Por Redacción Extra Digital
Esta semana, la intendenta María José Gentile viajó a La Plata para reunirse con el ministro de Salud bonaerense, Nicolás Kreplak. De esa mesa salieron anuncios concretos para el distrito. El avance de las obras en el Hogar de Ancianos Santo Domingo de Guzmán, la implementación de la historia clínica digital en los CAPS y, como novedad de mayor peso, la creación de un Hospital de Día de Salud Mental para Nueve de Julio. Son buenas noticias, y corresponde decirlo sin vueltas. Un distrito con las carencias sanitarias del nuestro necesita cada uno de esos avances, venga la firma de quien venga.
Pero el análisis político empieza justamente ahí, en la firma. Gentile gobierna por el PRO, el espacio que hizo de la confrontación con el kirchnerismo su identidad fundacional y que en la provincia de Buenos Aires es oposición frontal al gobierno de Axel Kicillof. Kreplak es uno de los ministros más identificados con ese gobierno. Y sin embargo, la agenda de gestión de la intendenta transcurre, con creciente frecuencia, en los despachos de La Plata.
En marzo estuvo con el directorio de ABSA por la planta potabilizadora, con la ministra de Ambiente Daniela Vilar por el incendio del basural y el proyecto de relleno sanitario, y participó de la cumbre en la que Kicillof recibió a los 135 intendentes bonaerenses para hablar de la crisis financiera de los municipios. En junio firmó en la capital provincial el convenio del programa MUNA con UNICEF y el gobierno bonaerense. Ahora, salud. El mapa de resultados de la gestión Gentile se dibuja, en buena medida, con tinta provincial. Para un espacio político que construyó su identidad jurando que con el kirchnerismo ni a la esquina, el detalle dista de ser menor.
No hay en eso nada ilegítimo. El federalismo funciona así y todos los intendentes del interior, del color que sean, peregrinan a las ventanillas provinciales porque ahí están los recursos que sus presupuestos no alcanzan a cubrir. La propia Gentile, en su discurso de asunción, ya le había elevado reclamos al gobierno provincial por más efectivos policiales. Gestionar donde hay que gestionar es parte del oficio, y hacerlo cruzando la grieta habla, si se quiere, de pragmatismo. Habrá que recordar este pragmatismo cuando llegue la próxima campaña y la grieta vuelva a subirse al escenario como si nunca hubiera pisado el Salón Dorado.
Lo que el pragmatismo no puede tapar es la pregunta que deja abierta. Si los avances en salud dependen de Kreplak, si el agua depende de ABSA, si el basural necesita a Vilar y el auxilio financiero se discute en el Salón Dorado de la Gobernación, cabe preguntarse qué porción de la agenda local se resuelve efectivamente con recursos, decisión y capacidad de gestión propios del municipio. La respuesta a esa pregunta define la diferencia entre un gobierno que gestiona y un gobierno que tramita. Y un gobierno que tramita vive pendiente del humor, del calendario y de la conveniencia política de la ventanilla que lo atiende.
Y la semana le agregó al interrogante un contraste incómodo. Mientras la intendenta gestionaba en La Plata lo que el municipio no puede resolver solo, en Nueve de Julio la Sociedad Rural presentaba ante todos los bloques del Concejo su proyecto de Comisión Vial Rural autónoma, que le quitaría al Ejecutivo la administración del 85 por ciento de la Tasa Vial. Dos movimientos simultáneos que describen una misma situación desde puntas opuestas. Hacia arriba, el municipio depende de la Provincia para sus obras estructurales. Hacia abajo, el sector productivo más importante del distrito propone administrar por su cuenta los fondos que hoy le confía al municipio. El poder municipal quedó, en una misma semana, con la mano extendida en La Plata y la caja en discusión en su propio partido. Difícil encontrar una fotografía más precisa de dónde está parada la gestión.
Los anuncios de salud son bienvenidos y el Hospital de Día de Salud Mental, si se concreta, será un antes y un después para muchas familias nuevejulienses. Una gestión se mide por lo que consigue, pero también por lo que puede hacer sin pedirlo. Con esa vara, los viajes a La Plata dejan una conclusión que el oficialismo preferiría no leer. Cada logro que vuelve en el baúl del auto oficial es también un recordatorio de todo lo que el municipio ya no resuelve con sus propias manos.






