Lo que comenzó como un viaje oficial a las Naciones Unidas y una visita espiritual a la tumba del Rebe de Lubavitch en Nueva York, derivó en una de las mayores pruebas de fuego para la ética pública del gobierno de Javier Milei. La presencia de Bettina Angeletti, esposa del actual jefe de Gabinete, Manuel Adorni, a bordo del avión presidencial, reabrió un debate que la administración libertaria prometió clausurar: el uso de los recursos del Estado. Ante la filtración de imágenes que confirmaron el traslado de Angeletti, Adorni rompió el silencio en una entrevista televisiva que, lejos de calmar las aguas, encendió las redes sociales. El funcionario aseguró que la presencia de su esposa no representó costo alguno para el erario público, afirmando que ella costeó sus propios gastos y que él hace lo propio con sus consumos personales.
Sin embargo, fue su justificación emocional la que se volvió viral. Adorni argumentó que, ante una agenda en la que planeaba «deslomarse» trabajando, deseaba contar con la compañía de su mujer. La frase no solo generó una catarata de memes, sino que también impulsó un pedido de informes en la Cámara de Diputados para esclarecer la logística del vuelo.
No es la primera vez que el entorno de Adorni queda en el ojo de la tormenta. A los cuestionamientos previos por la contratación de su hermano en el Ministerio de Defensa, se suman ahora sospechas sobre la influencia de Angeletti —coach ontológica sin cargo público— en el organigrama oficial. Informaciones que circulan en la Casa Rosada vinculan a Angeletti con la designación de Rosa Susana Gutiérrez, también coach y amiga personal, como Coordinadora de Planificación. Aunque desde el Gobierno desestiman estas versiones como «ruido político», la opacidad en las designaciones del área de vocería sigue alimentando las críticas de la oposición.

A pesar de la controversia, el poder de Manuel Adorni dentro del esquema de Balcarce 50 parece intacto. Respaldado por la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, el jefe de Gabinete ha sumado recientemente facultades críticas sobre el control de las erogaciones estatales, una ironía que sus detractores no han dejado pasar.
En la tarde de este jueves, Adorni publicó una disculpa via X pero solo centrada en el deafortunado uso de la palabra deslomarse. Nada sobre la presencia de su esposa en el viaje. “Uno puede decir alguna palabra o frase desafortunada en un vivo, sí. Me ha ocurrido muchas veces. La palabra no debió ser deslomarse. Somos humanos y cometemos errores”, posteó.
Con la mirada puesta en las próximas elecciones, aunque lejanas, el nombre de Adorni suena con fuerza para competir por la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Este episodio plantea una interrogante fundamental: ¿Podrá el “deslomado” que prometió combatir a la casta sobrevivir al escrutinio de sus propios privilegios?





