La preadjudicación del predio ribereño a Clarín y La Nación dejó heridos dentro del PRO, tensionó la alianza con La Libertad Avanza y abrió una disputa entre dos de los grupos económicos más influyentes del país. Poder político, pauta indirecta y reconfiguración del sistema mediático en la Ciudad de Buenos Aires.
En política, las fracturas rara vez se anuncian. Se filtran. Primero aparecen como gestos mínimos, decisiones técnicas difíciles de explicar o silencios incómodos. Después, cuando el conflicto ya está en marcha, se revelan como lo que siempre fueron: disputas de poder e intereses económicos que ya no pueden convivir bajo el mismo paraguas. La interna entre el PRO y La Libertad Avanza en la Ciudad de Buenos Aires atraviesa ese proceso. Y la preadjudicación de Costa Salguero terminó de cristalizarlo.
La decisión del gobierno porteño de Jorge Macri de avanzar con la concesión del predio a una sociedad integrada por el Grupo Clarín y La Nación —descartando una oferta económicamente superior presentada por La Rural S.A., controlada por la Sociedad Rural Argentina e IRSA— no sólo abrió un frente administrativo y judicial. Activó, además, una grieta silenciosa entre dos actores empresariales históricamente alineados con el macrismo.
El dato duro es incontrastable: IRSA, el holding comandado por Eduardo Elsztain, ofreció al Gobierno de la Ciudad un canon mensual cercano a los 310 millones de pesos. La propuesta del consorcio mediático rondó los 240 millones. Aun así, fue esta última la que recibió la preadjudicación. La diferencia —más de 70 millones mensuales— no es marginal. En términos anuales, implica resignar ingresos millonarios para las arcas porteñas. La explicación oficial se refugia en criterios técnicos y proyecciones de inversión futura. Pero puertas adentro del poder, la lectura es otra. “Sería muy frágil la alianza si explota ahora por Costa Salguero”, reconoció a este medio un directivo de una de las empresas del Grupo Clarín involucradas en la operación. La frase no es ingenua: da cuenta de que el conflicto excede el expediente administrativo.
El negocio total supera los 65 mil millones de pesos y se suma a otras concesiones relevantes otorgadas al multimedio durante gestiones macristas, como la Maratón de Buenos Aires. En conjunto, configuran algo más que contratos: una relación estructural entre poder político y sistema mediático. Dentro del PRO nadie lo dice en voz alta, pero la pregunta circula: ¿la concesión de Costa Salguero funciona como una nueva forma de pauta indirecta en un contexto donde el gobierno nacional demoniza el financiamiento estatal a los medios?
“¿Vos decís que esto es pauta encubierta?”, respondió un asesor histórico del macrismo cuando este cronista lo consultó. “No creo, pero entiendo que muchos lo vean así”, concedió.
La lectura no es menor. En la era Milei, donde el sistema de medios tradicionales enfrenta una pérdida de centralidad política, el control de un espacio físico estratégico —escenario de eventos, exposiciones y encuentros empresariales— aparece como una vía alternativa de acumulación de poder.
En IRSA la decisión cayó mal. Muy mal. No sólo por el dinero, sino por el mensaje político. Eduardo Elsztain no es un outsider del poder: es uno de los empresarios con mejor vínculo personal con Javier Milei y un inversor histórico en la Ciudad. Fue, además, anfitrión del actual presidente durante su estadía en el Hotel Libertador, cuando aún era un diputado disruptivo.
“Tenemos excelente relación con el macrismo desarrollista, el de Larreta. Por algo ya no está más ahí”, deslizó a este medio un empresario del grupo que pidió reserva de identidad. “Acá no ganó la mejor oferta. Ganó otra cosa”. La frase resume el malestar: IRSA quedó fuera de un negocio clave en un momento donde la alianza PRO-LLA atraviesa tensiones internas y reacomodamientos de poder.
El Observatorio del Derecho a la Ciudad fue más lejos. En un informe reciente definió la preadjudicación como “una radiografía del poder en la Buenos Aires de 2025”. Desde el punto de vista administrativo, advierte sobre el precedente de rechazar ingresos mayores basándose en proyecciones discutibles. En el plano urbano, señala la consolidación de un modelo de ciudad donde los espacios ribereños quedan en manos privadas, alejados del uso público y popular. Pero el punto más sensible es el político: la decisión “sella una alianza de hierro entre el macrismo porteño y el sistema de medios tradicional, construyendo un refugio mutuo frente a la incertidumbre de la era Milei”.
Si la adjudicación se confirma, Clarín y La Nación dejarán de ser sólo narradores de la realidad argentina para convertirse también en anfitriones físicos de sus principales eventos, desde uno de los terrenos más valiosos de la Capital. El Gobierno porteño, en tanto, habrá elegido sacrificar caja inmediata a cambio de capital político, blindaje mediático y estabilidad estratégica. Costa Salguero, una vez más, no es sólo un predio. Es un espejo del poder real. Y esta vez, el reflejo incomodó a más de uno.





