El duelo del siglo

La primera visita de un presidente estadounidense a China en nueve años concentra la mayor tensión diplomática del año. Dos líderes, agendas opuestas y un mundo que observa con los mercados en vilo.

Donald Trump llegó a Beijing con alfombra roja y guardia de honor. Pero no fue Xi Jinping quien lo esperó en la pista, sino el vicepresidente Han Zheng. Mientras tanto, los medios oficiales chinos priorizaban la reunión del mandatario chino con su par de Tayikistán. En la diplomacia de las grandes potencias, los protocolos también son mensajes. Xi Jinping recibió a Trump en el Gran Salón del Pueblo con una fórmula cuidada: «China y Estados Unidos deben ser socios, no rivales», y acordaron encuadrar su relación bajo el concepto de «estabilidad estratégica constructiva» para los próximos tres años. Buenas palabras. Los hechos, más complejos.

Trump llega políticamente debilitado. La guerra con Irán encareció la energía, disparó la inflación y hundió su aprobación. Su principal pedido a su par chino es que use su influencia sobre Teherán —China es el mayor comprador de petróleo iraní— para reabrir el estrecho de Ormuz y forzar un acuerdo de paz. Beijing tiene incentivos propios para que el estrecho funcione, ya que su economía depende del gas del Golfo. Pero China no sacrificará su alianza con Irán en los términos que fija Washington. La síntesis es clara: China quiere que termine la guerra, pero no lo hará en los términos de Trump.

Chips y poder: la otra batalla


La presencia de Elon Musk, Tim Cook y Jensen Huang de Nvidia en la delegación no es casual. Los semiconductores son el verdadero campo de batalla. Washington bloquea la venta de chips avanzados de inteligencia artificial a China. Beijing exige el levantamiento de esos controles. La paradoja es evidente: las mismas empresas que lideran esa industria dependen del mercado chino para sostener sus balances. Tesla produce en Shanghai. Apple tiene sus cadenas de suministro en China. Xi Jinping buscará garantizar el acceso a tecnología clave mientras que Trump intentará que China abra su mercado sin ceder en lo estratégico. Difícil cuadratura del círculo.
Xi Jinping fue rotundo: Taiwán es «el asunto más importante» en la relación bilateral. Trump, en tono transaccional, frenó un paquete de venta de armas a la isla por 13.000 millones de dólares para usarlo como ficha negociadora. Pero los analistas advierten que el margen real es estrecho: Trump tiene firmado un acuerdo de inversión con Taipei en semiconductores y sabe que si Taiwán cae, colapsa la cadena global de producción de chips. El ruido retórico es parte del juego; los límites estructurales, no.

La cumbre de Beijing será recordada por su escenografía histórica más que por acuerdos transformadores. Lo probable? algunos anuncios comerciales para consumo mediático, declaraciones de buena voluntad sobre Irán sin cambios de fondo   y los debates más duros postergados para septiembre. En geopolítica, a veces, que dos rivales se sienten a la misma mesa ya es una noticia.

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