8 Ene 2026
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Venezuela: el dilema de la intervención extranjera

Por Redacción Extra Digital

La reciente operación militar de Estados Unidos, que resultó en la captura de Nicolás Maduro, genera una de las situaciones más ambiguas y complejas en la historia de la política internacional. Por un lado, es una clara violación del derecho internacional, un atropello a la soberanía venezolana y a la autonomía de un pueblo; por el otro, ofrece una posibilidad para la transición democrática en un país que ha vivido bajo la dictadura chavista por más de dos décadas. ¿Está bien taparse la nariz y mirar hacia otro lado, cuando la urgencia por una solución en Venezuela es apremiante?

El intervencionismo de Washington en América Latina ha sido históricamente controversial. Las consecuencias de incursiones pasadas, desde Chile hasta Panamá, son bien conocidas y el dolor de esas experiencias no se olvida con facilidad. Sin embargo, en esta ocasión, la situación dentro de Venezuela es tan crítica que muchos ven en la intervención estadounidense una de las pocas salidas a un régimen que ha mostrado su total desprecio por los derechos humanos y las libertades fundamentales.

El régimen Chavista: Una dictadura criminal

El chavismo bajo Maduro ha perpetuado un sistema autoritario que no solo se mantiene en el poder por la fuerza, sino que además ha sido responsable de innumerables violaciones a los derechos humanos. Desapariciones forzadas, ejecuciones extrajudiciales y un colapso económico que ha empujado a millones de venezolanos a la diáspora, son solo algunos de los trágicos resultados de un régimen que parece haber elegido la represión como su única forma de gobierno. A esto se le suman las denuncias de fraude electoral y manipulación política, lo que ha hecho que las elecciones en el país carezcan de toda legitimidad.

El reciente caso de la proscripción de la líder opositora María Corina Machado, y el fraude en las elecciones presidenciales de 2024, son solo la última evidencia de que Maduro y su entorno no tienen la mínima intención de permitir una transición democrática. En este contexto, la «Operación Resolución Absoluta» podría ser vista como la única medida capaz de alterar el statu quo, aunque, como todo acto de intervención militar, implica enormes riesgos.

La encrucijada ética, legal y geopolítica

Aceptar que el derrocamiento de Maduro por parte de los Estados Unidos podría ser una salida válida no es un ejercicio fácil, ni desde el punto de vista ético, ni legal, ni geopolítico. Desde el principio, este acto entra en conflicto con los principios fundamentales del derecho internacional, que prohíben la intervención en los asuntos internos de los Estados soberanos. Por otro lado, no se puede ignorar que el régimen de Maduro se ha mantenido en el poder gracias a la represión y la manipulación política, sin que la comunidad internacional haya logrado forzar una transición pacífica y democrática.

La duda sobre la motivación de los Estados Unidos —y en particular de la administración Trump— en esta intervención también es un factor crucial a considerar. El interés de Washington en los recursos naturales de Venezuela, especialmente el petróleo, no puede ser subestimado. Las intervenciones pasadas de EE.UU. en países como Irak y Afganistán son lecciones amargas que alertan sobre los peligros de una solución militar que no se base en un plan estratégico realista y en el respeto a la soberanía local.

¿Una transición democrática realista?

Lo cierto es que Venezuela necesita una solución urgente y sostenible. La transición hacia un sistema democrático, que implique elecciones libres y justas, parece cada vez más lejana. A pesar de los esfuerzos diplomáticos y las presiones internacionales, el régimen chavista ha mostrado poco interés en ceder el poder. Por ello, aunque la intervención militar de Estados Unidos puede ser vista como un mal necesario para romper el estancamiento político, también es fundamental que cualquier proceso de transición sea genuinamente inclusivo y respetuoso con la voluntad del pueblo venezolano.

Este proceso debe ser llevado a cabo con un enfoque estratégico que evite repetir los fracasos de intervenciones pasadas. La clave estará en garantizar que el poder no quede nuevamente en manos de actores autoritarios, y que los intereses extranjeros, como los de Estados Unidos, no sean los que definan el futuro político de Venezuela. Para que esta transición sea real, es necesario que se dé voz al pueblo venezolano y que su soberanía sea respetada en todo momento.

Lo que está ocurriendo en Venezuela plantea un dilema moral y geopolítico sin precedentes. El derrocamiento de Maduro, aunque violento e injustificable desde una perspectiva de derecho internacional, podría ser la única salida ante un régimen que ha demostrado un absoluto desdén por la democracia y los derechos humanos. Aceptar esta intervención no es fácil, pero es igualmente innegable que el país está atrapado en una crisis que no puede resolverse sin un cambio profundo y significativo.

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