6 Ene 2026
27.7 C
Nueve de Julio

EEUU en Venezuela: cambios para el petróleo global

La intervención de Estados Unidos en Venezuela no solo reconfigura el tablero político regional: también vuelve a sacudir el mercado energético internacional. En un mundo atravesado por tensiones geopolíticas, guerras prolongadas y una transición energética aún incompleta, cualquier movimiento sobre uno de los países con mayores reservas de crudo del planeta tiene impacto inmediato sobre precios, flujos comerciales y estrategias de los grandes productores.

Venezuela posee las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, pero lleva años produciendo muy por debajo de su potencial debido al colapso de su infraestructura, las sanciones internacionales y la inestabilidad política. La posibilidad de una intervención directa o indirecta de Estados Unidos introduce un doble efecto en el mercado: incertidumbre en el corto plazo y expectativas de reconfiguración de la oferta en el mediano plazo.

En una primera etapa, el factor dominante es el riesgo geopolítico. La sola percepción de inestabilidad —interrupciones operativas, conflictos internos o represalias diplomáticas— suele empujar los precios del petróleo al alza. El mercado reacciona rápido ante cualquier amenaza sobre la oferta, especialmente cuando se trata de crudo pesado, un tipo de petróleo clave para muchas refinerías del Golfo de México y Asia.

Sin embargo, si Washington logra avanzar hacia un escenario de control político y normalización operativa del sector energético venezolano, el efecto podría invertirse. Una reapertura plena de la producción, con participación de grandes petroleras estadounidenses, implicaría más oferta en el mercado internacional. En ese caso, el petróleo venezolano volvería a competir agresivamente en precio, presionando a la baja las cotizaciones globales, sobre todo en los segmentos de crudo pesado. Este escenario es seguido con atención por la OPEP y por grandes jugadores como Rusia y Arabia Saudita, que ven en Venezuela no solo un productor potencial, sino también una pieza estratégica en el equilibrio de poder energético.

El lugar del petróleo argentino en este nuevo mapa

En este contexto cambiante, Argentina aparece como un actor emergente, pero todavía condicionado. El desarrollo de Vaca Muerta posicionó al país como uno de los principales reservorios de shale oil y shale gas del mundo, con un tipo de crudo más liviano y de mejor calidad que el venezolano. Esa diferencia es clave: mientras Venezuela compite por volumen y precio, Argentina puede competir por calidad y estabilidad.

Si la intervención en Venezuela genera subas sostenidas del precio internacional, el petróleo argentino se vuelve más rentable y atractivo para la exportación. Con precios altos, Vaca Muerta gana competitividad, se acelera la inversión y crecen las posibilidades de que Argentina se consolide como proveedor confiable para mercados como Estados Unidos y Europa.

Pero el escenario no está exento de riesgos. Una recuperación rápida de la producción venezolana, bajo tutela estadounidense, podría aumentar la oferta global y presionar los precios a la baja. En ese caso, los proyectos argentinos —más costosos por tratarse de producción no convencional— quedarían más expuestos. La rentabilidad de Vaca Muerta depende en gran medida de precios internacionales firmes y reglas internas previsibles.
Además, Argentina enfrenta sus propios límites: infraestructura insuficiente, cuellos de botella logísticos, alta volatilidad macroeconómica y un marco regulatorio que todavía genera dudas en los inversores. En un mundo donde la energía es cada vez más geopolítica, la estabilidad institucional pesa tanto como la riqueza del subsuelo.

Un tablero energético cada vez más político

Lo que ocurre en Venezuela confirma una tendencia global: el petróleo volvió al centro de la política internacional. La transición energética avanza, pero no al ritmo suficiente como para reemplazar al crudo como insumo estratégico. En ese contexto, Estados Unidos busca asegurar abastecimiento, controlar rutas y reducir dependencias externas, aun a costa de tensiones regionales.

Para Argentina, el momento es una oportunidad y una advertencia. Puede beneficiarse del reordenamiento del mercado energético si logra consolidar su producción, atraer inversiones y ofrecer previsibilidad. Pero también puede quedar relegada si no logra convertir su potencial en una política energética coherente y sostenida.

La intervención en Venezuela no solo redefine el futuro de ese país: también vuelve a poner a América del Sur en el centro de la disputa por la energía. Y, una vez más, el petróleo aparece como el hilo invisible que conecta la geopolítica global con las economías locales.

Últimas noticias

Alicia Rusconi: “En Morea estamos abandonados y no nos tienen en cuenta”

Preocupada habitualmente por los temas de Morea, la localidad en la que vive, Alicia Rusconi, expuso en ‘Temprano para...

Noticias relacionadas