12 Ene 2026
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Nueve de Julio

El cálculo detrás del pago del swap con EE.UU.

El Banco Central confirmó el viernes pasado la cancelación total del tramo activado del swap de monedas con el Tesoro de los Estados Unidos. Según fuentes oficiales, la decisión respondió a una estrategia de “maximización de herramientas financieras”. La devolución de los US$ 2.534 millones pone fin a un financiamiento de emergencia clave para atravesar la tensión cambiaria del año pasado, pero vuelve a instalar una discusión incómoda: cuánto le costó realmente al país sostener la calma cambiaria en pleno calendario electoral.
En los despachos oficiales explicaron la medida desde el tecnicismo de la administración de pasivos, bajo el argumento de ganar eficiencia y flexibilidad en el manejo de reservas. La reacción de Washington, en cambio, expuso sin rodeos el trasfondo comercial del acuerdo. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, no solo confirmó el reembolso total, sino que celebró el resultado financiero: “El Fondo de Estabilización nunca ha perdido dinero”, afirmó, y agregó que la operación con el peso argentino generó “decenas de millones de dólares en beneficios para los contribuyentes estadounidenses”.En el equipo económico evitan hablar de “desendeudamiento” en términos políticos y prefieren encuadrar la decisión como una “rotación de cartera”. Funcionarios explicaron que la cancelación “siempre estuvo contemplada dentro de los lineamientos” del acuerdo con el Exchange Stabilization Fund (ESF).

“Una vez cancelado el tramo vigente, el BCRA pasa a administrar el legado de esa posición como un componente más dentro del esquema de reservas”, señalaron. La lógica que domina en la mesa de dinero es pragmática: utilizar en cada momento el instrumento más conveniente en términos de costo y plazo. En ese marco, mantener abierta la línea con el Tesoro estadounidense habría dejado de ser eficiente frente a alternativas como el reciente REPO con bancos privados o el uso de liquidez propia.
Esa estrategia de “maximización” explica los movimientos que los analistas detectaron en los balances semanales del Central: una reducción de la deuda bilateral y un mayor peso de los créditos con organismos multilaterales. La señal es clara: la entidad que conduce Santiago Bausili decidió cambiar de acreedor para optimizar vencimientos y condiciones financieras.

El precio del “puente” electoral

El swap se activó en octubre de 2025, cuando el mercado cambiario mostraba fuertes tensiones en la antesala de las elecciones legislativas. En ese contexto, la Casa Blanca habilitó una línea de hasta US$ 20.000 millones, de la cual Argentina utilizó poco más del 10% para intervenir en los dólares financieros y evitar un salto brusco del tipo de cambio.
Desde el punto de vista técnico, el Tesoro estadounidense “compró pesos” para reforzar las reservas brutas argentinas. Hoy, Bessent confirmó que “el Fondo de Estabilización actualmente no tiene pesos”, cerrando así la operación. Aunque la tasa de interés nunca fue informada públicamente, la ganancia obtenida en apenas un trimestre sugiere un costo financiero elevado, implícito en el riesgo de prestarle pesos a una economía con controles cambiarios y alta inflación.
El economista Gabriel Caamaño señaló que para evaluar la conveniencia de la jugada es clave conocer las condiciones del nuevo financiamiento. “El swap era claramente de corto plazo y por eso restaba en reservas netas. Si el nuevo crédito tiene más plazo y mejor tasa, financieramente al Central le convenía”, explicó.
Caamaño agregó que también podría tratarse de una activación con vencimiento predeterminado: “Es posible que ya supieran que debían cancelarlo a fin de año. La explicación puede ser eficiencia financiera, cumplimiento contractual o una combinación de ambas”.

Flujo de caja y herencia de la deuda

La capacidad del Gobierno para cancelar este swap y afrontar, al mismo tiempo, el pago de US$ 4.401 millones a bonistas privados el próximo 9 de enero se explica en gran medida por el perfil de vencimientos heredado.
Un informe de la consultora Suramericana Visión, dirigida por Martín Guzmán, destacó que la reestructuración de deuda de 2020 redujo significativamente la carga de intereses —del 7% al 3% promedio en dólares— y aplanó la curva de pagos. Sin ese canje, este año el Tesoro debería afrontar vencimientos por US$ 11.000 millones. Gracias a la reestructuración, esa cifra se reduce a US$ 7.300 millones recién en 2026. La diferencia de US$ 3.700 millones explica por qué hoy el equipo económico puede “maximizar herramientas” y cancelar deuda con EE.UU. sin caer en default, incluso con el mercado voluntario cerrado y un riesgo país que ronda los 580 puntos básicos.
Sin embargo, la ingeniería financiera no es neutra. El informe advierte que la compra de divisas para cumplir con estos pagos generó una fuerte volatilidad en la liquidez en pesos en los últimos días, impulsando una suba de tasas de interés que podría atentar contra la recuperación del crédito y la actividad.

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