Una deuda de un millón doscientos mil dólares y una cuenta que va por casi tres
El 4 de agosto la Sala III de la Cámara Civil y Comercial Federal denegó el último recurso de la Cooperativa Eléctrica y de Servicios Mariano Moreno y, vencido el plazo para ocurrir en queja ante la Corte Suprema, la sentencia que la condena a pagarle a CAMMESA quedó firme. La administradora del mercado eléctrico ya practicó liquidación, todavía sujeta a impugnación. Conviene mirar los números despacio.
La ejecución empezó en abril de 2024 por $1.088.464.921,82 en facturas impagas de energía mayorista, con más intereses hasta el efectivo pago. Al tipo de cambio oficial de entonces, algo más de un millón doscientos mil dólares. La liquidación practicada ahora asciende a $2.966.950.027, cerca de un millón novecientos cuarenta mil dólares de hoy. En pesos la deuda se multiplicó por 2,7. En dólares creció alrededor de un cincuenta y cinco por ciento, un tramo que la inflación no explica. Y falta lo que se sume hasta el pago efectivo, más los honorarios de las tres instancias, que la Cooperativa paga por partida doble.
Dos precisiones antes de seguir. Los intereses del mercado mayorista son severos por diseño, porque están pensados para que ninguna distribuidora se financie demorando pagos. Y la Cooperativa tiene un argumento con densidad jurídica. Las leyes 27.341 y 27.591 reconocieron a las distribuidoras un crédito por las diferencias de ingresos que dejaron las emergencias tarifarias, y el Estado debía determinarlo antes de establecer cuánto se debe. Esa tesis fue acompañada por una sentencia federal y reaparece en los decretos que el propio Poder Ejecutivo viene impulsando. Merecía ser discutida.
Lo que falló fue el pronóstico. Tener un argumento defendible y tener chances razonables de ganar son cosas distintas, y en algún momento la Cooperativa dejó de distinguirlas. Tomó un fallo favorable como si fuera jurisprudencia consolidada. Leyó proyectos y decretos como si ya fueran derecho vigente. Midió sus posibilidades contando únicamente lo que jugaba a su favor. Dejó afuera el carácter ejecutivo del proceso, donde la cognición está acotada por diseño. Dejó afuera que los recargos corren mientras se litiga. Y dejó afuera la posibilidad, siempre presente en cualquier juicio, de perder.
Eso es un razonamiento de pie forzado. La conclusión estaba puesta antes que las premisas y las premisas se eligieron después, una por una, entre las que llevaban agua a su propio molino. Un razonamiento así funciona bien en una asamblea, donde nadie contesta con el escrito de la contraria en la mano. En un expediente funciona mal, porque enfrente hay alguien que argumenta en sentido inverso y un juez que pesa las dos cosas juntas. Un pronóstico equivocado no queda encerrado en la carpeta del abogado. Ordena decisiones. Quien está convencido de que va a ganar no provisiona, no negocia un plan de pagos mientras la cifra todavía es chica y no le explica a nadie un riesgo que, para él, no existe.
Después vino lo otro. Este espacio ya contó cómo se perdió el juicio. La apelación se presentó fuera de término y la Cámara la declaró desierta. La reposición también se perdió. El recurso extraordinario se presentó el 18 de mayo, cuando el plazo había vencido el 17 de abril a las nueve y media de la mañana. Las tres excepciones nunca fueron examinadas por un tribunal de alzada. Se perdieron por calendario. La entidad tenía razones para discutir y se ocupó de que nadie llegara a evaluarlas. Y ahí está lo que ninguna cifra muestra sola. Una cooperativa no tiene accionistas ni dueños. Sus socios son los vecinos que reciben la boleta de la luz todos los meses, y lo que se pague por este juicio sale del mismo lugar de donde sale todo lo demás.
Lo que corresponde ahora es que los socios sepan. Cuánto se pagó, cuánto falta, con qué recursos se afronta, qué impacto tiene sobre la tarifa y quién decidió cada cosa. Nada de eso es información reservada. Es la rendición de cuentas mínima que una cooperativa le debe a los que la sostienen. El pronóstico lo hicieron unos pocos. La cuenta la paga el padrón entero. La sentencia está firme. Lo único que falta saber es en cuántas boletas se reparte.
El Lobo





