El costo del alquiler se ha convertido en una de las principales preocupaciones económicas de los hogares argentinos. Según la Encuesta Nacional Inquilina de marzo de 2026, elaborada sobre 690 familias de 20 provincias, el 70,6% de los inquilinos destina el 40% o más de sus ingresos mensuales al pago de la vivienda, una proporción que supera ampliamente el umbral internacional recomendado del 30%.
El informe muestra una distribución alarmante: el 22,8% de los consultados gasta exactamente el 40% de su salario en alquiler, mientras que un 17,2% debe destinar la mitad de sus ingresos. En los casos más extremos, el 10,7% paga el 60%, el 7,2% el 70% y el 6,1% hasta el 80%. Incluso un 4,5% afirma que el alquiler consume la totalidad de su salario.
La situación es especialmente crítica en los grandes centros urbanos. En la Ciudad de Buenos Aires, el costo promedio de un alquiler ronda los $600.000, frente a un ingreso medio de $1,7 millones. En Neuquén, en tanto, los alquileres alcanzan los $900.000, con salarios promedio cercanos a los $2 millones. El impacto en la calidad de vida es directo. El 70,9% de los inquilinos declara tener deudas activas, mientras que el 38,9% se endeudó específicamente para poder pagar el alquiler. Dentro de ese grupo, el 65,2% recurrió a tarjetas de crédito, en un contexto de tasas de interés elevadas.
Las consecuencias se extienden al consumo básico: el 89,6% redujo gastos del hogar, el 65,1% ajustó su alimentación y el 53,2% reconoció haberse endeudado para poder comer. Casi tres de cada diez hogares (29,7%) aseguran que solo pueden cubrir una o dos comidas diarias. También se registran recortes en salud, que afectan al 54,2% de los encuestados. La presión económica ha generado además cambios forzados en las condiciones de vida. El 17,2% de los inquilinos tuvo que mudarse por no poder afrontar el alquiler, porcentaje que asciende al 33,3% en Neuquén. En el plano laboral, el informe revela que el 45,7% de los inquilinos necesita más de un empleo para sostener sus gastos, mientras que el 14,1% perdió algún trabajo en el último año. Aun así, el 71,4% cuenta con empleo formal, o sea, la estabilidad laboral ya no garantiza el acceso a una vivienda.
Por último, el estudio señala un cambio estructural: el 43% de los inquilinos pertenece a una segunda generación sin acceso a la propiedad, cifra que en la Ciudad de Buenos Aires se eleva al 51,6%. La dificultad para acceder a la vivienda propia consolida así una tendencia que redefine el mapa social y económico del país.





