España se encuentra en estado de conmoción tras uno de los peores desastres ferroviarios de su historia reciente. Un choque entre dos formaciones de alta velocidad en la provincia de Córdoba ha dejado un saldo provisional de 40 víctimas mortales y más de 150 heridos, paralizando por completo la conexión ferroviaria entre Madrid y Andalucía.
El incidente ocurrió a las 18:40 hora local del domingo 18 de enero, cerca de la localidad de Adamuz. Un tren de la compañía privada Iryo, que cubría la ruta Málaga-Madrid con más de 300 pasajeros a bordo, descarriló de forma repentina en un tramo recto de la vía. Según los informes técnicos de Adif, el gestor de la infraestructura, la parte trasera del convoy se salió de los raíles e invadió la vía adyacente justo en el momento en que circulaba en sentido contrario un tren Alvia de Renfe, que viajaba de Madrid hacia Huelva con cerca de 200 personas.
El impacto fue, en palabras del Ministro de Transportes, Óscar Puente, «terrible». Los dos primeros vagones del tren de Renfe recibieron el golpe directo, saliendo proyectados por un terraplén de cuatro metros de altura. La violencia de la colisión convirtió los vagones en amasijos de hierro retorcido, dificultando durante toda la madrugada las labores de rescate de los equipos de emergencia.
Los pasajeros que lograron salir por su propio pie describieron escenas de pánico absoluto. Salvador Jiménez, un periodista de RTVE que viajaba en el tren de Iryo, relató que el impacto se sintió como un movimiento sísmico violento. Ante el corte inmediato del suministro eléctrico y la oscuridad total, los viajeros se vieron obligados a utilizar los martillos de emergencia para romper las ventanillas y escapar de los vagones que comenzaban a volcarse.
En el pueblo de Adamuz, de apenas 5.000 habitantes, la solidaridad fue inmediata. Durante la noche, los vecinos se acercaron a la zona del siniestro cargados con mantas, agua y alimentos para asistir a los supervivientes, quienes eran trasladados a un centro de recepción improvisado mientras las temperaturas caían por debajo de los 6°C.
A pesar de que el balance de víctimas ha ascendido a 40 fallecidos este lunes, las autoridades no descartan que la cifra pueda aumentar mientras continúan las tareas de desescombro. Entre las víctimas confirmadas se encuentra el maquinista del tren Alvia, un joven de 27 años. Por su parte, el número de heridos hospitalizados se sitúa en 41, con 12 personas en estado crítico, incluyendo a varios menores de edad.
Las causas del accidente plantean serias interrogantes para los peritos. El tramo donde ocurrió el descarrilamiento es una línea recta que había sido renovada apenas en mayo pasado. El presidente de Renfe ha descartado el exceso de velocidad como factor determinante, señalando que ambos trenes circulaban por debajo del límite de 250 km/h establecido para ese sector. Las hipótesis actuales se centran en un posible fallo técnico en el material rodante del tren Iryo —que tenía menos de cuatro años de antigüedad— o una deficiencia estructural imprevista en la vía.
El Gobierno de España ha decretado tres días de luto oficial. El Presidente Pedro Sánchez, tras visitar la «zona cero» del accidente, calificó la jornada como «un día de dolor para toda España» y garantizó una investigación exhaustiva para esclarecer por qué fallaron los protocolos de seguridad en una red ferroviaria considerada de vanguardia a nivel mundial.
Como consecuencia directa, el servicio de alta velocidad entre Madrid y todo el sur de la península permanece suspendido. Renfe ha confirmado que las líneas no se reabrirán, como mínimo, hasta el próximo viernes 23 de enero, obligando a miles de viajeros a buscar alternativas en vuelos de refuerzo o servicios de autobús.





