencia hídrica generalizada.
3. La profunda crisis económica que atraviesa el distrito.
4. La imputación penal que pesa sobre funcionarios municipales.
Obiter dictum (Dicho de paso), le habíamos anticipado desde este editorial al edil oficialista César García que no se apresure a inflar el pecho por un dictamen del Tribunal de Cuentas que no era vinculante para la verdad histórica objetiva de los hechos que busca todo procedimiento de investigación penal. A todo esto se suma el golpe cotidiano que recibe el bolsillo de los nuevejulienses. Durante el primer cuatrimestre de 2025, la brecha entre los precios mayoristas y minoristas superó el 130%. Esto refleja un mercado profundamente distorsionado, con una inflación que continúa afectando gravemente el acceso a los alimentos básicos.
El panorama actual, sin exagerar, es tétrico.
Frente a esta realidad compleja y preocupante, entendemos que la Intendente debe redefinir sus prioridades y, sobre todo, ampliar su mirada. Gobernar no es administrar desde una burbuja ni encerrarse en una lógica partidaria estanca que ya ha demostrado ser insuficiente. Es momento de aceptar que los problemas estructurales que enfrenta el distrito no se resuelven con gestos simbólicos ni con fidelidades políticas, sino con decisiones valientes, diálogo verdadero y capacidad de gestión real.
Esto implica, ni más ni menos, abrirse al diálogo con sectores y personas fuera de su espacio político. Está claro que con los de adentro no alcanza: los resultados están a la vista. Sostener un gabinete encerrado en una lógica de obediencia automática, en lugar de construir uno con pluralidad de voces, solo profundiza la distancia entre la gestión y la realidad que vive la comunidad.
No importa si quienes pueden aportar no coinciden ideológicamente. Los grandes desafíos requieren madurez política, vocación democrática y, sobre todo, empatía con la ciudadanía. Las soluciones no tienen color partidario: tienen contenido, eficacia y sensibilidad social. Rechazar aportes solo por provenir de otros espacios es una forma de soberbia que, en última instancia, paga la gente.
Porque en el medio está eso que a veces parece olvidarse: la gente. La que abre la canilla y se encuentra con agua contaminada, la que no llega a fin de mes, la que espera una respuesta ante una necesidad urgente. Esa gente no distingue entre partidos ni le interesan las internas: necesita que alguien escuche, que alguien actúe, que alguien se haga cargo.
Una gestión verdaderamente comprometida no teme rodearse de personas capaces, aún si piensan distinto. Al contrario: la busca. Porque sabe que solo con diversidad de miradas se puede construir una política pública sólida, integradora y transformadora.
Redefinir prioridades es también redefinir el rol del poder: dejar de pensar en cómo conservarlo y empezar a pensar en cómo usarlo para transformar. Si ese cambio de enfoque no llega pronto, lo que peligra no es un gobierno: es la confianza de toda una comunidad que ya empieza a perder la esperanza.
No se puede cambiar la conducta de quien no ve ningún problema en su accionar. Cambiar no es una cuestión de fuerza, sino de conciencia. Quien no reconoce sus errores termina transformando sus defectos en hábitos y su orgullo en una barrera infranqueable. Se puede hablar, explicar e incluso desgastarse intentando hacerle ver a alguien el perjuicio que causa, pero si esa persona no ve sus errores, no habrá cambio posible.
No hay transformación sin conciencia. No hay cambio sin humildad. No hay avance sin autocrítica. A veces no es que tus palabras no tengan valor; es que estás hablando a oídos que no quieren escuchar, a corazones que no se sienten responsables de nada.
El problema no son los productores agropecuarios, ni los vecinos de Ciudad Nueva, ni las escuelas rurales, ni la jefa distrital, ni siquiera los concejales de La Libertad Avanza. El verdadero problema es la obstinación en seguir escuchando a las personas equivocadas, aquellas que refuerzan el encierro político y distorsionan la realidad en lugar de enfrentarla.
Porque exponer las necesidades del pueblo frente a quienes no quieren ver ni entender, es como sangrar frente a un tiburón: no solo no ayuda, sino que agrava el riesgo. Se termina alimentando una dinámica donde la insensibilidad se disfraza de estrategia y la desconexión se confunde con liderazgo.
Reitero: no se puede ayudar a quien no quiere ayudarse. Y no es orgullo, es respeto: por nuestra energía, por nuestro tiempo, por nuestra tranquilidad. Nada en exceso, ni siquiera la paciencia con quien no quiere cambiar.

Reflexión Final

Pareciera que la titular del Palacio Municipal está envuelta en una niebla que la desconecta, al menos parcialmente, de la realidad. Nos queda esa amarga sensación de tristeza, que siempre es más profunda cuando uno describe el charco donde se refleja la luna, que cuando simplemente escucha a alguien decir que está triste.

EL LOBO

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