3 Ene 2026
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Nueve de Julio

Los desafíos económicos del nuevo año

Bajo la superficie de una inflación que el presidente Javier Milei intenta presentar como controlada en torno al 2%, surgen desafíos estructurales que marcan el pulso económico del país. La masa de pesos inmovilizada por tasas de encaje récord, junto con un Banco Central que estrena un régimen cambiario más inercial, son solo la punta del iceberg. El objetivo es evitar saltos bruscos en el tipo de cambio, pero el reto más grande sigue siendo la acumulación de reservas, en un contexto donde el sector productivo se ve atrapado entre el estancamiento interno y la competencia importada. Sin embargo, lo que domina las pantallas en el Ministerio de Economía es una «pared de deuda» que no deja de crecer.

La «pared» de deuda

El calendario financiero de 2026 comienza con una prueba de estrés que marcará el tono del verano. El 9 de enero vencen USD 4.300 millones de cupones de los bonos Bonares y Globales, lo que representa una de las primeras grandes pruebas para el equipo económico. En una ingeniería financiera que ya ha dado que hablar, el ministro de Economía, Sergio Massa, ha logrado articular un esquema que incluye la emisión de deuda local por USD 1.000 millones y otros instrumentos, como swaps o repos, para cubrir el resto. Si bien el Tesoro asegura tener los dólares necesarios, el mercado estará atento a la elección final de los instrumentos utilizados.

Según el informe de la Oficina de Presupuesto del Congreso (OPC), la carga total de deuda en moneda extranjera para 2026 asciende a USD 19.570 millones. A esta montaña de dólares se suman vencimientos en pesos que rozan los $194 billones, lo que exige un refinanciamiento constante para evitar la fuga de capitales hacia el dólar.

Jorge Carrera, economista y ex vicepresidente del BCRA, destaca las limitaciones estructurales que enfrenta el Gobierno para refinanciar estos pasivos en el mercado voluntario. «La deuda con el FMI y los multilaterales se ha convertido en deuda ‘junior’, es decir, más vulnerable a reestructuraciones en caso de eventos negativos», señala. Por ello, la estrategia oficial se basa en replicar el éxito del blanqueo de capitales para sumar dólares al mercado, ya que el acceso a los mercados internacionales sigue siendo extremadamente limitado.

El impacto del boom importador

El consultor Martín Kalos destaca que el boom importador, combinado con un tipo de cambio «barato» en 2025, ha deformado la estructura de la industria argentina. Esta política no solo afectó a la competitividad de los productos nacionales, sino que generó distorsiones en el mercado laboral y en la competitividad de las pequeñas y medianas empresas.

«Las reestructuraciones de deuda realizadas en 2026 traen consigo una mayor carga de pagos, algo que los gobiernos anteriores habían planificado en función de un país en mejores condiciones para afrontar esos compromisos», explica Kalos. El riesgo país sigue siendo un indicador clave, y si continúa disminuyendo con la implementación de nuevas emisiones de deuda, podría generar cierta confianza en el sistema, pero el desafío sigue siendo enorme.

El nudo cambiario: cepo, FMI y la promesa postergada

Uno de los frentes más complejos para 2026 es el ámbito político-cambiario. Existe una contradicción latente entre tres ejes de presión: la promesa incumplida de levantar el cepo cambiario, la estrategia antiinflacionaria del Gobierno y las exigencias del Fondo Monetario Internacional (FMI).

A pesar de las promesas de Milei de eliminar el cepo cambiario para enero de 2026, las restricciones siguen vigentes, tanto para personas jurídicas como para el control de capitales. La apertura total de los mercados se ha postergado, priorizando la estabilidad inmediata sobre la normalización que se había comprometido.

En este contexto, el FMI sigue presionando por una política cambiaria más flexible que evite un atraso excesivo del tipo de cambio, que podría generar más distorsiones en la economía. Según el Fondo, la política de tipo de cambio fijo podría comprometer la competitividad y las reservas del país.

«El Gobierno tiene bajo control la devaluación actual, pero no puede apreciar mucho más el peso sin que eso afecte la cuenta corriente», advierte Kalos. Además, el riesgo de que la falta de confianza en el mercado impida la llegada de inversiones genuinas persiste, lo que podría derivar en un fracaso económico si no se revisan las reglas del juego.

El fin de la excepcionalidad política

Mientras tanto, la relación con el Tesoro de los Estados Unidos se perfila como otro gran desafío. El apoyo político a Milei fue clave durante las elecciones y los acuerdos previos, pero a medida que se consolida su gobierno, las expectativas de Washington y el FMI serán más estrictas. El triunfo de Trump en Estados Unidos y la proliferación de gobiernos de derecha en la región (Bolivia, Chile) han diluido la «excepcionalidad» que Milei había capitalizado.

«Con la relación con los funcionarios del Fondo más influenciada por el Tesoro, la dinámica volverá a la normalidad. Los técnicos tendrán más espacio para implementar sus políticas», comenta Carrera. Esa «normalidad» podría significar un endurecimiento de las condiciones acordadas, lo que incluiría mayores presiones sobre las reformas estructurales y las metas fiscales que Argentina ha pactado para 2026.

Reformas y objetivos clave

El Gobierno se ha comprometido a cumplir con varias reformas estructurales que serán evaluadas por el FMI en los próximos meses. Entre ellas destacan:

1. Reforma previsional: Se presentará al Congreso una propuesta integral para simplificar el sistema de pensiones y mejorar su sostenibilidad.

2. Metas de reservas: Se proyecta una acumulación acelerada de reservas, con un objetivo de USD 8.400 millones para el cuarto trimestre de 2026.

3. Impuestos a exportaciones: Aunque la reducción de las retenciones a productos agrícolas clave (como la soja y el maíz) está prevista, se postergará hasta marzo de 2026.

En el plano comercial, la agenda con Trump podría abrir nuevas oportunidades para Argentina en un contexto global de aranceles cruzados, pero Kalos advierte que el FMI también exigirá waivers por las metas de reservas no cumplidas, lo que podría complicar las negociaciones.

La economía real: entre la parálisis y la recesión

A medida que la macroeconomía se ajusta a las condiciones externas e internas, la economía real sigue atrapada en un ciclo de parálisis. La falta de liquidez es un problema creciente, exacerbado por el aumento de la tasa de encaje bancario, que ha generado una «gran cantidad de pesos inmovilizados» en el sistema financiero. Además, las altas tasas de interés continúan frenando el crédito y, por ende, la reactivación económica. El sector productivo, por su parte, sigue atravesando un período crítico, donde las dificultades para competir con productos importados y la falta de incentivos para invertir en la producción nacional se traducen en cierres de empresas y reconversiones hacia la importación.

«Si no se ajustan los incentivos, 2026 no será un año de recuperación, sino de transformación dolorosa», concluye Kalos. En un panorama de recesión y salarios ajustados, la gran incógnita es si el Gobierno podrá superar la «pared de deuda» de enero y ofrecer soluciones concretas a los problemas de la economía real, mientras las expectativas de la «economía de la calle» siguen esperando una salida.

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