Un reciente relevamiento nacional del Monitor de Opinión Pública de Zentrix Consultora arroja una radiografía alarmante sobre el estado de los hogares: el deterioro del poder adquisitivo ha dejado de ser una estadística lejana para convertirse en una barrera física que se materializa cada mes, mucho antes de que llegue el siguiente salario.
El fenómeno, que algunos analistas ya denominan como «el muro del día 20», describe la realidad de más de la mitad de la población, cuyos ingresos se agotan diez días antes de terminar el mes. Esta brecha temporal está siendo cubierta de una manera riesgosa: mediante un endeudamiento sistémico que ya afecta al 56,4% de los hogares. Sin embargo, a diferencia de otras épocas donde el crédito se utilizaba para bienes durables o mejoras en el hogar, hoy los argentinos se endeudan para lo básico. El dinero prestado se diluye en el pago de alquileres, facturas de servicios públicos y, fundamentalmente, en la compra de alimentos cotidianos.
Esta dependencia del crédito ha generado un círculo vicioso de difícil salida. Según el informe, 9 de cada 10 personas que recurrieron al financiamiento externo admiten tener serias dificultades para devolver el dinero. Esta asfixia financiera ha provocado un cambio profundo en la autopercepción social de los ciudadanos. Hoy, el 53% de los encuestados se identifica como parte de la clase baja, un dato que refleja un proceso de movilidad descendente acelerado y una erosión de la histórica clase media argentina.
La desconexión entre las cifras oficiales y la experiencia de bolsillo también marca la agenda del descontento. Aunque el gobierno presenta indicadores de desaceleración inflacionaria, un 65,8% de los consultados considera que el índice publicado por el INDEC no se traduce en los precios que encuentran en las góndolas. Esta brecha de credibilidad alimenta una percepción negativa de la situación general del país, que 6 de cada 10 argentinos califican como mala o muy mala.
En el plano político, el impacto del ajuste económico comienza a cristalizarse en los niveles de aprobación. La gestión del presidente Javier Milei registra una desaprobación del 53,3%, frente a un apoyo que se sitúa en el 38,5%. Mientras el gobierno busca estabilizar las variables macroeconómicas, la microeconomía de las familias parece haber llegado a un límite donde el crédito, lejos de ser una solución, se ha convertido en el último recurso para sostener un consumo que ya no alcanza para completar el calendario.






