Redacción Extra Digital
Hay días en que la Argentina se muestra entera, sin disimulo, y el jueves, que comenzó con este amanecer de junio, fue uno de ellos. Tres noticias de distinta naturaleza confluyen en un solo diagnóstico: la distancia que existe entre el relato oficial y la realidad que vive la gente.
El miércoles cientos de miles de argentinas volvieron a tomar las calles en el undécimo aniversario del «Ni Una Menos». Lo hicieron con nombres propios en los carteles: Agostina Vega, Dulce María Beatriz Candia, Noelia Romero. Desde enero hasta el 24 de mayo de este año se registraron 83 femicidios en el país, según el observatorio «Ahora Que Sí Nos Ven». Desde la primera marcha del 3J, en 2015, la estadística totaliza más de tres mil ciento cuarenta víctimas —una cada treinta horas—, y el ochenta y cinco por ciento de los agresores pertenecía al círculo íntimo de la mujer asesinada. Mientras las columnas se acercaban al Congreso, el presidente Milei y la ministra Bullrich salieron a defender por redes sociales «la baja de femicidios». El contraste entre esa afirmación y los números duele más que el frío de la noche otoñal.
La segunda trama es judicial y tiene nombre propio: Manuel Adorni. El jefe de Gabinete convocó ayer una reunión con el gabinete completo que terminó con Milei abandonando el salón antes de que concluyera, rumbo a Olivos. Horas antes, en su conferencia de prensa, Adorni bloqueó toda pregunta vinculada a su causa, en la que la Justicia reconstruyó gastos mensuales de entre dieciocho y veinte mil dólares sobre un sueldo de menos de cuatro mil. Viajes a Aruba, Punta del Este, Madrid, Bariloche y Nueva York, pagados en efectivo, sin justificación patrimonial visible. El Presidente lo respalda públicamente. «No lo voy a ejecutar para ganar una elección«, dijo ante sus ministros, pero el expediente avanza con una lógica que la política no puede detener: la de los números que no cierran.
El tercer eje es comercial y tiene una ironía que sería cómica si no fuera tan cara. La Casa Blanca avanza en la posibilidad de imponer aranceles a productos argentinos, y desde el gobierno bonaerense le enrostraron al Ejecutivo nacional la poca eficacia del vínculo con Trump: «Ni para esto sirve el Ministerio de Relaciones Carnales«, disparó el ministro Bianco. La frase resume en pocas palabras el riesgo de una política exterior construida sobre la foto y no sobre el interés nacional. Mientras tanto, el Banco Central acumula reservas, la inflación cede y el riesgo país cayó de forma sostenida. Los indicadores macro son reales. El problema es que los indicadores macro no votan, no marchan y no duermen con miedo.
Lo que el jueves dejó en evidencia la incapacidad de un gobierno para leer la política en clave humana. Puede mostrar superávit fiscal, pero no puede explicar por qué su segundo hombre en el Estado gasta veinte veces lo que gana. Puede hablar de estabilidad, pero no puede esconder que hay una mujer asesinada cada treinta horas. Puede invocar la amistad con Washington, pero no puede proteger al campo de los aranceles que esa misma amistad no impidió. Gobernar solo mirando los números es una forma sofisticada de no ver. Y la Argentina tiene una capacidad extraordinaria para mostrarle al poder lo que el poder prefiere ignorar.





