
Donald Trump instó formalmente a sus seguidores a boicotear los conciertos de Bruce Springsteen. El mandatario, a través de una serie de mensajes en su plataforma Truth Social, calificó al legendario músico como un artista «mediocre y aburrido» y sugirió a sus simpatizantes que no gasten su dinero en lo que denominó espectáculos «caros y terribles».
La ofensiva presidencial se produce tras el inicio de la gira «Land Of Hope And Dreams» de Springsteen en Mineápolis, Minnesota. Durante el concierto inaugural, el músico de 76 años lanzó duras críticas contra la administración Trump, a la que describió como «corrupta, incompetente y traidora». El detonante principal de esta nueva escalada fue la interpretación de su reciente canción, Streets of Minneapolis, dedicada a Renee Good y Alex Pretti, dos ciudadanos que murieron a manos de agentes federales durante operativos de control migratorio el pasado enero.
Trump, en su habitual estilo directo y personalista, no solo atacó la postura política de Springsteen, sino que recurrió a insultos sobre su apariencia física, comparándolo con una «ciruela seca» y atribuyendo sus críticas a un caso incurable de lo que el presidente denomina «Síndrome de Trastorno de Trump». El mandatario contrastó la popularidad del músico con su propia victoria electoral de 2024, presumiendo de haber ganado en el 86% de los condados del país y afirmando que el país está ahora más «caliente» que nunca bajo su mando.
El boicot solicitado por la Casa Blanca ha generado una respuesta inmediata de los sindicatos de músicos. La Federación Americana de Músicos emitió un comunicado conjunto defendiendo a Springsteen como una «voz para los trabajadores» y un símbolo de la esperanza estadounidense, calificando los ataques de Trump como un intento de silenciar la libertad de expresión. Por su parte, Springsteen ha declarado que su trabajo es simplemente decir lo que piensa y que no le preocupa perder parte de su audiencia por sus convicciones.
Esta confrontación ocurre en un clima de alta tensión política en Estados Unidos, marcado por protestas contra las políticas migratorias y el descontento por la participación del país en conflictos internacionales. Mientras los seguidores del movimiento MAGA comienzan a movilizarse en redes sociales contra el «Jefe», Springsteen tiene previsto continuar su gira por ciudades clave como Portland, San Francisco y Chicago, culminando simbólicamente en Washington D.C. a finales de mayo.





