Las Cataratas del Niágara, uno de los saltos de agua más caudalosos del mundo, han ofrecido este martes una postal de inmovilidad aparente tras el impacto de una tormenta ártica que ha desplomado los termómetros en la frontera entre Canadá y Estados Unidos. Con temperaturas que han oscilado entre los -12 y -21 grados Celsius, y una sensación térmica que ha rozado los -30 grados, el paisaje se ha transformado en un desierto de estructuras de hielo de hasta diez pisos de altura.
A pesar del impacto visual que sugiere un congelamiento total, los expertos de la administración del parque han aclarado que el inmenso caudal del río Niágara sigue fluyendo por debajo de la espesa costra de hielo. Lo que los miles de turistas observan es, en realidad, un fenómeno producido por la congelación instantánea del rocío y la niebla que emana de las caídas, creando el famoso «puente de hielo» que conecta las orillas estadounidense y canadiense.
Sin embargo, la belleza del paisaje invernal contrasta con la gravedad de la crisis que atraviesa la región. La denominada «Tormenta Invernal Fern» ha dejado un saldo trágico de al menos 50 víctimas mortales en toda Norteamérica y ha provocado el colapso de infraestructuras críticas. En Ontario, los centros de acogida para personas en situación de calle se encuentran operando a su máxima capacidad, mientras que las autoridades energéticas han instado a la población a racionar el consumo eléctrico para evitar apagones masivos ante la demanda histórica de calefacción.
El transporte también se ha visto severamente afectado. Solo en la última jornada se han reportado más de 14.000 vuelos cancelados y demoras generalizadas en los aeropuertos de Toronto y Montreal. Las aerolíneas luchan contra la acumulación de hielo en las pistas, mientras el Servicio Meteorológico de Canadá advierte que el frío extremo persistirá durante el resto de la semana, manteniendo bajo alerta a más de 200 millones de personas en ambos países.
Los registros históricos recuerdan que las cataratas solo se han detenido por completo una vez, en 1848, debido a un bloqueo de hielo en el lago Erie. Aunque el evento actual no alcanza esa magnitud, la rapidez con la que se ha formado esta armadura de hielo es un recordatorio de la intensidad de este sistema polar que, según los meteorólogos, es uno de los más severos de la última década.





