Hay heridas que no se sienten en el momento. Cuenta la historia que la emperatriz Sissi recibió una puñalada en Ginebra y siguió caminando, subió al barco y conversó como si nada. El corsé apretaba tanto que contuvo la sangre. Cuando se lo aflojaron, quedó todo a la vista.En 9 de Julio los caminos rurales llevan años con la herida abierta. Y hubo quien tuvo el corsé bien ajustado. Empecemos por los números, que son lo único que no opina.
El productor paga la tasa de red vial todos los años. El Concejo Deliberante sancionó la Ordenanza Fiscal 7330/2025, que creó un Fondo de Inversión en maquinarias viales y mandó reglamentarlo. Y el Tribunal de Cuentas de la Provincia, al revisar la Rendición de Cuentas 2025, observó que esa reglamentación no se acreditó y que falta documentación que permita verificar el destino de los recursos. Son observaciones en trámite, con derecho a descargo, pero existen y están escritas. Eso es lo que hay del lado de quien cobra. Una tasa que se percibe, una herramienta creada por ordenanza que nunca se puso en marcha y un órgano de control que pide los papeles y no los encuentra. Ninguna política de Estado empieza en otro lado que no sea ese.
Del otro lado está quien paga. En declaraciones a la prensa local de estos días, el presidente de la Sociedad Rural, Hugo Enríquez, sostuvo que los caminos deben transformarse en una política de Estado que trascienda a los gobiernos de turno, y señaló que los cambios de gestión «nos hacen gastar energía, nos hacen gastar tiempo y avanzar y retroceder«. Habló también del desarraigo, de la gente que se vuelve del campo y de los pueblos que se vacían. Tiene razón en todo.
El problema es la memoria. Durante más de una década no hubo ningún cambio de gobierno que explique el retroceso. Mariano Barroso gobernó ocho años y dejó la intendencia en manos de María José Gentile, a quien él mismo presentó como candidata. Diez años largos del mismo espacio y del mismo trato cordial con la diriigencia rural, con palcos compartidos en la Exposición local, cintas cortadas y discursos de reconocimiento mutuo. En todo ese tiempo la tasa se cobró sin interrupciones, y en el debate público de esos años no aparece un reclamo de la entidad sobre el destino de lo recaudado. Se pidió obra, se pidió máquina, se pidió arreglo. La pregunta por la plata no ocupó el centro de la escena. ¿Por qué ahora? Porque el agua viene. La Organización Meteorológica Mundial declaró condiciones de El Niño y el Servicio Meteorológico Nacional anticipa lluvias por encima de lo normal. Ahí se afloja el corsé. Mientras no llovía, la herida no se veía.
El movimiento en marcha va por dos carriles y conviene no confundirlos. Uno es la mesa de emergencia hídrica, que funcionó hasta fines de marzo, dejó de reunirse y se vuelve a convocar para el 24 de septiembre con el municipio y la provincia. El otro es un proyecto de mediano y largo plazo, todavía en elaboración, para crear una comisión que administre la red vial rural con un marco jurídico nuevo. Los dos son bienvenidos. El primero tiene una pregunta pendiente que nadie contestó, y es por qué se discontinuó justo cuando el pronóstico ya estaba sobre la mesa. Sobre el segundo, una advertencia. Una política de Estado empieza por cumplir la ordenanza que ya existe, rendir cuentas de la tasa que ya se cobra y reglamentar el fondo que ya se creó. Un proyecto nuevo no puede servir para tapar un incumplimiento viejo, y la entidad que representa a quienes pagan esa tasa tiene ahora la mejor oportunidad de su década para pedir los papeles.
Baudelaire dejó escrito que la más bella de las astucias del diablo es persuadirnos de que no existe. Con los caminos se hizo algo parecido. Durante diez años el problema estuvo ausente de los palcos, de los discursos y de los expedientes, y presente en el barro, para el que tenía que sacar la cosecha o llevar a los chicos a la escuela. El Niño viene a desarmar el truco. Cuando llegue el agua ya no habrá corsé que contenga nada, y la foto del palco no va a sacar a ningún camión del barro.





