En la cima del escalafón se ubica Juan A. Martínez, intendente de Rivadavia, quien registra el diferencial de imagen neta más alto del estudio, alcanzando un saldo favorable del 19,5%. A este le sigue de cerca Darío Golía, de Chacabuco, con un balance positivo del 17,4%. Si bien estas cifras los posicionan en un selecto grupo de aprobados, el desglose de los porcentajes relativiza de inmediato cualquier lectura de euforia electoral.
El dato verdaderamente revelador es que el liderazgo de Martínez se edifica sobre apenas un 24,5% de imagen positiva frente a un escaso 5% de negativa. La gran masa crítica que decide su posición en el ranking se encuentra sepultada en un abrumador 70,5% de encuestados que declaran no conocerlo o prefieren no emitir opinión. Este patrón de «aprobación por defecto» o baja exposición se replica casi matemáticamente en figuras como Gilberto Alegre en General Villegas y Franco Flexas en General Viamonte, quienes ostentan diferenciales superiores al 16% sustentados en niveles de desconocimiento que promedian el 65%.
En más de la mitad de los municipios analizados, la categoría «No Sabe / No Conoce» supera holgadamente la barrera del 60%. Los casos más extremos los protagonizan Luis I. Pugnaloni en Hipólito Yrigoyen y Fernando Rodríguez en General Pinto, donde casi el 84% de los consultados ignora o prefiere omitir juicio sobre sus figuras, lo que reduce la política local a una experiencia de nicho o de estricta relevancia vecinal.
A medida que la mirada desciende hacia el sector calificado como regular, emergen distritos con dinámicas políticas notablemente más calientes. Guillermo Britos, el veterano intendente de Chivilcoy, ofrece el perfil más nítido de un territorio fuertemente politizado. Britos exhibe la imagen positiva individual más alta de todo el relevamiento con un 29,6%. No obstante, esa centralidad tiene un costo directo: su imagen negativa se dispara simultáneamente al 26,6%, dejándolo con un diferencial exiguo de apenas el 3%. Un escenario análogo se observa en Lincoln con Salvador Serenal, quien retiene un 27,8% de apoyos pero acumula un 16,5% de rechazo. Estos municipios demuestran que una mayor visibilidad pública tiende a erosionar de inmediato los balances idílicos que disfrutan los mandatarios de distritos con menor exposición demográfica.
En el extremo opuesto de la tabla se sitúan aquellos mandatarios cuya gestión o perfil político ha cruzado la línea roja del desgaste explícito. Lo dicho, María José Gentile, de Nueve de Julio, cierra la tabla con el peor diferencial de la muestra, registrando un saldo neto negativo del 14,8%. En su caso, confluyen dos factores críticos: una bajísima adhesión positiva de apenas el 5,2% y un desconocimiento de casi el 75% que congela cualquier posibilidad inmediata de revertir la tendencia.
Por su parte, Pablo Javier Zurro en Pehuajó y Juan Fiorini en Junín representan un tipo de desgaste diferente y mucho más consolidado. Zurro acumula la imagen negativa más alta de todo el informe con un preocupante 34,7%, superando por más de trece puntos a su propia base positiva. Fiorini, en Junín, corre una suerte similar al registrar una negatividad del 31,1% contra un 24,8% de aprobación.
En ambos casos, el margen de indecisos o desconocimiento cae significativamente en comparación con el resto de la tabla, ubicándose en torno al 44%, lo que sugiere que en estos territorios la opinión pública ya ha tomado una postura madura, mayoritariamente crítica y difícil de modificar en el corto plazo.