11 Ene 2026
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Acuerdo UE-Mercosur: Entre la apertura comercial y la resistencia del campo europeo

El acuerdo comercial entre la Unión Europea y el Mercosur, que conecta a Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay, avanza hacia su firma final en Asunción, pero no sin levantar fuertes tensiones en Europa. En medio de las negociaciones diplomáticas, el sector agropecuario europeo se encuentra en plena agitación, con protestas masivas en Francia e Irlanda que ponen de manifiesto las profundidades del desacuerdo. Si bien este tratado promete abrir nuevas oportunidades comerciales, también ha desatado una lucha entre la competitividad y los intereses nacionales, especialmente en aquellos países con un fuerte componente agrícola.

Un acuerdo que podría transformar los intercambios comerciales

Este tratado, que podría significar un aumento de hasta el 40% en el intercambio comercial entre ambos bloques, está a punto de firmarse después de más de 25 años de negociaciones. Con un mercado potencial de 780 millones de personas y representando cerca del 25% del PBI global, el acuerdo es considerado uno de los más importantes a nivel mundial. En 2024, el comercio de bienes entre la UE y el Mercosur ya superó los 111.000 millones de euros, con un intercambio equilibrado: Europa exportó bienes por 55.200 millones y compró productos del Mercosur por 56.000 millones.
El acuerdo busca eliminar o reducir más del 90% de los aranceles bilaterales, abriendo el acceso a mercados clave tanto para la UE como para los países del Mercosur. De acuerdo con el informe de la consultora LLYC, la liberalización masiva facilitaría un comercio más competitivo y predecible. Para el Mercosur, esto podría traducirse en un acceso preferencial a productos como carne, soja y cereales, lo que podría mejorar su posicionamiento en el mercado europeo frente a países que ya tienen acuerdos con la UE.

El lado oscuro del acuerdo

Sin embargo, en Europa las noticias no son tan alentadoras. En varios países, especialmente Francia e Irlanda, el acuerdo ha generado una reacción feroz del sector agrícola. Los productores europeos temen que la entrada de productos sudamericanos, como carne, soja y cereales, provoque una competencia desleal debido a las diferencias en los estándares sanitarios y ambientales. Para los agricultores, las importaciones más baratas y menos reguladas suponen una amenaza a la soberanía alimentaria y al futuro de la agricultura local.

En este sentido, las protestas en las calles son un reflejo de la gran preocupación del sector. En Francia, centenares de tractores llegaron a París para protestar contra el acuerdo, calificándolo de “sentencia de muerte” para el campo europeo. En Irlanda, miles de agricultores salieron a las rutas con pancartas que decían “Stop UE-Mercosur” y otras que advertían sobre el impacto que tendrá la entrada de carne sudamericana en el mercado local. Estas manifestaciones no son aisladas, ya que también se han replicado en Polonia y Bélgica, donde el descontento sigue creciendo.

En Francia, el presidente Emmanuel Macron se encuentra atrapado entre la necesidad de cumplir con los compromisos internacionales y la presión interna del sector agrícola. En diciembre, el gobierno frenó el avance del tratado con el apoyo de Italia, pero este respaldo parece haberse diluido, ya que Bruselas ha realizado nuevas concesiones para avanzar en la firma del acuerdo. De hecho, varios políticos conservadores, como Bruno Retailleau, han amenazado con impulsar una moción de censura si Macron cede ante el Mercosur, lo que pone en peligro la estabilidad interna del gobierno francés.

Desafíos para el Mercosur

Aunque el acuerdo ofrece oportunidades comerciales importantes, también implica desafíos significativos para los países del Mercosur. Las exigencias europeas en cuanto a la deforestación, la trazabilidad de los productos y los derechos laborales son extremadamente estrictas. Estos estándares pueden generar tensiones y exigir grandes inversiones en las economías sudamericanas, que tendrán que adaptarse a las normativas de la UE si desean aprovechar las oportunidades del acuerdo. Por otro lado, sectores como el textil, el calzado y la metalmecánica en el Mercosur podrían verse presionados por la competencia de productos europeos más baratos. De hecho, los productos textiles y calzados europeos tienen una ventaja competitiva clara que podría afectar la industria local en los países sudamericanos.

La ratificación y las posibilidades de un acuerdo interino

La ratificación del acuerdo sigue siendo otro de los puntos críticos. En la Unión Europea, países como Francia, Polonia y Austria han expresado objeciones debido al impacto que el tratado tendría sobre sus productores rurales. Para superar este obstáculo, se está evaluando la posibilidad de un acuerdo interino que permita la implementación parcial del tratado desde 2026, a la espera de la ratificación final en el Parlamento Europeo y en los países del Mercosur. El riesgo para el Mercosur es que cada país miembro debe ratificar el acuerdo individualmente, lo que significa que la oposición de un solo miembro podría bloquear el acuerdo para todo el bloque, como advierte el informe de LLYC.

En los próximos días, la firma del acuerdo se perfila como uno de los momentos clave para las relaciones comerciales internacionales. El éxito del tratado, sin embargo, no se medirá solo en su ratificación parlamentaria, sino también en la respuesta estratégica de los actores económicos y las posibles modificaciones que se puedan introducir para satisfacer las demandas de ambos bloques. Como señala Juan Ignacio Di Meglio, director de Asuntos Corporativos de LLYC, el éxito del acuerdo no se definirá únicamente en los Parlamentos, sino en la capacidad de convertir esta apertura en inversión e innovación. Así, el destino del acuerdo se juega entre la diplomacia internacional y la resistencia interna de sectores clave de ambos bloques. En este delicado equilibrio, los «tractores de punta» de Europa podrían marcar la diferencia.

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