
La quiebra definitiva de Garbarino, una de las cadenas de electrodomésticos más emblemáticas del país, volvió a poner en primer plano un fenómeno que se extiende en distintos sectores de la economía: el aumento de empresas con conflictos laborales, suspensiones, despidos o cierres definitivos. El caso de la firma fundada en la década de 1950 marca un punto simbólico en el deterioro del entramado empresarial. El Juzgado Nacional en lo Comercial N.º 7, a cargo del juez Fernando D’Alessandro, decretó la quiebra de la compañía luego de que no lograra reunir las mayorías necesarias para aprobar un acuerdo con sus acreedores. La empresa había ingresado en concurso preventivo en 2021.
La liquidación judicial de Garbarino se suma a una serie de situaciones críticas que atraviesan empresas de distintos rubros. Desde la industria alimenticia hasta el comercio minorista, la lista de compañías con problemas financieros o laborales se amplía mes a mes.
Uno de los sectores que refleja con mayor claridad el impacto de la caída del consumo es el supermercadismo. El gerente general de La Anónima, Nicolás Braun, reconoció públicamente que para las cadenas que operan dentro del circuito formal resulta cada vez más difícil sostener niveles adecuados de rentabilidad.Según explicó, cuando se comparan los resultados de los supermercados argentinos con los de países vecinos como Uruguay, Chile o Brasil, la diferencia es significativa. En ese contexto, señaló que varias multinacionales del sector ya abandonaron o evalúan abandonar el mercado local.
La industria también exhibe señales de retroceso. Cervecería Quilmes redujo drásticamente su dotación en la planta de Zárate, que había sido inaugurada en 2020 con una inversión superior a los cinco mil millones de pesos. De los 260 empleados originales, la operación continuará con apenas 80 trabajadores.Desde la compañía explican que el ajuste responde a una combinación de factores: la caída del consumo interno, el aumento de los costos y el impacto de la apertura de importaciones sobre algunos segmentos del mercado.
Una situación todavía más crítica atraviesa Alimentos Refrigerados S.A. (ARSA), la empresa que producía yogures y postres bajo licencia de SanCor. La Justicia declaró su quiebra tras el fracaso del concurso preventivo iniciado en 2024. El cierre dejó sin trabajo a alrededor de 400 empleados distribuidos entre las plantas de Lincoln (Buenos Aires) y Monte Cristo (Córdoba). La empresa acumulaba deudas con proveedores, transportistas y trabajadores, además de atrasos salariales.
La actividad avícola tampoco escapa al deterioro. Granja Tres Arroyos, una de las principales empresas del sector, enfrenta un conflicto laboral por atrasos en el pago de salarios, aguinaldos, horas extras y vacaciones, lo que derivó en medidas de fuerza por parte de los trabajadores.
En el sector textil, Grupo Dass, con planta en la ciudad misionera de Eldorado, desvinculó a más de cuarenta trabajadores a comienzos de 2026. La empresa atribuye el recorte a la caída de la demanda y a un menor nivel de actividad productiva. Según fuentes del sector, la continuidad de la planta sólo estaría asegurada hasta mediados de este año.
La industria siderúrgica también refleja un escenario de desaceleración. Acindar registró en los últimos dos años múltiples suspensiones de personal como consecuencia de paradas temporales en su producción.A las suspensiones registradas durante 2024 se sumó una nueva serie de interrupciones en 2025 que afectaron a miles de trabajadores en distintos momentos del año, llegando incluso a involucrar a casi la totalidad de la plantilla durante diciembre.
Otro caso de cierre definitivo es el de Aires del Sur (ADS), la fabricante de aires acondicionados radicada en Tierra del Fuego que producía equipos para la marca Fedders. Tras la quiebra, los 140 operarios tomaron la planta al denunciar que no perciben salarios desde diciembre.
En el conurbano bonaerense también se registran impactos. El frigorífico San Roque, ubicado en Morón, cerró su planta de producción y despidió a 140 trabajadores. La empresa atribuyó la decisión a la caída del consumo interno y a cambios en las condiciones económicas del mercado cárnico.
Algo similar ocurrió con Beer Market, distribuidora de bebidas y alimentos con veinte sucursales en el Área Metropolitana de Buenos Aires. La firma cerró sus operaciones y desvinculó a más de noventa empleados, a quienes intenta ofrecer compensaciones económicas en reemplazo de las indemnizaciones tradicionales.
Uno de los episodios más resonantes fue el de Fate, histórica fabricante de neumáticos. La empresa anunció el cierre de su principal planta industrial, con capacidad para producir más de cinco millones de neumáticos al año, lo que implica el despido de 920 trabajadores.
La medida se inscribe en una crisis más amplia del sector, golpeado por la apertura comercial y el aumento de las importaciones. Aunque el Ministerio de Trabajo dictó la conciliación obligatoria, hasta ahora no se alcanzó un acuerdo entre la empresa y el sindicato SUTNA.
En conjunto, estos casos configuran un panorama complejo para el empleo formal. Más allá de las particularidades de cada empresa, el denominador común es la combinación de caída del consumo, cambios en las reglas económicas y presión competitiva externa, factores que reconfiguran el mapa productivo del país.




