Los que votan todos los días

Por Javier Pappalardo

Hay una escena en la que conviene detenerse. En los primeros días de esta semana, el riesgo país llegó a tocar los 710 puntos básicos, su nivel más alto desde octubre del año pasado. En este mismo mes, el Banco Central había superado los 1.000 millones de dólares en compras, y en el año acumula más de 15.000 millones, por encima de la meta de 10.000 pactada con el Fondo. La inflación de septiembre fue del 1,9 %. Con todos los indicadores por los que el Gobierno eligió ser juzgado en orden, los bonos argentinos en dólares perdieron cerca de un 5 % en un mes, y llegaron a encadenar siete ruedas seguidas de caída antes de un leve rebote.
La paradoja tiene una explicación. Nadie teme por los vencimientos del año próximo, porque el riesgo de default en 2027 se considera prácticamente nulo. La duda empieza en 2028, con un gobierno que todavía no tiene nombre. El riesgo país marcó su mínimo del año, 403 puntos, a principios de julio. Desde entonces subió casi sin pausa, al mismo ritmo en que las encuestas empezaron a mostrar a Javier Milei y Axel Kicillof empatados. El mercado dejó de calificar la gestión y empezó a cotizar la sucesión.

La Argentina ya vio esta película. En 2019, meses antes de las primarias, los bonos del gobierno de Mauricio Macri empezaron a descontar lo que en la City se bautizó, con poca elegancia académica, como el riesgo kirchnerista. El final es conocido. Un año después, Alberto Fernández y Martín Guzmán reestructuraban la deuda con extensión de plazos y recorte de cupones. La memoria de los inversores tiene precio y hoy es un bono AO29 que rinde más del 10 % anual, cuando las emisiones anteriores se habían colocado al 8,5 %. Conviene, de todos modos, no leer el antecedente como una sentencia. En 2019 el castigo también reflejaba las debilidades propias de aquel programa, y la reestructuración fue una decisión política que pudo haber sido otra. El riesgo de hoy puede bajar por un cambio en las encuestas, pero también por un Gobierno capaz de ampliar su base política.
Luis Caputo leyó el mensaje y tomó una decisión reveladora. El Tesoro no emitió deuda en dólares en las últimas cuatro licitaciones, para no convalidar esas tasas. Si el mercado local no alcanza, el ministro mencionó la alternativa de un swap con China para cubrir los vencimientos de 2027. Tiene su ironía que el gobierno más favorable al mercado de la historia reciente busque en Pekín lo que Wall Street le cobra caro.
Hay dos maneras de expresar el descontento. La voz es la protesta del que se queda, y la salida es la decisión del que se va. El votante tiene voz cada dos años. El bonista tiene salida todos los días. Lo que mostraron estos días es que los dueños del capital ya empezaron a votar, un año antes que el resto.Y el resto tiene sus propios motivos.
Las ventas minoristas pyme de septiembre subieron un 0,3 % interanual, pero cayeron un 1,2 % frente a agosto y acumulan una baja del 2,1 % en el año. Alimentos y bebidas, el rubro que mide el día a día de una familia, retrocedió un 3,1 %. El empleo formal suma catorce meses de caída, y la industria trabaja con el 58,5 % de su capacidad. En Nueve de Julio no hace falta la encuesta. Alcanza con caminar el centro a media tarde.

La obra pública ofrece otra radiografía. El proyecto de Presupuesto 2027 llevaría la inversión pública al 0,4 % del PBI, un mínimo histórico según el IIEP de la UBA y el Conicet. A las constructoras que esperan cobrar certificados atrasados desde 2022, Economía les ofreció pagar hasta 221.119 millones de pesos con letras y bonos, a cambio de que desistan de sus reclamos judiciales. Para los municipios del interior, que dependen de esas obras para sus caminos y desagües, se parece demasiado a una promesa diferida.
Para una ciudad agropecuaria como la nuestra, el dato de fondo está en el calendario de las retenciones. El Decreto 423/2026 bajó de inmediato el derecho de exportación del trigo al 5,5 %, pensando en la siembra de invierno. La soja, en cambio, sigue en el 24 %. Su reducción empieza recién en enero de 2027, a razón de un cuarto de punto por mes, y llega al 21 % en diciembre de ese año. El productor que siembra esta primavera lo hace con la alícuota de siempre y con la promesa de una baja que se completa en 2028, después de la elección. El Gobierno le pide paciencia al mismo sector al que el mercado le está enseñando que la paciencia también cotiza.
Ese es el punto ciego del programa. El Gobierno ganó la batalla contra la inflación con las herramientas de la macroeconomía, y ahora enfrenta un problema que esas herramientas no resuelven. Lo que los bonistas están castigando es la posibilidad de que el orden actual dure menos que un bono. Contra esa sospecha, que también alcanza al dólar de 2027, hay un solo antídoto, y no lo emite el Banco Central. Se llama crecimiento, empleo y una sociedad convencida de que el esfuerzo valió la pena. Hasta que aparezca, el mercado va a seguir votando todos los días. Y en el campo, donde se siembra hoy lo que se cosecha después de la elección, los productores ya empezaron a hacer la misma cuenta que los bonistas.

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